Recuerdo una especie de enciclopedia para niños dónde se describían las vidas de los personajes históricos, y, para mostrar al lector cómo eran sus vidas, se incluía un cuadro de algún pintor famoso. Ahí estaba el cuadro de Cleopatra, que se suicida por mordedura de serpiente. Yo no comprendía quién era Cleopatra y por qué en el cuadro aparecía como una mujer blanca gordita, y no como las ilustraciones egipcias de los muñecos bidimensionales. Pero eso no me era atractivo o repulsivo especialmente. Lo que me volvía loca, era mirar el blanco pecho de la mujer recostada, la mirada lánguida y la cabeza caída, mientras brillaba el perfecto y voluptuoso -muy erótico- seno desnudo, y ahí mismo, a unos cuantos centímetros, la cabeza de la serpiente oscilando. Ella misma, tomando a la serpiente con cuidado, me daba la sensación de ser amorosa con el objeto de su dolor y su muerte, no había un rictus de tragedia, ella parecía disfrutarlo. La escena me causaba una excitación y efervescencia. ¿Se identificaban ya mis receptores de masoquismo?
Apr 4, 2014
cleopatra
Desde muy pequeña, establecí una relación muy cercana con los libros. Tuve libros pequeñitos para la mano de un niño, llenos de lecciones y moralismos para formar el criterio de un joven ser. Tuve otros de cuentos de ficción, fantasías, llenos de ilustraciones Yo hacía todo tipo de interpretaciones y conjeturas al mirar las ilustraciones, y me quedaba largo rato estudiando los detalles de las imágenes. Recuerdo un libro que tuve sobre bestias mitológicas, el Kraken, el Minotauro, el Ave Fénix, y eran muy breves los textos que acompañaban a las grandes ilustraciones. Tuve otro libro de leyendas dónde venían, por ejemplo, Tristán e Isolda, Semiramis, Rómulo y Remo, y otras. Estas historias, a pesar de que yo no comprendía muy bien el mensaje de los textos, me ayudaron más tarde a interpretar la realidad, y sí, como dice el cliché, mis modelos de éxito, pareja, felicidad, plenitud se forjaron en gran medida en torno a las historias que ahí se relataban.
Mar 13, 2014
sigo trabajando
De vuelta de la terapia me doy cuenta de que este post es parte de esos lugares que mental y emocionalmente quiero siempre encontrar: esos lugares dónde digo "yo puedo, yo lo supero fácilmente". Si, hay una parte de mí que se siente como en ese post, de vez en cuando unos instantes, pero otra parte de mí no se siente así. La terapeuta me hace notar que justamente lo que esta experiencia me invita a ser, es a ser vulnerable, débil, imperfecta. Yo trato inmediatamente de negar la experiencia, de negar la enfermedad y acabar con el síntoma, otra vez quiero decir, "yo puedo" rápidamente, y también "yo soy fuerte, no necesito a nadie ni a nada", y finalmente "yo voy a vencer esto". Precisamente hace unos días me acordaba de Orgullo y Prejuicio, cuando Darcy está practicando esgrima, y, pensando en Elizabeth, se retira de la duela diciendo firmemente, "I shall conquer this".
¿Qué pasa conmigo que me cuesta tanto trabajo mostrarme vulnerable? Es una costumbre de toda mi vida, vaya, ni me puedo imaginar siendo vulnerable. Cuando he hecho los ejercicios de terapia en grupo, y he descargado mi enojo de forma explosiva y brutal, he sentido como si perdiera la consciencia, como si todo se borrara y me olvidara de mí misma, como si perdiera piso. La terapeuta me invita a quedarme con esa sensación desagradable de ser vulnerable, con la sensación desagradable de no ser perfecta, fuerte, autosuficiente, sólo a quedarme con la sensación, a permitirla, a no rechazarla.
Me cuesta un poco identificar ese lugar emocional, mi cerebro se adelanta a identificar un patrón o referencia para poder decir "estoy ahí, estoy sintiendo la vulnerabilidad", irónicamente tratando de hacer lo nuevo caigo en lo viejo, es algo que se cuela automáticamente bajo mi forma de ver las cosas, prácticamente todo. Tengo que detenerme un poco antes y sentir, no identificar, sino sólo sentir, y no adelantarme a rechazar y sentir algo deliberadamente, sino a sentir lo que sienta, sin tratar de hacer nada. Esto también me cuesta trabajo pues tengo la costumbre de explicarlo y racionalizarlo todo o casi todo.
Debo tener cuidado, fácilmente me paso al otro lado de la balanza y me pongo en el lugar de la víctima. Entonces caigo en el "pobre de mí porque no puedo, pobre de mí porque soy vulnerable, pobre de mí porque soy débil". El lugar de la víctima me lleva al juicio y a la auto-reclamación. Caigo en un círculo vicioso de auto-recriminación.
Me tengo qué detener mucho antes. Mi tarea es: notar cuando trato de ser invencible, no tratar de serlo, y sentir la vulnerabilidad. Se dice fácil.
¿Qué pasa conmigo que me cuesta tanto trabajo mostrarme vulnerable? Es una costumbre de toda mi vida, vaya, ni me puedo imaginar siendo vulnerable. Cuando he hecho los ejercicios de terapia en grupo, y he descargado mi enojo de forma explosiva y brutal, he sentido como si perdiera la consciencia, como si todo se borrara y me olvidara de mí misma, como si perdiera piso. La terapeuta me invita a quedarme con esa sensación desagradable de ser vulnerable, con la sensación desagradable de no ser perfecta, fuerte, autosuficiente, sólo a quedarme con la sensación, a permitirla, a no rechazarla.
Me cuesta un poco identificar ese lugar emocional, mi cerebro se adelanta a identificar un patrón o referencia para poder decir "estoy ahí, estoy sintiendo la vulnerabilidad", irónicamente tratando de hacer lo nuevo caigo en lo viejo, es algo que se cuela automáticamente bajo mi forma de ver las cosas, prácticamente todo. Tengo que detenerme un poco antes y sentir, no identificar, sino sólo sentir, y no adelantarme a rechazar y sentir algo deliberadamente, sino a sentir lo que sienta, sin tratar de hacer nada. Esto también me cuesta trabajo pues tengo la costumbre de explicarlo y racionalizarlo todo o casi todo.
Debo tener cuidado, fácilmente me paso al otro lado de la balanza y me pongo en el lugar de la víctima. Entonces caigo en el "pobre de mí porque no puedo, pobre de mí porque soy vulnerable, pobre de mí porque soy débil". El lugar de la víctima me lleva al juicio y a la auto-reclamación. Caigo en un círculo vicioso de auto-recriminación.
Me tengo qué detener mucho antes. Mi tarea es: notar cuando trato de ser invencible, no tratar de serlo, y sentir la vulnerabilidad. Se dice fácil.
Mar 11, 2014
amarla
de pronto comprendí el sentido de la oración "amar a la Tierra". creo que antes no lo había sentido. no pude decir nada, ni siquiera tratar de describirlo. apenas le ponía palabras, salía mi proyección individual, mi ego salpicaba la emoción. pero, si me apresuraba a ignorarlo y me concentraba en el inicio, podía sentir el corazón muy abierto, como si yo fuera la Madre y ella la Hija. y podía amarla toda, toda completa, así como era, con todo, ahora. amar a la Tierra.
Mar 7, 2014
ejercicio
cerré los ojos y me remonté al momento en que pasó el virus a mi cuerpo. llevé toda mi consciencia a ese momento y, mientras él yacía sobre mí y dentro mío, recordé su ímpetu y su deseo intensos y profundos, el movimiento arrebatado y salvaje, la vida moviéndose a través de nosotros, nosotros vivos. en el ejercicio, lo miré a los ojos por unos momentos, y le dije con mi voz y mi corazón: te perdono. Inmediatamente después inhalé y miré hacia dentro mío, y con la misma compasión y amor que hacia él sentí, dije: me perdono. también me nació mirar al pequeñísimo virus en su poderosa existencia, y le dije: te perdono. recordé quién era yo en esos momentos: toda la ilusión y alegría por haberlo conocido, por haberlo encontrado. un deseo y amor quemantes refulgían en mi corazón y mi cuerpo, llenos de felicidad y gozo. ¡que se termine el mundo, estoy enamorada de ti!! y entonces fue aún más fácil entender que había sucedido, que así tenía que suceder. todo el río de amor no podía ser opacado por ese detalle. todo era hermoso y bueno, y todo estaba en su lugar. ¿cómo no perdonarnos?, si nos amo.
fue un ejercicio.
Jan 18, 2014
vida después de la muerte
Leo este tipo de cosas, igual que lo que dice Jasmuheen, el chavo de las ballenas, Judy Hall, en fin, todos mis "ídolos" espirituales y no puedo evitar pensar que hemos construído en el inconsciente colectivo espiritual, si es que algo así existe, que estamos en una especie de "misión", tratando de acumular "puntos", y que nuestro ego es tan, tan grande, que nos damos el lujo de creer que "entendemos" el sentido de la existencia, que sabemos que hay una especie de "misión", que además podemos decidir unirnos a ella o no, y que en caso de unirnos estaremos "abonando" a una causa final de mayor conciencia, mayor amor...pero, todo esto, no es una especie de auto-engaño, de construcción social, de explicación reduccionista? Todo este choro de aumentar la consciencia, este "viaje", no es en verdad innecesario? Al ver todo esto, por qué no nos es de sopetón evidente que tiempo, espacio, el yo, el ego, no existen, que la "realidad" que vemos son las sombras en la caverna, que el fuego es inconmesurable, que la esencia del Universo y toda existencia no puede tener "misión" u objetivo, que no puede tener ningún atributo humano, que tal vez ni vale la pena intentar comprenderla mientras estemos en este plano, en este cuerpo, que realmente muy poco vale a pena, y qué es lo que realmente vale la pena? Cómo lograremos identificar qué vale la pena si nuestra mera esencia humana nos distorsiona todo?
Oct 22, 2013
cocina ámbar
De pronto me invaden oleadas de ese tipo de recuerdos que no sé exactamente de dónde vienen. Algo sumamente minúsculo e imperceptible, hasta inconsciente, puede dispararlos y de pronto se manifiesta esta misteriosa melancolía por una cocina ámbar, con madera, una lámpara baja, muy amarilla, que cuelga cerca de la mesa de madera del antecomedor, y un olor a gengibre y a lana y a madera y a mamá, y un calor de casa, de estar refugiado dentro, de lo más seguro y acogedor y tranquilo...y un buen número de sensaciones que no alcanzo a describir antes de que el sabor en el fondo de la garganta desaparezca y regrese yo al momento presente dónde aquellas sensaciones no tienen sentido.
Cuando era pequeña y veía E.T., me quedaba azorada con la escena de la cocina que, aunque era muy breve, oscura y confusa para mí, ya me recordaba a esa otra cocina imaginaria, en especial por la lámpara que colgaba sobre la mesa, muy baja. Y una parte de mí no quería que esa escena terminara, sino que fuera muy larga y alguien me explicara por qué la lámpara baja me remontaba a otra cocina que nada tenía qué ver con ninguna cocina que yo conociera.
En mi niñez tuve una amiguita con una casa que fue lo más cercano a esa cocina de mis recuerdos misteriosos. No estuve en ese lugar más de dos veces y sin embargo ahora justo ese lugar me viene a la mente cuando aparecen esos recuerdos inexplicables. Los padres de mi amiga eran hippies y casi no nos hacían caso, lo opuesto a mis padres que siempre fueron controladores, pero también afectuosos. Así que nos recuerdo ahí paradas, aunque estoy segura que esas impresiones no tiene qué ver con estos otros paquetes de recuerdos misteriosos.
Y ahora mi mente consciente recuerda que esa amiguita era muy sexual y disfrutaba con juegos casi perversos de desnudarnos, tocarnos, introducirnos algo...y antes de seguir me invade una sensación de repulsión porque el recuerdo real de las niñas erotizadas ha contaminado la paz y seguridad de la misteriosa cocina con la luz baja y la madera y el olor a gengibre y a lana y a mamá...y cuando trato de regresar a las sensaciones dulces de la cocina inexplicada me doy cuenta de que no puedo...otra vez con toda suavidad y sutileza, se ha ido.
Oct 4, 2013
mi casa, mi madre
A veces pienso que exijo demasiado de las personas, y por ello no me seducen los caracteres comunes. Sin embargo, a mucha gente encuentro agradable, me cuesta creer que alguien sea capaz de hacer el mal intencionadamente. Finalmente con pocas personas tengo química. Así que no estoy muy segura si yo he promovido este aislamiento, o este aislamiento ocurre como consecuencia de mi forma de ser. Ahora que lo pienso detalladamente, tengo algo de agorafobia. Me cuesta trabajo salir de la casa, y cuando tengo que viajar algunos días fuera, me siento incómoda desde varias noches antes. No me molesta salir de la casa por unas horas, hasta puedo sentirme liberada por distraerme un poco con el mundo exterior, pero me gusta regresar a la casa.
Por otro lado, en esta casa, siento que se fuga la energía. Los días se pasan rápidamente, dejándome la sensación de ser muy cortos. Tardo días en edificar las construcciones energéticas que en otros sitios me parecían estar más disponibles. No logro impregnar las paredes de la vibra positiva que emito durante mis meditaciones. La casa se siente fría. No logro concentrarme, me siento dispersa. No logro encontrar el lugar ideal para sentarme ni para el altar. Los perros me ponen nerviosa. Pareciera que en esta casa siempre tengo mucho trabajo pendiente, muchas cosas qué resolver, muchos asuntos sin terminar. La casa me atrapa, me asfixia.
¿Qué sucede conmigo y con la casa? Le he transferido una identidad particular, como si la casa fuera una persona, para ser precisos, una entidad femenina. La casa me contiene, me alimenta, me protege, me aísla de las personas que pudieran lastimarme. La casa me es conocida, íntimamente cercana. La casa es el testigo de mis días en la más silenciosa soledad. La casa es, sin duda, una figura a la que le atribuyo caracteres maternos. Finalmente esa agorafobia, es mi irresuelta separación de la madre. Todavía necesito. Todavía quiero. Todavía me hace falta la protección. ¿Qué es lo que no está resuelto? La adultez, la independencia, la individualidad, la autodefinición, la autoconfianza, la autoestima. También, la casa me limita, me edita, me controla. Me repite cómo soy, cuando miro cómo es ella. Administra mi energía y domina mi horario con su extraña sintonia. Proyecto en la casa la madre que viví, controladora y dispersa.
Leo aquí y allá que Dios siempre está con uno. También, que la esencia es interior, no exterior. La casa ni siquiera es mía, y aunque lo fuera, sigue siendo algo material. ¿Cómo puedo entonces retirar de la casa su investidura materna y encontrar en mi interior los satisfactores buscados? Tengo la sensación de que estas cuestiones no serán fácilmente resueltas en mi interior. La huella de la madre humana parece indeleble, o como escuché hace poco, la huella de la figura distorsionada que nos hacemos de nuestra madre parece indeleble.
Sigo trabajando en mis meditaciones. Cuando regreso a la casa, después de algunos días fuera, retomo paulatinamente mis ritmos anteriores. Necesito estar sin salir varios días, de otra forma el efecto de dispersión y distracción continua. Necesito concentrarme, ordenar cosas, apurarme con sacar lo que no uso. Me siento a meditar temprano por la mañana, leo, como sanamente, saco a los perros, medito de nuevo en la noche, leo, duermo. Necesito estar en silencio. Entonces vuelvo a construir lo que antes me costara tanto trabajo, y pasan los días sin salir. Hasta que de nuevo llega el momento en que tengo que irme. Esta pulsación de entrada y salida me es desagradable, hasta cierto punto.
Sep 17, 2013
quizá los hombres quieren sólo un amor arrebatado, anónimo, salvaje, ausente de palabras y construcciones, sexual, animal, combustible y espontáneo. quizá fantasean con eso. con el objeto sexual encarnado, la mujer del tubo, muda y sensual, indómita, sin corazón ni cerebro, sólo vagina húmeda, cálida, insaciable.quizá las mujeres queremos sólo un amor arrebatado, pasional, sensible, involucrado, dominante, complejo, argumentado, apalabrado, construido sobre promesas irrompibles. quizá fantaseamos con eso. con ser el objeto sexual amado, procurado por el hombre fuerte, independiente, entregado, fiel, con corazón, cerebro y pene integrados, firmes, decididos, atinados, lúcidos.
¿pero quién de los dos sexos aceptará un amor humano?
Sep 11, 2013
compasión
me dejé de recriminar lo que no hacía. no levantarme temprano, no meditar diario, no practicar la telepatía animal, no intentar contactar con mi ser superior, no hacer los ejercicios del libro, no avanzar en mis lecturas, no estar feliz, no aceptarlo todo, no ser una iluminada perfecta radiante delgada luminosa segura confiada. dejé de recriminarme todo eso y simplemente me observé en mi día a día. no estoy lista todavía, pensé, si lo estuviera, lo estaría y todo eso ocurriría sin esfuerzo. dejé la vida suceder conmigo y con mis debilidades en ella, sin juzgarlas tan duramente y sin tanta prisa por decantar esas anheladas capacidades dentro de mí misma. y después de perder el tiempo hasta la exasperación, actué.entre vidas
al imaginarme en esa reunión entre vidas me venía una sensación de ligereza, una objetividad más allá de la humana, y una claridad depurada como la de una mente completamente dominada, casi ausente, como la del mago que lanza el conjuro con 100% de éxito. en esa dimensión muy poco importaba, muy, pero muy poco. los cómos no eran relevantes. cómo me enteré, cómo había vivido, cómo había muerto, cómo había sido: nada de esto importaba... pero en cambio los qués eran fundamentales: qué descubriste, qué entendiste, qué tuviste al alcance, qué decidiste, qué lograste, qué hiciste, qué muerte, qué estado, ¡qué!, ¡qué!reconsideración
puedo intentarlo en esta vida, pensé, y si no lo logro, puedo morir y desear bajar de nuevo a volverlo a intentar. sonreí, me quité cierto peso de encima. me emocionó la idea de recibir otra oportunidad. levanté la cara. sería para entonces mucho más madura espiritualmente, más capaz, pensé, y podría avanzar desde el último punto de esta vida, hacia adelante, y, ¡entonces sí!, lo lograría. ¿cómo sería esa futura vida en que lo lograría?, ¿quién sería yo?, ¿hombre, mujer, sabio, monje..?
y de pronto me atacó un pensamiento fulminante: ¿y si la vida que estoy viviendo ahorita ya es mi segunda oportunidad?
La playa
Estando en la playa me invadía cierta melancolía por tiempos que nunca he vivido. Me gustaba el calor del aire, esa pesadez cálida y húmeda que lo envolvía todo, y ese olor a sal que parecía nutrir todas las hambres a través de los pulmones. Me gustaba el sol de la playa, cercano, radiante, muy amarillo y caprichoso. Verlo esconderse tras las nubes, señor de todo, irradiando bellos colores, o verlo acaparar todo el cielo con sus rayos infinitos y absolutos quemando las rocas, las arenas y las plantas. Me invadía cierta melancolía al venirse la tarde y su cigarras, esa estridencia de sonidos animales entre insectos, anfibios, aves y la brisa misma viva entre las hojas. El despedirse de la vida para descansar por la noche y miles de pequeñas criaturas que entonces inician su día. Escamas húmedas reptantes pegajosas brillantes. Escamas nadadoras autómatas sumidas en un océano infinito de oscuridad y sonidos de burbujas que no se sabe de dónde vienen y escapan a la superficie con bailes sensuales de la química y la física. Pero en cambio el Océano me imponía mucho temor y al sumergirme no podía más que imaginar que una terrible bestia enorme feroz de las profundidades se acercaría en un santiamén para engullirme. Se había ido el sentimiento desafiante de esos años de buceo, y había llegado una humildad y un respeto, que no sabían cómo expresarse más que en el miedo tímido del que no quiere perturbar lo grandioso, porque no lo comprende...todavía.Aug 26, 2013
querido mío
Querido mío,
Habitas mis horas con la delicadeza de tu recuerdo. He despertado con el sabor de tu cuerpo quieto en la cama, tu respiración tenue y tu calor vivo, con su carácter pacífico y sosegado de las mañanas. Luego he hecho varias cosas, labores de casa, poner algo de orden, atender a mis afectos... y de nuevo has venido a mi memoria, sentado en el comedor con los brazos sobre la mesa, la espalda recta y la mirada en algún punto lejano, esperando pacientemente el desayuno, comiendo todo y celebrando sin ningún gesto especial, y simplemente siendo tú, que te sale tan bien y lo disfruto tanto.
Hoy tenemos lluvia temprano. Salí con los perros a caminar y nos cayó un aguacero enorme en el camino. Nos empapamos y emprendimos el regreso completamente mojados, y entrando en casa he mirado el sillón y de nuevo te he recordado sentado con tu libro, tardando un momento en levantar la cara, observándome y mandándome a un baño caliente, y me dices que me abrigue, y me conforta que busques confortarme, tus palabras, tu intención. Más que el baño.
Ha venido la noche y sus cigarras. La lluvia sigue cayendo y he encendido las luces de la casa. Está todo tranquilo y en penumbras color ámbar, como quiero refugiarme cuando ya todo es silencio y el día ha terminado. Estoy escribiendo sobre ti y apareces con tus pasos silenciosos por los cuartos, buscando algo que no dices o haciendo algo que no avisas, siempre independiente, siempre discreto, siempre autosuficiente.
Me gusta mucho cómo eres. Me gusta tu forma de ser y lo que haces, lo que dices, lo que piensas y cuando me compartes. Me gusta que seas mío a ratos, que vengas de visita y hagas esas cosas que haces solo, sin que nadie te lo indique. Me gusta que te bastas y te conoces, que te decides y que actúas, y que no esperas a que nadie apruebe nada tuyo.
Ahora voy a meditar arriba un rato. El perfume de tu paz está presente mientras me siento en silencio con el corazón abierto. Deseo abrazarlo todo tal cual es y se presenta. Imagino una luz rosa que sale de mi pecho hacia el Planeta, lo rodea completo y lo apapacha, y se expande al infinito hasta unirse con la Fuente. Voy a recordar tus enseñanzas y tantas cosas que me dices de este camino especial y personal. Voy a estar presente y en silencio, completamente quieta y haciendo todo con lo menos posible.
Y al pararme, miraré ese rincón de nuestra guarida, entre sombras amarillas y naranjas, el pabellón puesto estas noches húmedas de bichos y cigarras. E imaginaré tu cuerpo hermoso de cobre pulido y generoso, tendido y reposado entre edredones, listo para darme su calor único y perfecto.
Te amo.
Habitas mis horas con la delicadeza de tu recuerdo. He despertado con el sabor de tu cuerpo quieto en la cama, tu respiración tenue y tu calor vivo, con su carácter pacífico y sosegado de las mañanas. Luego he hecho varias cosas, labores de casa, poner algo de orden, atender a mis afectos... y de nuevo has venido a mi memoria, sentado en el comedor con los brazos sobre la mesa, la espalda recta y la mirada en algún punto lejano, esperando pacientemente el desayuno, comiendo todo y celebrando sin ningún gesto especial, y simplemente siendo tú, que te sale tan bien y lo disfruto tanto. Hoy tenemos lluvia temprano. Salí con los perros a caminar y nos cayó un aguacero enorme en el camino. Nos empapamos y emprendimos el regreso completamente mojados, y entrando en casa he mirado el sillón y de nuevo te he recordado sentado con tu libro, tardando un momento en levantar la cara, observándome y mandándome a un baño caliente, y me dices que me abrigue, y me conforta que busques confortarme, tus palabras, tu intención. Más que el baño.
Ha venido la noche y sus cigarras. La lluvia sigue cayendo y he encendido las luces de la casa. Está todo tranquilo y en penumbras color ámbar, como quiero refugiarme cuando ya todo es silencio y el día ha terminado. Estoy escribiendo sobre ti y apareces con tus pasos silenciosos por los cuartos, buscando algo que no dices o haciendo algo que no avisas, siempre independiente, siempre discreto, siempre autosuficiente.
Me gusta mucho cómo eres. Me gusta tu forma de ser y lo que haces, lo que dices, lo que piensas y cuando me compartes. Me gusta que seas mío a ratos, que vengas de visita y hagas esas cosas que haces solo, sin que nadie te lo indique. Me gusta que te bastas y te conoces, que te decides y que actúas, y que no esperas a que nadie apruebe nada tuyo.
Ahora voy a meditar arriba un rato. El perfume de tu paz está presente mientras me siento en silencio con el corazón abierto. Deseo abrazarlo todo tal cual es y se presenta. Imagino una luz rosa que sale de mi pecho hacia el Planeta, lo rodea completo y lo apapacha, y se expande al infinito hasta unirse con la Fuente. Voy a recordar tus enseñanzas y tantas cosas que me dices de este camino especial y personal. Voy a estar presente y en silencio, completamente quieta y haciendo todo con lo menos posible.
Y al pararme, miraré ese rincón de nuestra guarida, entre sombras amarillas y naranjas, el pabellón puesto estas noches húmedas de bichos y cigarras. E imaginaré tu cuerpo hermoso de cobre pulido y generoso, tendido y reposado entre edredones, listo para darme su calor único y perfecto.
Te amo.
Jun 19, 2013
algo nuevo
Hoy caminaba por el campo y sentía, como tantas veces antes ya lo sentí, pero sin haberlo hecho consciente, que algo profundo cambió con ese evento del desierto. Eso que cambió, está muy adentro y es agradable. Es como si algo doloroso se hubiera disociado de la energía que le permitía seguir actuando. Entonces, no se siente más dolor. Se observa la situación, pero no hay dolor relacionado a ella. Me pregunto si esto será resultado del efecto de la medicina.
May 31, 2013
La medicina
Cuando subíamos al Quemado no pude más, todos esos sentimientos negativos y emociones tóxicas se agolparon en mi pecho y en mi cabeza y no podía dejar de pensar en ellos.
De pronto me detuve, me estaban comiendo viva.
No me quedó más remedio que dejarlos salir.
En forma de llanto, un llanto muy profundo, muy sentido y que me permitió liberarlo todo al exterior. En ese momento no se sintió el consuelo, no se sintió un descanso.
Sin embargo, como no recuerdo que me haya sucedido antes, no podía dejar de llorar.
Lloraba, lloraba y lloraba.
Y en ese llanto se iban yendo, ahora veo, todas esas emociones negativas.
Él vino a sentarse a mi lado cuando le pedí al grupo que se adelantara.
En verdad no quería seguir.
No había ritual alguno que pudiera justificar, o costumbre o tradición que me hiciera seguir.
Era mi proceso, mi momento, independiente de lo que habíamos ido a hacer o la relación con el grupo.
Y necesitaba parar por mí.
Quiso acompañarme un momento, yo no podía dejar de llorar.
Quería estar realmente sola.
Me dio gusto darme cuenta de ello, genuinamente quería estar sola.
No quería buscarlo, correr a sus brazos y decirle, "tú, por tu culpa", o decirle "tú, consuélame", ni decirle nada.
Simplemente ahora esta soy yo.
Soy yo la que tiene esta situación.
La que tiene esta circunstancia.
Soy yo.
No importa de dónde vino, no importa si esto fue por él, o es culpa de uno o de otro, o de quién sea.
El punto es que la realidad que ahora vivo es diferente.
Se alejó algunos pasos, no se fue mucho.
Yo seguí llorando.
No había enojo en mi llanto, eso también me sorprendió, no era un llanto de ira, no era un llanto de odio. Era un llanto de liberación... ni siquiera.
Era un llanto que se sentía, que se hacía necesario.
Que, en cada momento que se manifestaba, simplemente se justificaba a sí mismo por estar sucediendo.
Es más, cualquier palabra o explicación sobraba.
Poco a poco me fui calmando, se fue deteniendo, y fui resolviendo ponerme de pie y al menos alcanzar al grupo.
No quería dar explicaciones, no quería decir a nadie me sucede esto, pobre de mí, esto es muy grave, nada de eso.
Así que me apresuré,tomé el camino y empecé a caminar.
Me di cuenta que él me observaba y estaba sentado a unos metros.
Y me vio cuando tomé mis cosas y empecé a caminar.
Pocas veces me pregunté si él sabría qué me sucedía, de todos modos no tenía caso.
Él estaba haciendo su propio trabajo y yo, llegar con este tipo de demandas, o buscando que de alguna forma él se sintonizara con mis emociones, ¡era ridículo!
Era ridículo.
Antes, cuando habíamos tenido esta conversación, él actuaba indiferente, parecía que él no tenía nada que ver en este asunto, y todo hubiera sido algo que yo viví independientemente de él.
Y yo sabía que él no deseaba tomar responsabilidad, decir lo siento, me equivoqué, no deseaba decir te cambié la vida, te la arruiné, no deseaba decir nada, no podía disculparse porque en la disculpa hubiera aceptado su responsabilidad y la gravedad de la situación y eso también resultaba doloroso para él.
Yo tampoco quería una disculpa, porque no iba a solucionar nada.
Yo sabía que él no lo había hecho con una mala intención, que no había sido adrede.
Había sido una distracción, un descuido grande.
Había sido un exceso de confianza, nos confiamos, y en esa confianza a mí... me habían cortado la cabeza. En fin.
Seguí caminando y él me siguió.
Estaba a unos paso cerca de mí y me acerqué callada sin decir nada, vacía, vacía, sólo indicando, ya puedo caminar, entonces él me comentó algo sobre el día, que estaba hermoso, lleno de luz.
Cortó plantas y las olió, me las dio a oler y yo no tenia nada qué responder.
Empezó a caminar, y caminé.
Llegamos con el grupo, nos sentamos, era el cierre de la travesía, la despedida.
Y cuando él dijo su rezo yo entendí que él estaba viviendo otra cosa, su propio proceso, y me alegré de no haberle comentado nada y dejarlo en su sintonia.
Agradeciendo lo que agradeció y pidiendo lo que pidió.
Él vivía todo de otra forma y yo no tenía derecho a exigir que lo viviera como yo.
Yo no dije nada, era una situación sin remedio.
No había remedio a la situación.
Sin embargo, después bajamos al pueblo y desayunamos.
En el desayuno me recuperé, me hizo bien comer y tomar dos jugos de naranja gigantes.
Después salimos a caminar por el pueblo y nos separamos él y yo del grupo.
Quizá en ese momento por primera vez en varios días regresamos a nuestras posiciones sociales, a nuestros papeles interactuantes dónde había entre nosotros cierto vínculo y se veía quién tenía qué ver con quién, y se aceptaba.
Dimos unos pasos, él y yo juntos, entre mucha gente.
Entonces le dije, me cuesta mucho trabajo esta situación.
Entonces él pudo, quizá, comprender, no lo sé, qué era lo que estaba sucediendo.
Qué era lo que estaba doliendo.
Y él dijo, lamento que lo tengas qué vivir así.
Eso fue un comentario curioso, porque tiene razón, de alguna forma yo lo estoy viviendo o lo vivi en ese momento de esta forma porque lo tengo que vivir así.
Porque en mi historia de esta vida éste es un reto grande que existe.
Éste es un nuevo planteamiento muy fuerte que yo no sé cómo abordar, yo no sé cómo recibir, cómo manejar.
Y en efecto, esa ignorancia me causa sufrimiento y dolor, y entonces pareciera que yo lo tengo que vivir así para cruzarlo, para avanzar, para trascenderlo, superarlo, si que esto es posible.
Y para que llegue esto, mientras tanto, es necesario que lo viva de forma dolorosa, hiriente, de esta forma cambiante, con un dolor que con su fuego me va cambiando, me va aclarando, liberando, pero también me va asentando y forzándome a madurar de una forma seria y seca, pero no amargada, sino de una forma contundente.
Y me abrazó y me llenó de besos.
Y esto me consoló.
No porque fuera él, sino por mí misma, por la situación que vivo, independientemente de la relación que él tiene con ella.
Quizá en ese momento lo separé de la situación.
Quizá en ese momento me di cuenta de que él ya no es responsable, no es culpable.
La única responsable soy yo.
La unica que puede acutar soy yo.
Y no hay forma de volver al pasado.
Y el presente es ahora como es.
Y el presente es sólo mío.
Y él no está ahí.
Seguimos caminando y encontramos lugares y objetos, y yo me sentía tan pequeña y tan débil, tan vacía y tan indefensa ante el problema.
Ahhhhhhhhhhhh, viviéndolo profundamente.
Llegamos a una tienda muy linda y entramos, y una chica hermosa la atendía y decía cosas bonitas.
Y había ahí una pulsera turquesa.
Y él me dijo, ¿te gusta?
Claro que sí, si el turquesa me gusta mucho.
Entonces la tomó y la envolvió en mi muñeca.
Y silenciosamente, sin decir mucho más, me la dio, en un gesto que ahora me es entrañable...tan valioso.
Por un momento intenté penetrar en el significado de las emociones que surgen de ese gesto.
Quizá para mi fue como una pequeña reparación de esa grieta silenciosa entre nosotros.
Tan grande.
Con ese gesto tan pequeño, yo pude reafirmar que lo perdonaba.
Aunque él es quién hizo el obsequio.
May 6, 2013
El vértigo
No entiendo aún de dónde viene este vértigo que me esta sorprendiendo por las noches. Cuando se acerca la hora de dormir, me preparo y me voy a la cama, y miro mi rincón de meditación o mi biblioteca, y pienso, debería meditar, debería leer, pero se quedan en mediocres deseos y me meto en la cama con el iPad en la mano, y comienzo... Y cuando me doy cuenta ya se han pasado por mucho las horas en qué antes me iba a dormir, y no puedo detenerme aunque se me cierran los ojos y estoy deshidratada, y sé que debajo de ese postergar el momento de apagar la luz hay miedo, incertidumbre, ansiedad, aprehensión, que no sé muy bien si dormirme por la hora o para pretender que no me siento así, y me doy cuenta de que son los perros que ladran y no están dormidos, los vecinos, el lugar con su inseguridad, el futuro con su panorama oscuro de soledad perpetua y la ausencia de testigos, y ahí me detengo porque si no me sigo y entonces sí no duermo por otro par de horas, como ahorita...
Mar 24, 2013
Finalmente sucedió la mudanza. No fue sencillo planearla y menos realizarla. Ese vértigo me acompañó por semanas y no se ha ido del todo. Era miedo, simple miedo a diversas incertidumbres. Esto me recuerda qué sigo aferrándome a tener el control. Debo seguir trabajando en soltarlo.Mudarme no me acercó a mis afectos cómo pensaba qué sucedería. Si acaso, me colocó en posición de estar más disponible para ellos en el sentido de que ausentarme ya no tiene sentido. Es curioso, estoy mucho más cerca de todos pero mi soledad es la misma. Finalmente vivo, hago, como, duermo sola.
Mis animales están bien y recibieron la mudanza muy bien. Se han adaptado a la nueva casa y poco a poco establecemos un ritmo de vida nuevo. Al verme forzada a prestarles mucha más atención, no me ha quedado tiempo o ganas para la televisión. Difícilmente tengo tiempo para leer tanto como quisiera.
Mi familia vive su propia realidad con ahínco. Me cuesta un poco relacionarse con ellos. A veces no deseo hablar por teléfono y tener qué explicar mis cosas. Tengo un remoto deseo de no justificarme ante nadie, y de que las cosas sucedan repentina e instantáneamente. Sin avisos o explicaciones. Sin que nadie me pregunte nada. Mientras tanto, su vida y la mía se acentúan en sus diferencias.
Tengo ganas de escribir esa novela.
Feb 2, 2013
Observadora
Ayer viajé a la selva de nuevo. Realmente no tenía ganas de ir, pero tenía que hacerlo si quería liberarme de ese compromiso por un tiempo. Como estaba tan cansada y sin ganas, decidí viajar, pero sin involucrarme en los eventos más allá de estar físicamente presente, no preocuparme por nada -ni alegrarme tampoco- y salir del paso sin demasiado esfuerzo. No sé exactamente qué fórmula apliqué, tan sólo moví mi cuerpo, lo hice empacar, subir al auto, salir, conducir, llegar, escuchar, decir algunas palabras, partir. Estuve muy presente, pero desprendida. Tuve otros compromisos al regreso que también experimenté de esa forma desapegada, casi indiferente. El mundo pareció una inmensa película frente a mí. Todo, absolutamente todo, menos el silencio de adentro de mi cuerpo, me pareció ilusorio.Te amo, lo siento, perdóname, gracias, te amo, lo siento, lo siento, te amo, te amo, lo siento, gracias, perdóname, perdóname, te amo, lo siento, lo siento, te amo, gracias, te amo, gracias, lo siento, gracias... Repetí frenéticamente en mi mente durante las horas de conducir, dirigido a mí, a todos, a nada, al mundo irreal, al silencio en mi interior. Llevo un tiempo pidiendo saber por qué estoy aquí. Te amo, lo siento, perdóname, gracias: a la solicitud, a la respuesta, a todo lo que ha sido pero estoy olvidando, al fenómeno, al fenómeno, al sonido, a...
Empecé a leer El Conocimiento Silencioso, de Castañeda y me golpeó con fuerza la seca descripción de un mundo subyacente a éste de compromisos y palabras. Aquel mundo no está preocupado por nada de lo que sucede en éste, simplemente se concentra en hacer lo suyo, en abrir portales, descifrar mensajes, establecer comprensiones, mover energías y otras artes subterráneas. Interesante, pensé, estoy lejos de ese mundo, pero a él quiero pertenecer, más que a éste. Parece contradictorio, pero ¿qué sentido habría de estar aquí si no fuera el de penetrar allá? Quiero decir, este mundo es todo construido. Fuera de lo construido, lo anterior - lo natural - no tiene ni lenguaje, ni palabra, ni pensamiento. Entonces todo lo que es producto del pensamiento, incluído el lenguaje, o producto del lenguaje, incluído el pensamiento, es creado, artificial, por así decirlo. ¿Por qué estoy aquí finalmente? Deseo conocer la respuesta. Y sin embargo, desearlo es como mancharlo de pesadez y defectibilidad... Hay que penetrarlo sin pensarlo, sólo hay que actuar.
Tal vez no sea el momento de interactuar con otros seres, pensé, de buscar su aprobación o voluntad. Es momento de actuar con uno mismo, hacia adentro, todo lo que se pueda, y aún más. Hay tiempo ahora. Es tiempo de aprovechar este portal. Seguí en estas cavilaciones durante mi regreso. Sentí que la mente hablaba, pero sin los accesorios de siempre. Sentí desapego a casi todo, casi un estado de silencio total. Pude haberme quedado en silencio por años, sin hablar con nadie más. Fue agradable, pero más que agradable, fue evidente.
Llevo días con un nudo en el estómago y un frío adentro del homóplato derecho. Pero me los explico bien. Me parece que es la mente que me quiere involucrar con el fenómeno y quiere llamar la atención del observador, quiere llamar toda su atención, hasta que no atienda nada más que el miedo, la ansiedad, la aprehensión, el estrés, la angustia, y al no hacerle caso, se hace más intenso el dolor. He tratado de respirarlo hacia afuera. Y de nuevo te amo, lo siento, perdóname, gracias.
En el otro libro que consulté acerca de desarrollar la intuición, la autora sugiere una serie de acciones para acrecentar las percepciones extrasensoriales. Tales son: enfocar la intención y estar atento, mantener un diario con todo tipo de eventos, sueños o experiencias intuitivas, buscar la compañía de personas en sintonía intuitiva, buscar buenos maestros, buscar momentos de soledad, pasar tiempo en la naturaleza, estar presente y alerta, meditar frecuentemente y de forma estructurada, hacer ejercicio físico, demostrar consciencia y discriminación al comer y beber, conocerse a uno mismo, mantenerse alerta del propio cuerpo, comprobar las intuiciones con información externa brindada por otras personas, bajar el ritmo de vida en general, participar en actividades artísticas, ser juguetón y participar en juegos, orar o rezar, construir espacio sagrado y crear rituales, decir la verdad, observar las parafernalias del ego, practicar la bondad, practicar el perdón, y finalmente amplificar los sentimientos de amor y gratitud. La autora se basa en entrevistas cualitativas que realizó a 43 personas con capacidades de percepción extrasensorial.
Al leerlos, me parecieron muy buenas recomendaciones, habria que seguir la receta, sin embargo, ahora me pareció algo primitivo, eran interesantes y útiles, si, pero también implicaban que existe una receta o fórmula para activar lo que está dormido. Como si mediante las acciones pudiera llamársele. De nuevo mi reacción ante los simbolos, tal vez, que juzgo limitados en cierta forma. Tuve la sensación de que algo más serio y fuerte subyacía a las acciones y esto era un giro en la energía interna y externa de uno, una especie de autopromesa, un cuasi-voto interior y silencioso de que algo era invitado a suceder. Le falta un ritual, pensé. Tal vez no eran tan primitivas las recomendaciones después de todo.
Sigo moviendo el cuerpo para llevarlo a hacer lo que la persona se ha comprometido a hacer. Aparentemente, la mente está sumisa, no involucrada. El silencio interior perdura con fuerza. No deseo hablar con nadie. No deseo escuchar palabras.
Jan 13, 2013
sentarse
Finalmente, ¿qué es el sentarse a meditar?, ¿de qué forma ejecutarlo auténticamente? Cuando inicié este blog yo no había meditado nunca. Había escuchado de ello, pero no me sonaba a algo para mí. Ni siquiera recuerdo qué pensaba al respecto de meditar en aquellos tiempos.
Cuando terminé el doctorado, tardé un año en mudarme al DF y durante ese año no hice mucho más que ejercicio físico. Es curioso, recuerdo esos meses como si me hubieran borrado todas las memorias que no fueran las de salir de casa e ir al gimnasio, correr, nadar, hacer abdominales. Eso lo hice por 6 meses quizá. tenía el cerebro completamente frito y estaba muy deprimida. Sin pensar demasiado, y de forma natural, mi atención se fue a mi cuerpo, a intentar recuperar lo que había perdido en 5 años de estar sentada más de 10 horas diarias frente a la computadora.
Cuando finalmente me mudé al DF, me enteré de un curso de "Meditación para evitar episodios de depresión". No recuerdo ni cómo me enteré, dónde lo leí o quién me dijo que eso existía. El hecho es que asistí al curso. Duró poco. Quizá 2 veces a la semana por 3 semanas. Ahí medité por primera vez. O al menos intenté hacerlo.
¡Qué locura la historia que sigue a raíz de ese curso! Casi no puedo reconocer a la mujer que se sentaba a meditar en ese curso, esa mujer que era yo, pero que ahora no me identifico casi con ella. El curso fue interesante por el hecho de introducirme a la meditación, aunque en ese momento no me pareció gran cosa. Lo que sí me pareció, es que no quería volver a sentirme deprimida nunca más, y que si eso iba a evitarlo, me servía mucho meditar. Me sentía sumamente triste y abatida. Tal vez ni siquiera sabía que llevaba meses en depresión, como suele suceder. El resto de las mujeres que tomaron el curso tenían largos historiales depresivos, y todas tomaban medicamentos para ello, algunas los habían tomado por años. Yo las veía a ellas "peor" que yo, pero ahora creo que mi férrea aprehensión era lo único que me hacía creer que "yo no estaba tan mal". En realidad, yo era otro caso más y también pude estar medicada para salir de la depresión, aunque mi ignorancia nunca me llevó a ello, y nadie me lo recomendó.
Después del curso, intenté meditar en casa algunas ocasiones. En realidad no pude hacerlo. Fue hasta que me encontré con R, un año después, que volví a experimentar la meditación, una mañana que me invitó a meditar juntos. Me senté en su banco de meditación, y se me durmieron las piernas. No supe mucho qué hacer y mi cabeza divagaba constantemente. Traté de seguir mi respiración, pero me distraje muchas veces. Finalmente terminamos. Cuando pienso en aquella mujer que se sentó a meditar con R, tampoco me reconozco mucho. Había mucho ego en esa meditación.
R me recomendó "La meditación deconstruida", de Juan Ignacio Iglesias. Intenté leerlo una vez pero no pude, nada me parecía claro, al contrario, usaba un estilo rebuscado y pesado. Lo dejé. Sin embargo, después tomé el curso de la técnica y aprendí mi primera meditación guiada. Ese mapa mental me permitió sentarme a meditar con un "objetivo", y una historia qué seguir. Así que empecé a hacerlo regularmente, y así pude empezar a entrar en estados profundos de meditación, o lo que me parece que son estados profundos.
Hace algunos meses volvi a tomar el libro de Iglesias y lo pude leer casi de corrido. No sólo es excelente, sino que es un libro para releerse muchas veces en la vida. Vaya, es necesario consultarlo seguido. El autor hace un minucioso análisis de por qué meditar, para qué, cómo, con qué sentido, por qué buscar un sentido al meditar, y en qué fallamos cuando intentamos meditar para algo. Es sumamente interesante, pues la meditación es dinámica. Va cambiando en el tiempo. Crece. Decrece. Florece. Se apaga. Y así, cuando vamos meditando día tras día, vamos retirando las capas de la cebolla, la cebolla de nuestra vida como personas, de nuestra existencia como seres humanos, de nuestro sentido como seres con dimensión espiritual, y como experiencias energéticas breves y efímeras. Me gustó mucho leerlo.
La postura es importante en la meditación. Es interesante cómo la postura permite al que medita olvidarse del cuerpo para sumergirse en los reinos de la mente, pero si la postura no ha sido "dominada", sucederá todo lo contrario: la incomodidad mantendrá al meditador anclado al cuerpo. Es un ejercicio interesante. Quedarse quieto en una postura dónde la columna se encuentre recta, pero relajada, y dónde uno esté cómodo, pero no se quede dormido. Por ahora medito sentada. Sé que no es lo mejor, y menos cuando dejo la espalda descansar en el respaldo. Me gusta cuando veo a alguien que medita en posición de loto y con los empeines sobre las pantorrillas. Quizá sea interesante plantearme este año para alcanzar esa postura de meditación. No se requiere más que práctica y algo de flexibilidad que bien puede aumentarse con yoga.
A raíz de la lectura de J. I. Iglesias, ahora medito con cierta desconcertación, lo cual no creo que sea del todo malo. Es decir, no podemos juzgar la meditación como buena o mala, ni podemos decir que uno medita bien o mal, ni es necesario meditar con un fin o de una forma particular. Para mí, la autoinvitación es un reto a meditar sin sentido alguno, ni siquiera el de meditar. El reto es no juzgar, ni siquiera el hecho de no juzgar como bueno. La invitación es a dejarlo todo, todo, todo, el deseo, el ego, el sentido, todo. Dejarlo todo y sólo ser. Y quizá eso se puede hacer meditando, o no meditando también.
Cuando terminé el doctorado, tardé un año en mudarme al DF y durante ese año no hice mucho más que ejercicio físico. Es curioso, recuerdo esos meses como si me hubieran borrado todas las memorias que no fueran las de salir de casa e ir al gimnasio, correr, nadar, hacer abdominales. Eso lo hice por 6 meses quizá. tenía el cerebro completamente frito y estaba muy deprimida. Sin pensar demasiado, y de forma natural, mi atención se fue a mi cuerpo, a intentar recuperar lo que había perdido en 5 años de estar sentada más de 10 horas diarias frente a la computadora.
Cuando finalmente me mudé al DF, me enteré de un curso de "Meditación para evitar episodios de depresión". No recuerdo ni cómo me enteré, dónde lo leí o quién me dijo que eso existía. El hecho es que asistí al curso. Duró poco. Quizá 2 veces a la semana por 3 semanas. Ahí medité por primera vez. O al menos intenté hacerlo.
¡Qué locura la historia que sigue a raíz de ese curso! Casi no puedo reconocer a la mujer que se sentaba a meditar en ese curso, esa mujer que era yo, pero que ahora no me identifico casi con ella. El curso fue interesante por el hecho de introducirme a la meditación, aunque en ese momento no me pareció gran cosa. Lo que sí me pareció, es que no quería volver a sentirme deprimida nunca más, y que si eso iba a evitarlo, me servía mucho meditar. Me sentía sumamente triste y abatida. Tal vez ni siquiera sabía que llevaba meses en depresión, como suele suceder. El resto de las mujeres que tomaron el curso tenían largos historiales depresivos, y todas tomaban medicamentos para ello, algunas los habían tomado por años. Yo las veía a ellas "peor" que yo, pero ahora creo que mi férrea aprehensión era lo único que me hacía creer que "yo no estaba tan mal". En realidad, yo era otro caso más y también pude estar medicada para salir de la depresión, aunque mi ignorancia nunca me llevó a ello, y nadie me lo recomendó.
Después del curso, intenté meditar en casa algunas ocasiones. En realidad no pude hacerlo. Fue hasta que me encontré con R, un año después, que volví a experimentar la meditación, una mañana que me invitó a meditar juntos. Me senté en su banco de meditación, y se me durmieron las piernas. No supe mucho qué hacer y mi cabeza divagaba constantemente. Traté de seguir mi respiración, pero me distraje muchas veces. Finalmente terminamos. Cuando pienso en aquella mujer que se sentó a meditar con R, tampoco me reconozco mucho. Había mucho ego en esa meditación.
R me recomendó "La meditación deconstruida", de Juan Ignacio Iglesias. Intenté leerlo una vez pero no pude, nada me parecía claro, al contrario, usaba un estilo rebuscado y pesado. Lo dejé. Sin embargo, después tomé el curso de la técnica y aprendí mi primera meditación guiada. Ese mapa mental me permitió sentarme a meditar con un "objetivo", y una historia qué seguir. Así que empecé a hacerlo regularmente, y así pude empezar a entrar en estados profundos de meditación, o lo que me parece que son estados profundos.
Hace algunos meses volvi a tomar el libro de Iglesias y lo pude leer casi de corrido. No sólo es excelente, sino que es un libro para releerse muchas veces en la vida. Vaya, es necesario consultarlo seguido. El autor hace un minucioso análisis de por qué meditar, para qué, cómo, con qué sentido, por qué buscar un sentido al meditar, y en qué fallamos cuando intentamos meditar para algo. Es sumamente interesante, pues la meditación es dinámica. Va cambiando en el tiempo. Crece. Decrece. Florece. Se apaga. Y así, cuando vamos meditando día tras día, vamos retirando las capas de la cebolla, la cebolla de nuestra vida como personas, de nuestra existencia como seres humanos, de nuestro sentido como seres con dimensión espiritual, y como experiencias energéticas breves y efímeras. Me gustó mucho leerlo.
La postura es importante en la meditación. Es interesante cómo la postura permite al que medita olvidarse del cuerpo para sumergirse en los reinos de la mente, pero si la postura no ha sido "dominada", sucederá todo lo contrario: la incomodidad mantendrá al meditador anclado al cuerpo. Es un ejercicio interesante. Quedarse quieto en una postura dónde la columna se encuentre recta, pero relajada, y dónde uno esté cómodo, pero no se quede dormido. Por ahora medito sentada. Sé que no es lo mejor, y menos cuando dejo la espalda descansar en el respaldo. Me gusta cuando veo a alguien que medita en posición de loto y con los empeines sobre las pantorrillas. Quizá sea interesante plantearme este año para alcanzar esa postura de meditación. No se requiere más que práctica y algo de flexibilidad que bien puede aumentarse con yoga.
A raíz de la lectura de J. I. Iglesias, ahora medito con cierta desconcertación, lo cual no creo que sea del todo malo. Es decir, no podemos juzgar la meditación como buena o mala, ni podemos decir que uno medita bien o mal, ni es necesario meditar con un fin o de una forma particular. Para mí, la autoinvitación es un reto a meditar sin sentido alguno, ni siquiera el de meditar. El reto es no juzgar, ni siquiera el hecho de no juzgar como bueno. La invitación es a dejarlo todo, todo, todo, el deseo, el ego, el sentido, todo. Dejarlo todo y sólo ser. Y quizá eso se puede hacer meditando, o no meditando también.
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