May 10, 2010

fantasma de la tarde


Cae la tarde y aquí estás.
Ya sé.
Me has dicho que no tiene caso,
y tienes razón.

Pero hay algo en
la claridad lánguida del cielo,
el estático aliento de los vientos,
el vuelo de regreso a casa,
el canto que en susurro nace,
el reflejo opaco de las hojas,
la sombra ausente de las cosas,
el ladrido lejano de los perros,
la queja de madera abandonada,
de la piedra y de la casa el frío,
la bombilla con incandescente brillo,
y el quedo y errático estallido,

que,
aún sin caso y con razón,
cae la tarde,
y aquí estás.

May 7, 2010

_ _ _ _


U
na parte de mí notó cuánta falta me hacía. Cuán necesario y saludable es, como alimentarse, como respirar, como moverse. Cuán agradable es, como alimentarse, como respirar, como moverse.

Otra parte de mí se sorprendió de verse (no) involucrada, en nuevos términos: sin asociaciones sentimentales, improvisada y efímera, sin miedos de pérdida o nostalgia prematura por el mañana desértico, sin tu cuerpo.

Otra más notó lo inalienado del filo del deseo, intacto, cortante, indomable, liberado. Pero notó también el paso del tiempo en la fuerza, la elasticidad, la versatilidad, y la resistencia de mi cuerpo.

Y otra más, por último, notó simplemente, una y otra vez, lo grato de pasar la noche entre tus brazos y que despertaras a mi lado.

De nuevo, me reconocí la misma y a la vez, otra, nueva.

el encuentro


Te columpias cerca del centro y con lento oscilar pausado. En tu pendular me revelas la dimensión de mis desvaríos y extremas perspectivas distorsionadas. Pones todo en relación y se manifiestan las falacias y exageraciones. Tienes el poder de hacerme descubrir mis falsas pretensiones, sólo con tu actitud, con tu punto de vista. Me doy cuenta ahora: tantas cosas que usé como herramientas de poder y manipulación, tratando de ocultar mi debilidad con furia y fuerza huecas. Simpre queriendo dar el primer paso y llevar la batuta, siempre actuando con falsa decisión de papel en llamas que arde un segundo y se vuela en cenizas impotentes. Tú, en cambio, tan firme y bien plantado en tu cristalina naturaleza, ahora todo lo arrasas y sólo dejas en mis manos la verdad desnuda. Eludirla es imposible.

Tardé un poco en definir la sensación de ese primer encuentro entre nosotros. Me parecía indefinible y sui generis, y decidí guardar silencio antes de definirlo con premura. Pasados unos días se revelaba poco a poco la sensación experimentada. Primero la eliminación de referencias: no era nada parecido a lo anterior. No era frescura ni novedad. No era intimidación ante una fuerza mayor y por ende una rendición improvisada. No era tampoco amor. No parecía estar más cerca de definir la sensación, era inasible, como inasible eres con tu naturaleza etérea.

Pero sútilmente aparecieron poco a poco los matices: el primero, el de la falta de accesorios psicológicos, una franqueza física deprovista de intensiones secundarias. El segundo, el de la neutralidad, el de la cortesía democrática, la sugerencia y la recepción con el mismo peso en la balanza. El tercero, el de la naturalidad y la fidelidad a la biología, al impulso, al instinto, al método, al ritmo, al fin. El cuarto, el del cuidado y la compasión amorosa, la consideración, la humanidad, la calidez, el beso.

Eran en conjunto un mensaje claro: no era el encuentro una herramienta de poder ni una oportunidad de demostrar fuerzas relativas. Era un momento de comunión y abandono, de absoluta sensación infinita, atrapada en unos minutos de acrobacia, sin mayor trascendencia que la gloria de ser humanos. Juntos.

May 4, 2010

solicitud I


Querido:

Perdona por favor el despliegue despiadado de mis polillas en tu casa, cómo las dejé por ahí royendo esto y aquello, estorbando a tus pasos libres y ligeros. ¿Les has abierto la ventana para que salgan? Me han seguido hasta acá y revolotean a mi alrededor, hambrientas. Las he ido atrapando en un frasco de vidrio poco a poco, para verlas más de cerca y estudiarlas. Si tan sólo pudiera convertirlas en luciérnagas.

Perdona esas palabras-murciélago que apenas dije, quise inhalar de vuelta a mi garganta, con la desesperación del que se quema con fuego. Perdona que fuera yo tan débil para dejarlas salir, innecesarias. Yo qué más quisiera que darte sólo palabras-mariposa y que sonrieras.

Perdona por favor también la decadencia de mi pequeña casa y su abandono, no es nadie responsable de ello más que yo. Me apena que la veas, algunas cosas no funcionan y es incómoda. Tu casa, en cambio, está impecable y perfecta, porque sí eres lo que dices, lo que sientes, lo que piensas. Yo todavía no logro acercarme a la coherencia y sigo llena de contradicciones, como tú alguna vez dijiste de tí mismo, pero yo en tí no las veo.

So pena de parecerte poca cosa, no puedo evitar pedirte estas disculpas. Y es que me aterra el trillado instante en que con claridad me veas y quizá decidas que no soy tan _______ como pensaste alguna vez. Así que, antes de que te des cuenta, voy poco a poco apagando tus velitas y así al final sólo tendrás que darme la razón y listo: todo ya lo habré desecho sola. Siempre me queda la esperanza de que veas sólo esos momentos en que sin pensarlo te digo lo que pienso y te convences de que no soy toda errores y mórula.

Por favor ténme un poco de paciencia, que puedo volar alto si me echas una mano, pero hace rato que no vuelo ni por el patio. Por favor no te desesperes. Estoy algo oxidada y tratando de aprender nuevas formas de planear, sin mayor esfuerzo que echar al vacío las alas anchas, que quiero creer que todavía tengo, aunque no recuerdo haberlas visto ya hace tiempo. No al menos las que necesitaré para no caer ahora.

Te abrazo.

indagando


M
e observo detenidamente. Poco me desconecto de la conciencia del hacer, pero a la vez se siente tan natural que parece el ser. Trato de ser-hacer/hacer-ser, casi no puedo distinguir entre ambos. El ser cae con todo su peso y aplasta el resto. Me sorprendo in fraganti en algún gesto artificial. ¿De dónde viene esta selección por un gesto artificial?, ¿qué es lo que estoy evitando con esa selección?, ¿por qué resulta la -entre comillas- mejor opción? La respuesta no es diferente de la de todas las preguntas del estilo. Está ahí muy en el fondo, un grillete apretado y cortante. He adelgazado el metal, pero no lo he cortado. Me pregunto qué estoy esperando para hacerlo. Inmediatamente lo noto: no sé cómo.

La lección me ha sido explicada claramente. Pero no parezco comprender. Me llevo los apuntes a casa y trato de repasar, pero no los logro asimilar del todo. Me siento perdida. Tengo miedo de fallar en el examen. Irónicamente, la lección se trata de no tener miedo de fallar. Lo que me recuerda que no he comprendido del todo la lección.

indagación


D
e pronto ha terminado el instante y me encuentro en una nueva realidad. Todo es extraño ahora. Me reconozco diferente, y a la vez la misma, con una mirada más ligera, y a la vez con lastres que no termino de soltar. El tiempo que ha pasado, no puedo verlo ni tocarlo, pareciera inexistente: tanto me negué vivirlo que ahora no hay registro de él más que un papel. Pero ya no tiene sentido pensar más en ello, ni sufrirlo -aunque esporádicamente se manifiesta con fuerza la herida de ese silencio-, parece que ha perdido sentido poner ese tema en la mesa. Y no me parece mal.

En cambio, me van sorprendiendo mis reacciones, casi como haber borrado un chip y tener uno nuevo, uno que todavía no sé bien cómo funciona, qué puede hacer, qué resultados arroja en cada comando. Muchas preguntas se han ido, tantas, que me he quedado sólo con las que no puedo responder. De alguna forma las otras han perdido sentido, los sabores y los sinsabores han perdido sentido y razón de ser. Pareciera invadirme algo más grande que me deja callada, y al instante de querer decir algo, mi yo silencioso hace un gesto enérgico de guardar silencio. ¿No quedamos que esas preguntas no procedían más?, le dice a la que quiere hablar.

Apr 19, 2010

propuesta II


te propongo:
reflejarte cristalino en mi mirada
sin mayor accesorio que tu imagen
al instante generada, espontánea

te propongo:
deslindarte de ayeres y mañanas
de aciertos o errores cometidos
de definiciones o etiquetas proferidas

te propongo:
no jactarme de haberte descifrado
permitirte renacer cuánto prefieras
darte a luz en cada parpadeo

Apr 18, 2010

¿mucho o muy poco? II


¿Y
dónde está la verdadera libertad al amar?, ¿el acto de deshacerse de todo deseo de manipulación, de control, de posesión... hasta de satisfacción? ¿No es acaso la libertad al amar la máxima satisfacción en sí misma, aunque todos o cualquiera del resto de los elementos mal considerados "comunes" en el amor estén en segundo término o hasta ausentes? ¿No sería ésta la fórmula alquímica para hacer al amor inmortal, sublime, etéreo... y aún, humano?

...y no sólo deshacerse del deseo de poseer al otro para satisfacer un deseo propio, sino de creer que uno puede satisfacer en el otro ése o cualquier otro vacío.

-Pero es que eso no es posible en el día a día...- decía - la dinámica se complejiza, se levantan reclamos, exigencias, se asignan roles, labores... Es muy posible, pensé. Pero, esos roles, ¿de dónde vienen? ¿De las construcciones sociales? ¿Los dictaminan los otros, el entorno, la familia, la sociedad, el mundo? Me es inevitable sentir que hay un grado de traición al relámpago de inspiración que nos hace comprender qué es el amor libre, cuando se le encasilla en roles tales. Una falta de coherencia para con un ideal comprendido.

La fuerza del conciente, de la automatía, de la cotidianeidad, ¿quizá? Y si en efecto esta fuerza se va colando por las rendijas y gana algo de terreno, ¿qué será lo que decidamos -de todo lo que compartimos- que vale la pena para confrontarnos?, ¿qué será meritorio de la confrontación, de la exigencia, de la molestia? ¿Qué merecerá nuestra insatisfacción? No me molestaré si haces esto, pero si haces esto otro, entonces sí me molestaré. No me molestaré si dejas de hacer esto, pero si dejas de hacer esto otro, entonces sí me molestaré. Y no hablábamos de lavar los platos.

Llegamos a un rincón anguloso. Todos tenemos escalas de valores. Quizá en el momento en que las escalas de valores sean incompatibles será el momento de la confrontación. Cuando ser fiel al otro represente traicionarse a uno mismo. Sin embargo, hay una salida a este aparente túnel sin salida: la comunicación. Si el valor primordial es la vida, si le sigue la libertad y sigue entonces el amor, lo que se trate en la conversación siempre apelará a un nivel mayor de entendimiento, el de el amor libre que ante todo respeta la vida. En este contexto no se me ocurre algo más grande que irrumpa en la paz de la relación. Hay otros altos valores, claro, pero no me parecen de naturaleza inmutable como los anteriores.

Pero la contundencia no era el objetivo del argumento. Yo hablaba desde la teoría... él hablaba desde la práctica.

Apr 17, 2010

¿mucho o muy poco? I


Pusimos sobre la mesa la cuestión, ¿se necesita mucho o se necesita muy poco? Me miraba intrigado, ¿a qué te refieres con "mucho o poco"?.. no es una cuestión de cantidad... Sé que no es una cuestión de cantidad, quizá es mi manera pobre de referirme a la voluntad, y a la vez a la complejidad, es decir, ¿es simple o es complicado?

Mi teoría es, si cada individuo tiene una historia consigo, una serie de experiencias que lo hacen complejo y actúa en función de ellas, de lo que ha aprendido que le funciona y lo que no, y así se desenvuelve por la vida, esa complejidad no es cuestionable ni modificable... Ese bagaje que todos tenemos no se va a transformar por convivir con otro bagaje. Es mera adaptación, casi adaptación hipócrita, superficial, consensada... Y del otro lado lo mismo, la otra persona, con su complejidad, se presenta a escena y se adapta en lo posible, pero no cambia en esencia, no habrá crisis ni revoluciones, cuestionamientos ni mutaciones, producto de la convivencia... Entonces, para que dos convivan en pareja, ¿se necesita mucho o se necesita muy poco? ¿Son simplemente las dos complejidades ahí, respetándose y dejándose ser, en cuyo caso se necesita muy poco?, ¿o es quizá un cúmulo de ediciones y manipulaciones, de sacrificios y tolerancias, para evitar que el proyecto se desmorone, en cuyo caso se necesita mucho?

¿Y no es el tiempo acaso una variable fundamental?, ¿no hay un momento en la vida en que la complejidad individual no está a lugar en la discusión: la madurez?, ¿no es cada individuo responsable de sí y de sus mutaciones, si es que ocurren del todo? ¿No hay siempre plena conciencia de que la confrontación que "el otro" activa es al fin y al cabo una confrontación con nosotros mismos?, ¿y no por ende todas las confrontaciones nacen y se resuelven -o no- en nosotros mismos?, ¿qué tiene que ver "el otro" en todo esto, más que en estar presente y activar estos procesos con su mera presencia? Entonces, quizá: se necesita muy poco.

¿Y qué hay de los demonios?, rebatía. Cuando se encuentran los demonios de uno con los del otro, entonces ahí es el acabose. ¿Cómo vas a controlar eso? Es cierto. Aquellos que ni siquiera podemos traer al conciente, esos que tienen vida propia y a la sombra de los cuales vivimos. Pero de nuevo argumenté, ¿pero esos demonios, suponiendo que afectan al otro, lo hacen de forma personal?, es decir, ¿uno puede tomarse personal el que los demonios del otro le afecten?, ¿no acaso nada es personal en pareja?, vaya, ¿hay algo personal en la vida, si consideramos que vamos cada individuo relacionándonos con el mundo en función de nuestras experiencias y no en función de los otros?

... y en estos interesantes devenires nos consumíamos la noche y las copas.

palabras más, palabras menos

.

Voz profunda, estatura justa, cabello voluptuoso, rostro noble, risa frondosa, sentido del humor seductor, caricia cortés.

Corporeidad: (sust. f.), integración permanente de factores psíquico, físico, espiritual, motriz, afectivo, social e intelectuales que constituyen una única entidad.


Corporeidad coherente, espiritualidad esférica y multidimensional, naturaleza inasible, óptimo pendular estacional*, sabiduría mutidisciplinaria -gran reserva y siempre mutable-, cotidianeidad plena -auténtica y frugal-, generosidad y ataraxia, pletórico caminar consecuente con las inquietudes, estilo de vida espartano y simbólico, aproximación epicúrea a la vida, sin evasiones, ecléctico habitante del multiverso, iconoclasta audaz y respetuoso.

Libre y compasivo en balance dinámico, presentes e indelebles las lecciones, apasionado compromiso con el futuro de los posteriores, ausencia de explicaciones ante la ausencia de solicitudes, coherencia indistinta de interlocutor o escenario, sólida y humilde confianza en sí, fresca galantería, los cuestionamientos siempre presentes, recordatorios de austeridad y posibilidades, poderoso por afectivo, seductor por cuidadoso.

"...nuestra corporeidad está presente aún cuando nosotros no lo estemos físicamente..."

*fotosíntesis emotiva.

Apr 15, 2010

sin la forma


Qué delicia quedarme sin palabras. Qué maravilla no saber cómo decir nada, no poder elegir un argumento, un punto de vista, la justificación de un relato siquiera. Qué deleite verme superada por un cúmulo de energías, sin poder dominarlas, sistematizarlas, categorizarlas, expresarlas ordenadamente y someterlas al menos a eso, a las palabras. Qué placer estar presente en este instante de creación espontánea, de indefinición, de ausencia de referencia, de significante, de tiempo. Qué grato verme con las manos vacías después de buscar palabras para un poema que se acerque a describir este momento.

Apr 14, 2010

instante


r
ecordé. me mordí la piel de los dedos, abstraída con el recuerdo. fijé la vista en estas letras, sin leerlas. ése, el instante en que el dios se hizo hombre. sin fuerza, una sensación lo invitó a doblegarse. y -como quién tímidamente se rinde- se balanceó con dulzura terrenal. ahora, como entonces, mi corazón late fuerte y se encienden mis mejillas.

Apr 13, 2010

no cualquiera V


Conocí a un hombre. 51 años. Alto, soltero, de voz grave. Inteligente, sensible, profundo. Filósofo pielroja. Místico deportista. Sabio aventurero. Relámpago etéreo. Antes que de él, me enamoré de su biblioteca. Definitivamente éste era extraordinario. Ante su evolución, me quedé muda y sólo atiné a disfrutar de su compañía.

Apr 7, 2010

Río


Soy ejército sutil de burbujas emergentes
soy el zumbante viaje de abejas con batido
soy calorcillo interno de emoción secreta
soy la mueca tímida de esperanza y alegría

avalancha silenciosa aproximándose lejana
con inquebrantable fuerza y recta trayectoria
soy cápsula flotante entre esclavos con grilletes
sonrisa exasperante ante todo lo irritante

soy de soledad la imaginación acompañada
en silencio escuchando las cigarras y soñando
festejando este momento, este segundo sólo
en que tengo la sospecha de no estar esperando

no temí


... es que esos días no pensé, no razoné, no analicé, no meta-analicé, no discutí, no discerní, no confronté, no temí.

Robando la frase de ese hombre maravilloso:
"Conjuré a los astros, y me obedecieron."

Apr 5, 2010

evanescencia


No puedo comprender cómo, pero se va yendo. Desaparece un poquito más, cada segundo. No puedo detener el proceso, porque no lo entiendo. No es cosa de escuchar de nuevo lo escuchado, no parece surtir ningún efecto el recordarlo. Pero no soy ésa, no sé cómo lo fui, cómo ese par de días me pareció lo más natural, lo que siempre había sido, lo que siempre debió ser. Pero no siguió siendo. Me voy tornando lo que fui antes de ello, el miedo y la desconfianza van retomando su terreno. Pero, ¿miedo a qué?, ¿no en ese momento me fue claro que el miedo estaba infundado? Está infundado, pero opera por sí sólo. Es miedo a descubrir que he hecho el miedo más fuerte que yo. Y ese camino es muy oscuro... No quiero regresar a ese lugar, cuando me parecía que la tristeza era cool y que la melancolía por lo que nunca fue era lo único honesto qué sentir. Tengo que vencerme, tengo que dejarme salir, tengo que dejar de pensar, tengo que retirar el filtro. ¡A la mierda con el miedo! Hay una vía, quizá: el arte. Escribir, pintar, ¿tal vez bailar? Hubo un tiempo en que escribí, pinté y bailé como si fueran lo único que daba sentido a la vida. ¿En qué momento decidí cercenar esa naturaleza?, ¿por qué no puedo volver a ella voluntariamente? ¿De qué tengo tanto miedo? Ya había olvidado cómo se sienten las ganas de llorar.

Apr 3, 2010

fin ciego


C
ayeron mis palabras en tus ojos
en tus ojos de pozo largo y negro
negro caer hasta el fondo sin eco
sin eco cayeron mis palabras en tus ojos

Pendulé mis palabras a tu alma
a tu alma liberé el peso del hilo
mecíose el hilo con retorno mudo
retorno mudo a mis palabras de tu alma

Lancé mis palabras a tu boca
a tu boca dirigí veloz la travesía
travesía veloz de voz sin inflexión
inflexión ausente de tu boca a mis palabras

Apr 2, 2010

la ventana


Me gusta esa ventana, siempre abierta, permanente y plena, enfrentando el sol de la tarde y mirando el tiempo. Miro la cortina, blanca y llana, sin declaraciones ni tendencias. El viento, a su paso, se encuentra con el cristal, el cemento y el vacío, libre, indiferente. Me gusta el vuelo de la tela, errático, natural, arbitrario. Me sorprende muy gratamente sentir algo al verlos, como una obra de arte, emocionante. Me inspiran un agradable sentimiento, el de la simpleza de las cosas, la ausencia de control, la libertad, la indiferencia, la causa-efecto autónomos en una imagen, la belleza de la idea, el mensaje secreto y sabio escondido en una escena más bien intrascendente.

Mar 31, 2010

que no se te olvide:


"el color de tu piel,
los aretes,
tus muslos,
tus ojos,
tus facciones,
tu sonrisa,
tus proporciones..."

su mirada,
su sonrisa,
su abrazo,
su deseo,
la propuesta...

tu energía,
tu sensibilidad,
tu intuición,
tu deseo...

Mar 29, 2010

F.D., aliuqeT


Como algunos sábados, me dispuse a leer el periódico en esa cafetería de la esquina que tanto me gustaba. El tiempo era bueno y no tenía otra cosa mejor qué hacer. Me llevé un libro por si deseaba quedarme más tiempo, o leer en alguna banca del parque. En un gesto de pequeña rebeldía, opté por mi vieja camisa blanca y salí.

No había mucha gente en el café. Elegí una mesa bien situada en una esquina. Dí la clásica mirada de reconocimiento y entonces la vi. Se veía alta, largas piernas, el cabello largo. Usaba una falda corta, podía ver su muslos, firmes. Me llamó la atención tanta piel, un festejo, qué bien, por qué no... y después el libro que leía. La misma edición había llevado yo para leer en caso de terminar el periódico. Curioso, que llevara el mismo libro esta mujer. Tequila, D.F., de Mejía Madrid. Me echó un vistazo y continuó con su lectura. Inevitablemente cruzamos miradas, pero estaba demasiado lejos para decir, casualmente, "ah, ¿lees a FMM?, yo también...". Me dejé de cosas y me senté. Nunca suceden cosas así, ¿por qué sería diferente en esta ocasión?

Ordené café e inicié con la lectura del periódico. Medio Oriente, siempre un problema. Estados Unidos metiendo las narices donde no le llaman, el negocio de la guerra, destrozando vidas enteras de civiles inocentes. El gobierno del Distrito Federal, populismo puro. ¿Cuándo iba este país a tener una reforma política que modernizara ese añejo aparataje anquilosado? Seguramente yo no lo vería, quizá tampoco la siguiente generación, mejor ni pensar en eso. Bastante se había discutido que el tercer mundo sirve al primero, nadie nos sacaría del hoyo. El narcotráfico avanzaba a pasos agigantados en el país, se matara a quién se matara. 18,000 muertos hasta la fecha, increíble. Jóvenes la mayoría. Claro, indicación de las paupérrimas oportunidades que brindaba este clima político y económico...

Pedí otro café. Miré de reojo a la mujer. ¿Estaría tan bueno el libro? Más me valía empezarlo a leer. Tal vez lo notaba y me decía algo. De pronto, descruzó las piernas y las cambió. Pude ver un poco más de sus muslos, eran firmes, en efecto. Recordé la escena de Bajos Instintos, Sharon Stone, sin ropa interior, uf, y yo hace rato que no... Otra vez estaba divagando en tonterías. Esta mujer... Ni pensarlo. Tomé el libro y retomé donde me había quedado. Mmm, ah, si, Ugalde. Estaba relatando algo, algo sobre su amigo Venegas, el poeta maldito, describía algunas fiestas setenteras y las mujeres con quiénes se topaban. Mmm, bastante explícito Mejía con sus descripciones... Un culo increíble, nalgas redondeadas, se sentó en mi regazo, "bella y loca, la mejor combinación", me habló al oído, "cójeme ahorita". ¿Serían todas las mujeres así? ¿Cómo distinguir a las que lo son de las que no lo son? Mejía hablaba de un algo que indicaba a las que sí y a las que no, ¿tal vez la ropa?, ¿la actitud?, valga el esoterismo: ¿la vibra? Bastaba ser un poco observador. Un escote, sonrisa, eran mensajes al fin y al cabo... una falda. ¿Y si ésta era así?, ¿dejaría pasar la oportunidad? ¿Pero qué hacer para engatusarla?, no era sencillo ni obvio. Pero había un recurso que ya nos unía: el libro, y ella lo había notado, sonreía desde que lo saqué del maletín.

¿Qué pensaría del estilo de Mejía? Por lo visto iba mucho más avanzada que yo. Ya había pasado por las descripciones de las chicas... pensándolo a profundidad, era un libro extraño para una mujer, podría rayar en lo soez... al menos que la mujer que lo leyera encontrara eso atractivo, excitante. Sólo había una forma de demostrarlo, y el libro sería mi interlocutor, decidí no decir una sola palabra. Me puse de pie y me acerqué a su mesa, puse el libro ante sus ojos y la observé un segundo, creo que estaba impresionada de la coincidencia (¿no lo habría notado antes?), pues me miraba con grandes ojos. Sin meditarlo demasiado, le ofrecí mi mano y decidí llevar esto hasta sus últimas consecuencias. ¿Qué era lo peor que podía suceder?, que no respondiera a mi gesto. Pero respondió. Me sorprendí cuando sentí su palma en la mía, pero fingí que no. Caminé buscando dónde llevarla, ¿qué demonios haría con ella?, el plan estaba un poco cojo, es verdad, pero seguí caminando y no tuve más que entrar al sanitario... ¿Damas, caballeros?, mejor damas, porque los baños de caballeros están generalmente impresentables. Cerré la puerta con seguro, lo que menos necesitábamos eran interrupciones.

La llevé a la pared, aún incrédulo. La miré a los ojos, estaba sonrojada y muda. Era más alta de lo que pensaba. ¿Qué haría?, parecía expectante. Sus manos eran suaves, y sus brazos. Emanaba de ella un perfume sutil. Me acerqué un poco más. Otro poco. El perfume me envolvía, la besé en el cuello, improvisando. Me sumergí entre sus cabellos. Lentamente, cuello, oreja, hombro. Toqué por un segundo sus clavículas, ¡muy sensuales! Y seguía mirándome, cada vez se le notaba más nerviosa. Si no hacía yo algo pronto, esto iba a acolapsarse. Y pues lo hice, la besé. Estaba un poco reticente, así que la así por la cintura, firmemente. Cuál fuera mi sorpresa cuando me besó de vuelta. Estaba dispuesta entonces. Le dí media vuelta y miré su trasero. Era increíble, pensé en Mejía, era así lo que decía. Respiraba fuerte, lo está disfrutando, pensé.

Bajé lentamente el cierre de mis pantalones, subí con cuidado la corta falda y bajé la minúscula ropa interior. ¡Vaya! Si no me apresuraba, iba a correrme ahí mismo. Automáticamente, humedecí la palma de mi mano con la lengua (un gesto algo informal que no puedo evitar) y la busqué. ¡Era toda agua! La penetré con fuerza (gimió un poco) y me apoyé en ese increíble trasero. Traté de no correrme, respiré hondo para evitarlo, y me fui lento, pero no resistiría mucho más, me faltaba poco, empujé más fuerte, podía olerla, empujé más... y empujé tanto que, claro, casi cae al suelo. Salí del trance con el sonido alegre de su risa, estaba divertida de casi caerse. Reí también, avergonzado.

Salimos del baño y tomamos nuestras cosas, pagamos las cuentas y dejamos la cafetería. Mejía tenía razón. Vaya que esta ocasión había sido diferente.