Sep 11, 2010

distancia del pensamiento


"Lo importante es ser feliz". Trillado mandato vacío. ¿Hacer lo que te gusta, sentirte contento la mayoría del tiempo, experimentar placer, ser útil a los demás? O "ser feliz" a pesar de no experimentar nada de ello. "El sentido de la vida es amar". ¿El sentido de la vida es amar a alguien? ¿O -intentando sublimarlo- experimentar el "amor espiritual"? Qué básico sería el sentido de la vida, y bastante occidental también.

Muy bien, pongamos que hago lo que me gusta, que experimento placer, pongamos que soy útil a los demás, que experimento el amor espiritual. Una especie de libertad humana que no sabe de estructuras ni condicionamientos. Y luego, ¿qué? ¿Se resume la vida a la persecución incansable de experimentar sensaciones agradables? A buscar las circunstancias por las cuales alegrarse está ameritado, ¿acaso? Peor aún: pretender méritos, reconocimientos, logros, posesiones... O aún poéticamente: sabiduría, experiencia, comprensión, claridad.

Abandonando este razonamiento egocentrista (¿no lo son todos?), podría teorizarse que el sentido de la vida es aliviar el sufrimiento de otros. Pero por qué buscar eliminar el sufrimiento del ser humano, o de la Tierra, o de lo que sea. Parece una batalla del bien contra el mal: hay que escoger equipo y ponerse la camiseta. Hay algo que sigue siendo demasiado básico de este supuesto sentido de la vida.

¿Qué sucede si no se desea nada? Si no se desea siquiera comprender. Si no se desea alcanzar. Si no se desea recordar. Si no se desea siquiera definir. Si no se desea expresar. ¿Qué queda? ¿Esto es indiferencia, anarquía, egoísmo, desfachatez? Y más allá, ¿esto es un gravísimo error de valoración? ¿Resta deshacerse del deseo de responder?

Sep 10, 2010

suficiente

Demasiadas intensiones. Demasiadas solicitudes. Demasiadas discusiones. Demasiadas ponderaciones. Demasiadas decisiones. Demasiadas comparaciones. Demasiadas tribulaciones. Demasiadas vicisitudes. Demasiadas modificaciones. Demasiadas confrontaciones. Demasiadas interlocuciones. Demasiadas valoraciones. Demasiadas consideraciones. Demasiadas elecciones.

Bien, bien, suficiente. Ya está todo claro. Si, ha quedado claro.

Y ahora, ¿qué?

Sep 9, 2010

exorcismo de deseo


(No voy a pensar
en lo que escribo.
Voy a escribirlo así,
como salga.
No voy a pensar
en quién lo lea.
Voy a exorcisar
este deseo.)

Decide abrazarme al alba. Abrázame fuerte, con deseo, ya estoy esperando, aunque esté dormida. Búscame silencioso y anónimo, sin importar tampoco quién yo sea. Qué suceda lo que sea que sea, sin que seamos "tú y yo" en escena. Dime buenos días cientos de veces. Dame un beso amoroso, interesado, y espera entonces mi respuesta.

Pregunta cómo estoy, qué estoy pensando. Si he dejado de ser presa de mi mente. Dime si quién soy tiene sentido. Si me siento bien contigo. Si ya entiendo más o menos tu camino. Cuéntame para tí de qué se trata. Cuéntame qué sientes, qué te atrapa. Qué deseamos que fuera y no fue más. Qué diremos una vez y nunca más. Qué hay atrás. Qué arrastramos en la espalda, en la maleta.

Dime que te cuente de nosotros, como si nosotros no fuéramos nosotros. Que te hable como amigo, un tercero. Aconséjame qué hacer si estoy contigo, indícame quién eres en mi ausencia. Y pregúntame quién fui antes de tí, por tantos años. Hablaré también como una extraña. Cuéntame qué querías que fuera con ella. Pregúntame de él, de sus lecciones. Dime si es pasado o me persigue. Sácame aquel clavo como amigo. Nada puede ser sustituído.

Pero dime muchas veces que me quieres. Búscame una vez y otra y otra. Dispón de mí a quemarropa. Sin preguntar, sin pedir permiso. Sin considerar, sin ponderar avisos. Sal de tu escondite y pasea libre por la cueva. En silencio o háblame, no importa. Nada tienes que dar más que arrebato. Y aunque suena a desconsideración grosera, necesito eso y más por un buen rato.

Déjame abrazarte todo un día. Puedes pensar en lo que te dé la gana. Pero dame tu torso, tu cintura, para saciarme de tenerte entre mis brazos. De oler tus oídos, de mirar tu nuca, de sentir tus huesos afilados. Y cuando me separe, no te vayas. Quédate muy cerca y sé paciente. Verás que me sacio, que me lleno, que te dejo respirar, que te doy aire. Que no quiero tu alma para adorno, que no quiero tu cuerpo para el frío. Que no quiero hacerte mío. Que eres libre, que lo tienes todo. Que un abrazo de un día me aniquila.

Si intentas todo esto te prometo, que se irá la muchacha debilucha. Surgirá la pulpa de la opaca cáscara. Me darás cimientos, bienvenidas. Me darás el centro que no encuentro. Se irá mi lista de deseos. Se habrán todos satisfechos. Y nosotros, una vez deshechos, podremos renacer en nueva sintonía.

tarde quieta


(Me gustan) estas tardes quietas. Bajo un velo amarillento y luz mortecina. Las ramas quietísimas, estáticas, en fotografía. De las aves sólo un quejido esporádico, final, sin aleteo. (Me gusta observarlas y sentirlas). Pasan solas, nada qué hacer para que pasen. El tiempo suspendido unas horas, la luz cambiando lentamente, siempre vieja. (Me gusta pensar que yo no existo, que) estas tardes son así (conmigo, o sin mí).

Sep 2, 2010

hechizo para matar un cliché


El romance eterno con el compañero perfecto. La pertenencia a un hombre sólo. La realización de todos los sueños predichos, apropiados. La boda de blanco, el festejo, la independencia. Los años sin hijos y con doctorado. Los proyectos tempranos, insipientes y débiles, pero con esperanza. El vértigo de planearlo, embarazarse, dar a luz. La primer noche en casa, la pequeña familia. La queja común de las madres... y la alegría. La familia con el recién nacido. Los años juntos y los hijos creciendo. El hogar. El desayunador lleno, la misma pregunta todas las mañanas. El marido de décadas, transformado mil veces, siempre amigo. Las crisis, la angustia, la consciencia de la complejidad de la vida. Las vacaciones en gran familia. La grata sorpresa de verse en los padres como espejos. La seguridad de regresar a casa, siempre.

La dirección de la reserva de selva. El paisaje verde, la floresta, el entorno salvaje. La salvación y el rescate. El amanecer entre cantos exóticos, el aire tan puro, bañarse en el río. La choza de paja, la vida desnudos, el fuego. El proyecto y las cabañas, el ecoturismo y la entrega. Las botas y el jeep, el capataz y la orden, el recorrido y el plan. Las visitas de la gente interesante. Las alabanzas, la codicia de los hombres extraños. El orgullo del triunfo, el miedo a perderlo todo. La herencia del mundo exótico para el futuro.

La granja orgánica, la casa ecológica, el rancho autosuficiente. Las celdas de luz, el calentador solar, los muros térmicos. Las verduras del huerto, las frutas del árbol, los huevos frescos. La cocina ámbar, el jardín de hierbas. Los perros rescatados de la calle, los gatos amados y numerosos. La risa de los niños jugando, los besos de noche sin foco y con velas. Los libros polvosos, la biblioteca extensísima, tu sofá y tus gafas en el escritorio. Ofrecerte un té todas las tardes. El amanecer consuetudinario, el atardecer mil veces nuevo.

El amor incondicional y que todo lo comprende. La certeza de tomar las mejores decisiones. La cosecha de los frutos exactamente esperados. La ausencia de sorpresas, de vuelcos, de cambios. La despedida suave de los más queridos. Las deudas saldadas, la vida en paz. La muerte tranquila y en abundancia, la sabiduría y el silencio.

Todo.

¡A la hoguera!



me conmueve el aguacero
de aplausos
transformando repentino el silencio
interrumpiendo la nada
con más nada
el acto animal de
golpear las palmas
hacer algún ruido
el que salga
hacerlo muchas veces
una, otra, otra, otra
otra, otra, otra, otra
otra, otra, otra, y otra más
cándido, generoso, autoritario
tribal, infantil, primitivo
el instrumento mínimo
la melodía más económica
el gesto mudo más sonoro
la boca cerrada
y la palmas golpeándose entre sí
el aguacero de aplausos
transformando repentino el silencio

Aug 28, 2010

ayer sucederá ya


¡qué curioso invento, el pasado!
selección de "posibilidades"
el archivo de lo otrora no llegado
ahora fijo, inamovible, ya grabado

¡qué curioso leerme de hace un año!
encontrarme pensando en ese hombre
ponderando su recuerdo aquel presente
con el plan de buscarlo y encontrarle

¡qué curioso el invento del futuro!
el presente, el ahora misterioso
ignorado por completo en el pasado
aguardando un evento inesperado

¡qué curioso leerme en el presente!
de aquel hombre no queda nota alguna
y este otro es el tema más candente
dando voces de buena fortuna

qué curioso temer por el futuro
econtrando en el pasado referencias
amargas, dolorosas experiencias
arbitraria receta de conjuro

¿qué tendrá escondido lo que viene?
¿qué será pasado en el futuro?
¿qué vendrá mañana de presente?
¿servirá de algo lo que auguro?

Aug 26, 2010

máscara


Vertiginosamente caigo en esta vida nueva a la luz de tu compañía. ¿Quién soy yo, en tu presencia? No puedo ser la misma, silenciosa, reflexiva. Exploradora permanente del laberinto de la mente, melancólica, derrotada. Con mil excusas para denostarlo todo, hasta desear la muerte. Ya no.

Contigo, soy... (me observo). ¿Esa soy? ¿No es acaso una especie de actuación? Mi voz... no la reconozco. Evidentemente, esa otra que habla contigo no es precisamente ésta que habla sin voz. ¿Es posible siquiera no actuar del todo en tu presencia? Sigo cayendo vertiginosamente, hay muy poco tiempo para reaccionar y cancelar la función de una vez por todas. ¿Por qué me estoy colocando en este nivel intermedio de superficialidad durante nuestra interacción? Me pregunto si es posible no actuar del todo en cualquier relación. ¿Será posible ser el mismo estando solo o acompañado? No lo sé, será falta de costumbre, tal vez.

Al encuentro, nos abrazamos silenciosos. Pero ya es tarde, yo ya me he ido. Ahí está la otra, abrazándote, insegura. Tiene miedos, tantos, es terrible, se le cuelan por debajo de la puerta, filosos. Trato de animarla, le doy un pequeño empujón para que te siga abrazando. No puedo, me responde, tengo tanto miedo de no abrazarlo más, mejor lo dejo de abrazar ahora mismo (trata de dejarte ir suavemente). Deja de decir tonterías -trato de apoyarla-, pongámonos de acuerdo de una vez por todas, es mejor que yo mande, soy más segura. ¿Pero quién hablará con él?, me increpa, ¿tú vas a exponerte aquí, en primer plano? Me parece demasiado riesgoso, le respondo, tal vez podamos seguir así un tiempo y poco a poco yo iré viendo si es seguro presentarme. Te advierto, me responde, que no podrás forzarte, y si sigues dejándome al frente, será más difícil que salgas algún día. Quizá no salgas jamás. ¿Por qué no me dejas mandar?, es más fácil, yo te representaré ante él, propone. ¿Y asumirme en franca falsedad y cobardía? No, pienso. Tarde o temprano tengo que manifestarme. ¿Pero cómo? La barrera del cuerpo me parece impenetrable. La voz sin voz y la voz de cuerdas nunca serán la misma, argumento.

La intensión no cuenta en este caso. Saldrá quién tenga que salir, es natural. No hay manera de forzar quién se aparece. El miedo puede restringirte, pero notarás que está presente, no puede pasar inadvertido. Haz llegado ya demasiado lejos. Ambas están ante tí y sabes bien quién habla cuando hablas.

Aug 25, 2010

sombra


Me sentía bien, no sé qué sucedió. Lavaba los platos y miré por la ventana, hacia abajo. Había dos perros iguales en la polvosa cancha de fut. Jugaban un poco y olisqueaban los rincones. No los había visto antes, se veían pequeños, me pregunté si serían cachorros. Se veían algo desconcertados, inestables, improvisados. Se echaron en medio del pasto, se enroscaron a poca distancia uno de otro. Me pregunté si habrían sido parte de una camada, o si los habrían abandonado ahí, si alguien les daría de comer, si se sentirían bien. Me hice estas preguntas específicamente, y no otras.

De pronto una oscuridad terrible me sombreó el corazón. Toda yo estuve sola y miserable, desprotegida de la vida, cansada de existir, agobiada por soportar la vida, aplastada por el peso de la experiencia constante a través de los sentidos. Tantos años, tantos. Tanto tiempo. Tantos pensamientos y vivencias. Mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi corazón agotados, desgastados, descoloridos, inservibles... desperdiciados. Las antiguas motivaciones: ahora ausentes. Los deseos anteriores, dignos de persecución, ahora vanos y vacíos, blanquecinos recuerdos de algo que alguna vez pensé querer conseguir.

Un nudo me obstruyó la garganta. Permanecí quieta, con el semblante descompuesto, abstraída en un dolor profundo. Mi cerebró se resistió inmediatamente, tienes muchas cosas buenas, me dijo, esto, esto, esto y lo otro, piensa en eso. Pero la tristeza no escuchó razones ni obedeció motivos, lo cubrió todo como pintura gruesa que no transluce ni el mínimo rayo de luz. Entre náuseas, lloré.

Ahí estaba él. Notó lo que sucedía y me preguntó. No pude explicarle. ¿Qué se supone que debía decirle?, ¿vi unos perros por la ventana y ahora me siento fatal? Algo en mí me aconsejaba no dar explicaciones. Pensará que lloras porque se va, pensé. Pero no importaba si él pensaba eso o cualquier otra cosa. Porque esta tristeza era mucho más grande que la que sentía por no verlo más, ésta era dominante y absoluta, humana, no mundana. Era una tristeza del espíritu, no del fenómeno. Si él se quedara, y yo me sintiera consolada, sólo me mentiría, otro intento falso y vano de consolar lo inconsolable. Sólo atiné a decirle: a veces quisiera desaparecer.

Y aún entre sus brazos y con su compañía, supe bien que todo estaba perdido y que el tiempo pasado era irrecuperable, que la herida era mía, mi labor, sanarla, y mis intentos anteriores de hacer caso omiso de su profundidad se revelaban someros y tibios, ineficientes, quizá imposibles. ¿Qué haría con esa herida mientras el reloj siguiera corriendo? ¿Toda mi vida era una hipocresía? ¿Sufría por algo que me había mentido como ya superado? De nuevo, ante mi propia debilidad, me sentía fóbica. Nunca me ha sido fácil verme fallar, aunque no falle. Me agobió entonces el peso de la tristeza de ese momento, y el peso de saber que quizá tendría todavía el inóculo de la infelicidad absoluta, el peso de pensar que tendría que resolverlo, y el peso de saber que quizá sería irresolvible.

Aborrecía estas situaciones sin remedio. De nuevo mi pésima costumbre de modificarlo todo, de reúsar la incomodidad y lo que artificialmente consideraba no apropiado. ¿Por qué seguía resistiéndolo? Ya estaba claro que era inútil resistir la vida y sus matices. Y ésta de nuevo me golpeaba en la cara con lo más aborrecido, lo más doloroso. Como diciéndome, lo verás hasta que puedas verlo.

Jul 8, 2010

pasa a nuestro lado


¿Sabes que estás enamorada de mí?, has dicho. Algo en la pregunta me suena _______. ¿”Sé” que estoy enamorada de ti?, ¿cómo saber lo sentido?, ¿cómo sentir lo sabido? Lo he meditado un rato. Esto que siento, contigo, no, no me es familiar. Creo haber estado enamorada en el pasado (algo lejano), pero creo que desconozco cómo se sentiría estar enamorada hoy, cómo lo experimentaría la mujer que soy hoy, que poco tiene qué ver con la que en el pasado fue...

Pero no importa si estoy enamorada de tí o no. Quiero decir, la palabra no importa. Cuando sucedió antes, la exhilarante gloria siempre estuvo acompañada de oscuro sufrimiento, ambas revolcándose, codo a codo. Recuerdo bien el brillo de los ojos y las mariposas en el estómago... Y también los cuestionamientos y el profundo sinsabor del rechazo. Hoy todo ello me parece un poco infantil, innecesario, falso y hasta cierto punto antinatural. Más allá de las definiciones de enamoramiento, otra cosa me dice que esto -lo que quiera que sea- es un flujo armónico y no son necesarias la euforia ni la lamentación. Me siento bien contigo, si. ¿Enamorada? No lo ______.

Durante largo tiempo creí que todo tiene su momento en la vida. Tiene su momento el viajar de mochila por el mundo y dormir a la intemperie, rendir el culto al cuerpo y estar en perfecta forma, salir de casa de los padres y vivir solo, beber hasta la inconsciencia y hacer desfachateces sin vergüenza, dárselas de izquierda y "rebelarse" contra el sistema. Tiene su momento el enamorarse locamente y creer que se puede hacer todo en la vida. Tiene su momento el desear estar juntos para siempre, hasta que la muerte nos separe. Tiene su momento el emocionarse porque puede llegar el día en que 2 se conviertan en 3, quizá en 4... Tiene su momento el trabajar, trabajar, trabajar, hasta olvidar qué es el tiempo libre. Tiene su momento el detenerse y exigir auto-respeto. Y así como creí que todo tenía su momento, todos los viví en -lo que creí era- su momento "correcto".

¿Qué es "correcto" en este momento de la vida? ¡Ah!, maravilloso descubrimiento: no hay en mí el conocimiento de lo que "deba" ocupar este momento. Ha caducado la profesía emitida por mi propio oráculo infantil/adolescente. Recibo con gusto una vida presente, inventada en el momento, improvisada y bien vivida, que tiene lo que tiene y no le falta/sobra nada. Me da gusto haber predicho mi adultez hasta cierto rígido momento, y estar ahora a merced de lo que estos años nunca previstos traen consigo. Me da gusto sorprenderme de vivir una historia no contada.

Y así te vivo también: presente, improvisado, muy bien recibido. No sé qué sentimientos asocio a tu presencia, te has caracterizado por cortar mil telarañas en mi cabeza. Así que me suelto de definiciones y simplemente te vivo así, como vas llegando. Las palabras me son innecesarias: enamoramiento, amor, deseo, gusto, empatía, en fin, no me sirven. Dividen y categorizan lo que simplemente se siente, un todo, sin necesidad de etiquetas ni posturas. Libre de predicciones y quinielas.

Jun 28, 2010

toda la vida es ahora*


*Antonio Machado

Si, es cierto, seguramente escribo esto porque llegó. Quizá... es más, no quizá, sino seguramente, no escribiría esto si él no hubiera llegado... Pero llegó. No hay otra alternativa más que estar escribiendo esto.

Mucho tiempo me resistí a su no-llegada. Seguramente ahora mismo estaría en ello si no hubiera llegado. Pero llegó. Toda mi vida me dediqué a resistirme a la no-llegada de las cosas, siempre deseando la llegada de las mismas, en insatisfacción. "Desear es bueno, es ser ambicioso. El que es ambicioso alcanza más cosas. Tiene más. Es mejor. No desear es estar conforme. Mediocridad. No desear es... ¿incomprensible? Todos queremos algo, ¿o no?"

Entonces ahí están esos años de resistencia a su no-llegada, en especial a la suya, a la de otras cosas también, pero en especial a la suya. Recuerdo bien mis esfuerzos inútiles por provocar su llegada. En algún momento genuinamente creí que el balón permanecía en mi cancha para jugar.

¿Qué es eso que me tenía presa, haciéndome creer que era mi causa lo que ocurría?
¿Por qué me resistí a lo que la vida me dio?
¿Por qué insistí ante lo ingobernable?


Pero no era mi carta para jugar. No había nada que yo pudiera haber hecho ni nada que pudiera haber dejado de hacer para hacerlo llegar.

El momento y las circunstancias de su llegada son así, incuestionables, absolutos… lo único real. Ahora lo puedo ver. Ahora puedo ver que esos años pude bien olvidarme de todo el asunto y dejar de esperar. Asumirme en incompleta (si, ¿ y qué?) condición y vivir, simplemente vivir. Me pregunto si es por ese estado permanente de desear alcanzar lo inalcanzable que ahora siento que esos años se esfumaron. Que no era yo la que los vivía, ni la que los acumuló. Era la otra que nunca estaba en sí, pues siempre deseaba estar en otro lado.

De nuevo estoy ante una situación similar, pero me sigue costando fluir ante la no-llegada de las cosas. Eso, lo que tanto deseaba, sigue fuera de mi alcance y no hay nada qué pueda hacer para alcanzarlo. Su lejanía es lo único real, de nuevo incuestionable, de nuevo absoluta. Y sin embargo me encuentro resistiéndome, como antes, como siempre.

¿Por qué sigo insistiendo ante lo ingobernable?
¿Por qué me resisto a lo que la vida me da?
¿Por qué sigo perdiendo mi tiempo?

Jun 23, 2010

apariencias


sin respuesta partieron las preguntas
se marcharon las tristezas con el verde
se esfumaron en las tardes las angustias
me olvidé del deseo de tenerte

de mi vida cayeron dos pilares
uno ayer inexistente por pasado
y el otro que igualmente me aplastaba
el mañana inasible no llegado

di la espalda, de pronto, indiferente
a conceptos y edificios de la mente
fui testigo alegre de cenizas
en la fiesta de la hoguera de etiquetas

llegué entonces al lugar ya tan trillado
(también aparente pero nuevo)
y he mirado todo sin mirarlo
gozando del estado repentino

el ahora, el aquí, el esto es todo
el camino sin ruta, sin sendero
el silencio en ausencia de vacío
colibrí: mil batidos por segundo

e inhalé suspendida en esta altura
sin deseos de avanzar ni mejorarlo
sin deseos de comprender ni de explicarlo
sin tachar de buena o mala la estatura

di un pasito para atrás dejando el yo
plataforma alternativa de energía
las neuronas se burlaron a sí mismas
y la mente se desmoronó en la aurora

"esto soy", ni pensé, ni dije, ni hice
"ahí está", ni apunté, ni supe dónde
"es así", ni aclaré, ni supe cierto
"esto es", ni entendí, ni di por hecho

hogar


No me importaría si volviera a ella, en verdad. Yo sé qué le sonaría extraño, imposible, hasta irritante, pero es así, no me molestaría. Si pronto o no, un día cualquiera, me avisara que ha decidido regresar a ese camino. Me alegraría tanto tanto por él, por ellos. Porque a veces pienso que pertenece a eso, que es su historia, que tiene todavía un lugar y un papel en esa trama, y bien adentro, no afuera. Le percibo arrancado de su tribu... No le entiendo sin esa parte, y no entiendo la separación entre esa parte y él. Los acontecimientos... bue-, son pasado. No existen ya. En cambio el ahora, que tiene eco en cada segundo que ocurre, es favorable y cordial para el reencuentro. Sé bien por qué lo digo.

Me dejaría un sinsabor su partida, es verdad, pero algo más grande y más profundo hablaría, diciéndome que está bien, que va a dónde pertenece, que será feliz y seguirá creciendo. No hay más que alegrarse cuando el lobo regresa a la manada. Yo, en cambio, he perdido para siempre la mía.

descanso...


nada por qué luchar
nada qué perseguir
nada qué desear
nada qué planear
nada qué temer
nada qué negar
nada qué resistir



Jun 18, 2010

hay segundos


hay segundos como cuchillos
en que te amo
son así, filosos, brillantes, peligrosos
son de metal templado y frío
forjado a la braza ardiente

hay segundos como amuletos
en que te entiendo
cómo si supiera bien de qué hablas
descifrando la alquimia
que te acontece

hay segundos como cristales
en que te siento
y a través miro fugazmente quién soy
al cobijo de tu rendición
y tu mirada

hay segundos como desiertos
en que te temo
y el silencio de la noche me rodea
dejándome sólo
ausencia y frío

hay segundos como pájaros
en que eres mío
y palpitas en mi palma, alegre
te sacudes fuerte
y vuelas

May 18, 2010


Me sucedía a veces, que había fraternidad y paralelismo, camaradería e independencia, libertad y respeto, un "que te vaya bien".

... y era yo, entre liberada y protegida, quizá protegida por liberada.

Me sucedía también otras veces, que había deseo y fuego, contraposición y enfrentamiento, miedo a la pérdida y cierta aprehensión, un "no te vayas".

... y era yo, entre temerosa y decidida, quizá decidida por temerosa.

Otrás más, la indiferencia me envolvía, lo veía tan lejano y desconocido, escéptica a nuestro vínculo improvisado.

... y era yo, completamente temerosa y protegida.

Y otras más lo sentía tan conocido y tan mío, tan cercano y tan conectado, tan lógico y natural, como debió ser desde siempre.

... y era yo, completamente decidida y liberada.

May 15, 2010

desviaciones


...y por debajo de todo esto, del nuevo trabajo, de la mudanza después de tantos meses (años) queriendo salir de aquella ciudad, me encontré a mí misma debatiéndome entre el deber y el querer, y dentro del querer, el querer lo mío o lo nuestro...

Y es que de pronto los sueños habían perdido sentido. Tanto tiempo que mi energía apuntó a la casa autosuficiente, despertar con el amancer y los gallos, un baño seco y el huerto, y la vida de la permacultura... se había desgastado todo poco a poco, y otras cosas habían intervenido en el plan, haciéndolo menos asequible, más distante, más sueño y menos posibilidad... Y nunca supe resolver el detalle de hacer ese proyecto individual útil a los demás.

El trabajo tampoco era exactamente lo que había pensado. Me seguía manteniendo inquieta mi amigo de la selva, y mi auto-asignación de ayudarle, de generar algún sistema que le proveyera de ingresos. Él seguía mostrando interés, pero las posibilidades no parecían viables, la distancia era grande, y seguía yo sola en el asunto. Aún con el plan de GOL, las actividades estaban pensadas para una ubicación lejana a donde él estaba... Y el plan aún no daba color de cristalizarse.

Al menos había desechado la opción de aquél trabajo extenuante que prometía llevarme de nuevo a ese ritmo de marchas forzadas, insertada en un mundo intelectual y abstracto que ya me había chupado el cerebro por un lustro, y al que no le veía más sentido. Y sin embargo, desechar esta opción podía tener su costo a futuro, excluírme de la investigación y hasta de la academia. Era un cambio de rumbo más grande de lo que se alcanzaba a apreciar en primera instancia, pero simplemente, en este momento, me parecía una opción tan hueca, que por ello se tornaba riesgosa, y no quería volver a caer en ese rincón oscuro dónde ya había estado.

¿Entonces, a qué valía la pena dedicar la vida?

Hace algunos posts había dicho que a la vida. Me parecía muy claro en ese momento. Pero ahora había llegado él y lo había cambiado todo. Aún así me había ido de la ciudad -una coincidencia tan cómica como desafortunada- y había seguido con el plan de perseguir dar mi vida a la vida. ¿Qué clase de broma del destino era ésta? ¿Estar en una ciudad tan sosa como estéril por 6 años, y pocos meses después de salir, encontrarse en un encuentro tan sabroso como fértil, atado al mismo punto geográfico? Definitivamente, la broma no me hacía gracia.

Traté de soltar un poco las riendas. Al fin y al cabo, el dilema se reducía al miedo de decidir algo que me rindiera insatisfacciones. De nuevo esta ideología heredada de elegir siempre lo mejor de lo mejor y recriminarse siempre los errores. La incisiva cautela antes de las decisiones, la extrema planeación, la condena al que ha decidido mal, el eco en el tiempo de los errores cometidos… Era esto, más que la decisión en sí, lo que me angustiaba. Intentaba hacerlo, pero no lograba fluir.

¿Cómo desprenderme de esta angustia? ¿Cómo sentirme satisfecha con la decisión? ¿A qué naturaleza obedecer? ¿A la emoción, a la añoranza, a la comunión? ¿A la eficiencia, al trabajo, a la entrega? ¿Cómo comprometerme libremente con la decisión? ¿Cómo decidir y respirar tranquila, sin que el fantasma de las mil opciones pasadas me visitara antes de dormir? ¿Por qué no lograba decidir mejor conforme pasaba el tiempo? ¿Por qué no lograba integrar la emoción y la razón a las decisiones? ¿Era todo tan parcial cómo parecía, o era esto una construcción mía?

Me sentía perdida y sola.

May 10, 2010

ola y mujer


Tanto esperé tu llegada. Hablé contigo en mi cabeza mil diálogos silentes. Te imaginé exactamente como tú, y nada parecido. Supe que serías justo así, y no me lo imaginaba.

Y aquí estás ahora. Llegas como ola tan alta que da vértigo, violenta y sin reparo. Te estrellas en la playa con toda tu fuerza y ruges. Anulas todos los silencios y los ruidos, y eres sólo tú en este espacio, este momento. Te observo silenciosa. Trato de decir algo vano, pero tu estruendo me desplaza y me intimida. Me has quitado la voz. Te observo silenciosa. Tanto te he esperado... Supe que serías justo así y no me lo imaginaba.

Empiezo a jugar un poco con la arena, te imaginé mil veces, y me has descubierto de improviso. Pero me tocas los pies, tú-burbuja, espeso y blanco como nieve. Me acaricias y reposas, disfrutas y permaneces. Puedo verte y escucharte, tu brillo me ciega, es el día. Te miro entonces y te aprecio. Refulges con consistencia airosa, mil esferas vacías, con poder de prisma. Diáfanas, etéreas, oníricas, efímeras. Ya quiero tenerte, ya tocarte, ya llevarte, ya servirte, ya escucharte siempre y que me escuches. No haré caso de la arena, siempre y cuando sigas burbujeándome los dedos...

Pero te vas, te regresas. ¿Cómo, tan repentino? Tú en espuma no decides, lo veo claro. Tú en resaca jalas fuerte, de regreso, implacable, succionas y te llevas a tí todo. Retrocedes a tu fondo, y te ríes al partir con mil teorías. Soy ola, soy espuma, soy resaca, soy fondo. Soy el movimiento del agua con la Luna. Soy estruendo y ffffssss y succión y silencio. Te alegras, lo festejas. Eres todo fenómeno y proceso, me demuestras. Te miro con misterio y (auto) desconfianza, con un dedo en la boca y los ojos muy abiertos. ¿Me revolcarás si cedo? ¿Me ahogaré entre tus capas y corrientes? Casi te has ido del todo y sé que volverás a rugir en poco tiempo. ¿Cómo pued- ...? No he podido terminar la frase.

De nuevo tú ya fluyes. Y a mí el arena ya me sube a los tobillos tras tu encuentro.