May 31, 2013

La medicina

Después del viaje al desierto me había sentido completamente agotada, pero, sobre todo, vacía.
Cuando subíamos al Quemado no pude más, todos esos sentimientos negativos y emociones tóxicas se agolparon en mi pecho y en mi cabeza y no podía dejar de pensar en ellos.
De pronto me detuve, me estaban comiendo viva.
No me quedó más remedio que dejarlos salir.
En forma de llanto, un llanto muy profundo, muy sentido y que me permitió liberarlo todo al exterior.  En ese momento no se sintió el consuelo, no se sintió un descanso.
Sin embargo, como no recuerdo que me haya sucedido antes, no podía dejar de llorar.
Lloraba, lloraba y lloraba.
Y en ese llanto se iban yendo, ahora veo, todas esas emociones negativas.

Él vino a sentarse a mi lado cuando le pedí al grupo que se adelantara.
En verdad no quería seguir.
No había ritual alguno que pudiera justificar, o costumbre o tradición que me hiciera seguir.
Era mi proceso, mi momento, independiente de lo que habíamos ido a hacer o la relación con el grupo.
Y necesitaba parar por mí.
Quiso acompañarme un momento, yo no podía dejar de llorar.
Quería estar realmente sola.
Me dio gusto darme cuenta de ello, genuinamente quería estar sola.
No quería buscarlo, correr a sus brazos y decirle, "tú, por tu culpa", o decirle "tú, consuélame", ni decirle nada.
Simplemente ahora esta soy yo.
Soy yo la que tiene esta situación.
La que tiene esta circunstancia.
Soy yo.
No importa de dónde vino, no importa si esto fue por él, o es culpa de uno o de otro, o de quién sea.
El punto es que la realidad que ahora vivo es diferente.

Se alejó algunos pasos, no se fue mucho.
Yo seguí llorando.
No había enojo en mi llanto, eso también me sorprendió, no era un llanto de ira, no era un llanto de odio. Era un llanto de liberación... ni siquiera.
Era un llanto que se sentía, que se hacía necesario.
Que, en cada momento que se manifestaba, simplemente se justificaba a sí mismo por estar sucediendo.
Es más, cualquier palabra o explicación sobraba.
Poco a poco me fui calmando, se fue deteniendo, y fui resolviendo ponerme de pie y al menos alcanzar al grupo.
No quería dar explicaciones, no quería decir a nadie me sucede esto, pobre de mí, esto es muy grave, nada de eso.
Así que me apresuré,tomé el camino y empecé a caminar.
Me di cuenta que él me observaba y estaba sentado a unos metros.
Y me vio cuando tomé mis cosas y empecé a caminar.
Pocas veces me pregunté si él sabría qué me sucedía, de todos modos no tenía caso.
Él estaba haciendo su propio trabajo y yo, llegar con este tipo de demandas, o buscando que de alguna forma él se sintonizara con mis emociones, ¡era ridículo!

Era ridículo.
Antes, cuando habíamos tenido esta conversación, él actuaba indiferente, parecía que él no tenía nada que ver en este asunto, y todo hubiera sido algo que yo viví independientemente de él.
Y yo sabía que él no deseaba tomar responsabilidad, decir lo siento, me equivoqué, no deseaba decir te cambié la vida, te la arruiné, no deseaba decir nada, no podía disculparse porque en la disculpa hubiera aceptado su responsabilidad y la gravedad de la situación y eso también resultaba doloroso para él.

Yo tampoco quería una disculpa, porque no iba a solucionar nada.
Yo sabía que él no lo había hecho con una mala intención, que no había sido adrede.
Había sido una distracción, un descuido grande.
Había sido un exceso de confianza, nos confiamos, y en esa confianza a mí... me habían cortado la cabeza.  En fin.
Seguí caminando y él me siguió.
Estaba a unos paso cerca de mí y me acerqué callada sin decir nada, vacía, vacía, sólo indicando, ya puedo caminar, entonces él me comentó algo sobre el día, que estaba hermoso, lleno de luz.
Cortó plantas y las olió, me las dio a oler y yo no tenia nada qué responder.
Empezó a caminar, y caminé.

Llegamos con el grupo, nos sentamos, era el cierre de la travesía, la despedida.
Y cuando él dijo su rezo yo entendí que él estaba viviendo otra cosa, su propio proceso, y me alegré de no haberle comentado nada y dejarlo en su sintonia.
Agradeciendo lo que agradeció y pidiendo lo que pidió.
Él vivía todo de otra forma y yo no tenía derecho a exigir que lo viviera como yo.

Yo no dije nada, era una situación sin remedio.
No había remedio a la situación.
Sin embargo, después bajamos al pueblo y desayunamos.
En el desayuno me recuperé, me hizo bien comer y tomar dos jugos de naranja gigantes.

Después salimos a caminar por el pueblo y nos separamos él y yo del grupo.
Quizá en ese momento por primera vez en varios días regresamos a nuestras posiciones sociales, a nuestros papeles interactuantes dónde había entre nosotros cierto vínculo y se veía quién tenía qué ver con quién, y se aceptaba.

Dimos unos pasos, él y yo juntos, entre mucha gente.
Entonces le dije, me cuesta mucho trabajo esta situación.

Entonces él pudo, quizá, comprender, no lo sé, qué era lo que estaba sucediendo.
Qué era lo que estaba doliendo.
Y él dijo, lamento que lo tengas qué vivir así.
Eso fue un comentario curioso, porque tiene razón, de alguna forma yo lo estoy viviendo o lo vivi en ese momento de esta forma porque lo tengo que vivir así.
Porque en mi historia de esta vida éste es un reto grande que existe.
Éste es un nuevo planteamiento muy fuerte que yo no sé cómo abordar, yo no sé cómo recibir, cómo manejar.
Y en efecto, esa ignorancia me causa sufrimiento y dolor, y entonces pareciera que yo lo tengo que vivir así para cruzarlo, para avanzar, para trascenderlo, superarlo, si que esto es posible.
Y para que llegue esto, mientras tanto, es necesario que lo viva de forma dolorosa, hiriente, de esta forma cambiante, con un dolor que con su fuego me va cambiando, me va aclarando, liberando, pero también me va asentando y forzándome a madurar de una forma seria y seca, pero no amargada, sino de una forma contundente.

Y me abrazó y me llenó de besos.
Y esto me consoló.
No porque fuera él, sino por mí misma, por la situación que vivo, independientemente de la relación que él tiene con ella.
Quizá en ese momento lo separé de la situación.
Quizá en ese momento me di cuenta de que él ya no es responsable, no es culpable.
La única responsable soy yo.
La unica que puede acutar soy yo.
Y no hay forma de volver al pasado.
Y el presente es ahora como es.
Y el presente es sólo mío.
Y él no está ahí.

Seguimos caminando y encontramos lugares y objetos, y yo me sentía tan pequeña y tan débil, tan vacía y tan indefensa ante el problema.
Ahhhhhhhhhhhh, viviéndolo profundamente.
Llegamos a una tienda muy linda y entramos, y una chica hermosa la atendía y decía cosas bonitas.
Y había ahí una pulsera turquesa.
Y él me dijo, ¿te gusta?
Claro que sí, si el turquesa me gusta mucho.
Entonces la tomó y la envolvió en mi muñeca.
Y silenciosamente, sin decir mucho más, me la dio, en un gesto que ahora me es entrañable...tan valioso.
Por un momento intenté penetrar en el significado de las emociones que surgen de ese gesto.

Quizá para mi fue como una pequeña reparación de esa grieta silenciosa entre nosotros.
Tan grande.
Con ese gesto tan pequeño, yo pude reafirmar que lo perdonaba.
Aunque él es quién hizo el obsequio.

  

May 6, 2013

El vértigo

No entiendo aún de dónde viene este vértigo que me esta sorprendiendo por las noches. Cuando se acerca la hora de dormir, me preparo y me voy a la cama, y miro mi rincón de meditación o mi biblioteca, y pienso, debería meditar, debería leer, pero se quedan en mediocres deseos y me meto en la cama con el iPad en la mano, y comienzo... Y cuando me doy cuenta ya se han pasado por mucho las horas en qué antes me iba a dormir, y no puedo detenerme aunque se me cierran los ojos y estoy deshidratada, y sé que debajo de ese postergar el momento de apagar la luz hay miedo, incertidumbre, ansiedad, aprehensión, que no sé muy bien si dormirme por la hora o para pretender que no me siento así, y me doy cuenta de que son los perros que ladran y no están dormidos, los vecinos, el lugar con su inseguridad, el futuro con su panorama oscuro de soledad perpetua y la ausencia de testigos, y ahí me detengo porque si no me sigo y entonces sí no duermo por otro par de horas, como ahorita...

Mar 24, 2013

Finalmente sucedió la mudanza. No fue sencillo planearla y menos realizarla. Ese vértigo me acompañó por semanas y no se ha ido del todo. Era miedo, simple miedo a diversas incertidumbres. Esto me recuerda qué sigo aferrándome a tener el control. Debo seguir trabajando en soltarlo.

Mudarme no me acercó a mis afectos cómo pensaba qué sucedería. Si acaso, me colocó en posición de estar más disponible para ellos en el sentido de que ausentarme ya no tiene sentido. Es curioso, estoy mucho más cerca de todos pero mi soledad es la misma. Finalmente vivo, hago, como, duermo sola.

Mis animales están bien y recibieron la mudanza muy bien. Se han adaptado a la nueva casa y poco a poco establecemos un ritmo de vida nuevo. Al verme forzada a prestarles mucha más atención, no me ha quedado tiempo o ganas para la televisión. Difícilmente tengo tiempo para leer tanto como quisiera.

Mi familia vive su propia realidad con ahínco. Me cuesta un poco relacionarse con ellos. A veces no deseo hablar por teléfono y tener qué explicar mis cosas. Tengo un remoto deseo de no justificarme ante nadie, y de que las cosas sucedan repentina e instantáneamente. Sin avisos o explicaciones. Sin que nadie me pregunte nada. Mientras tanto, su vida y la mía se acentúan en sus diferencias.

Tengo ganas de escribir esa novela.

Feb 2, 2013

Observadora

Ayer viajé a la selva de nuevo. Realmente no tenía ganas de ir, pero tenía que hacerlo si quería liberarme de ese compromiso por un tiempo. Como estaba tan cansada y sin ganas, decidí viajar, pero sin involucrarme en los eventos más allá de estar físicamente presente, no preocuparme por nada -ni alegrarme tampoco- y salir del paso sin demasiado esfuerzo. No sé exactamente qué fórmula apliqué, tan sólo moví mi cuerpo, lo hice empacar, subir al auto, salir, conducir, llegar, escuchar, decir algunas palabras, partir. Estuve muy presente, pero desprendida.  Tuve otros compromisos al regreso que también experimenté de esa forma desapegada, casi indiferente. El mundo pareció una inmensa película frente a mí. Todo, absolutamente todo, menos el silencio de adentro de mi cuerpo, me pareció ilusorio.

Te amo, lo siento, perdóname, gracias, te amo, lo siento, lo siento, te amo, te amo, lo siento, gracias, perdóname, perdóname, te amo, lo siento, lo siento, te amo, gracias, te amo, gracias, lo siento, gracias... Repetí frenéticamente en mi mente durante las horas de conducir, dirigido a mí, a todos, a nada, al mundo irreal, al silencio en mi interior. Llevo un tiempo pidiendo saber por qué estoy aquí. Te amo, lo siento, perdóname, gracias: a la solicitud, a la respuesta, a todo lo que ha sido pero estoy olvidando, al fenómeno, al fenómeno, al sonido, a...

Empecé a leer El Conocimiento Silencioso, de Castañeda y me golpeó con fuerza la seca descripción de un mundo subyacente a éste de compromisos y palabras. Aquel mundo no está preocupado por nada de lo que sucede en éste, simplemente se concentra en hacer lo suyo, en abrir portales, descifrar mensajes, establecer comprensiones, mover energías y otras artes subterráneas. Interesante, pensé, estoy lejos de ese mundo, pero a él quiero pertenecer, más que a éste. Parece contradictorio, pero ¿qué sentido habría de estar aquí si no fuera el de penetrar allá?  Quiero decir, este mundo es todo construido. Fuera de lo construido, lo anterior - lo natural - no tiene ni lenguaje, ni palabra, ni pensamiento. Entonces todo lo que es producto del pensamiento, incluído el lenguaje, o producto del lenguaje, incluído el pensamiento, es creado, artificial, por así decirlo.  ¿Por qué estoy aquí finalmente?  Deseo conocer la respuesta.  Y sin embargo, desearlo es como mancharlo de pesadez y defectibilidad... Hay que penetrarlo sin pensarlo, sólo hay que actuar.

Tal vez no sea el momento de interactuar con otros seres, pensé, de buscar su aprobación o voluntad. Es momento de actuar con uno mismo, hacia adentro, todo lo que se pueda, y aún más. Hay tiempo ahora. Es tiempo de aprovechar este portal. Seguí en estas cavilaciones durante mi regreso. Sentí que la mente hablaba, pero sin los accesorios de siempre. Sentí desapego a casi todo, casi un estado de silencio total. Pude haberme quedado en silencio por años, sin hablar con nadie más. Fue agradable, pero más que agradable, fue evidente.

Llevo días con un nudo en el estómago y un frío adentro del homóplato derecho.  Pero me los explico bien.  Me parece que es la mente que me quiere involucrar con el fenómeno y quiere llamar la atención del observador, quiere llamar toda su atención, hasta que no atienda nada más que el miedo, la ansiedad, la aprehensión, el estrés, la angustia, y al no hacerle caso, se hace más intenso el dolor.  He tratado de respirarlo hacia afuera.  Y de nuevo te amo, lo siento, perdóname, gracias.

En el otro libro que consulté acerca de desarrollar la intuición, la autora sugiere una serie de acciones para acrecentar las percepciones extrasensoriales. Tales son: enfocar la intención y estar atento, mantener un diario con todo tipo de eventos, sueños o experiencias intuitivas, buscar la compañía de personas en sintonía intuitiva, buscar buenos maestros, buscar momentos de soledad, pasar tiempo en la naturaleza, estar presente y alerta, meditar frecuentemente y de forma estructurada, hacer ejercicio físico, demostrar consciencia y discriminación al comer y beber, conocerse a uno mismo, mantenerse alerta del propio cuerpo, comprobar las intuiciones con información externa brindada por otras personas, bajar el ritmo de vida en general, participar en actividades artísticas, ser juguetón y participar en juegos, orar o rezar, construir espacio sagrado y crear rituales, decir la verdad, observar las parafernalias del ego, practicar la bondad, practicar el perdón, y finalmente amplificar los sentimientos de amor y gratitud.  La autora se basa en entrevistas cualitativas que realizó a 43 personas con capacidades de percepción extrasensorial.

Al leerlos, me parecieron muy buenas recomendaciones, habria que seguir la receta, sin embargo, ahora me pareció algo primitivo, eran interesantes y útiles, si, pero también implicaban que existe una receta o fórmula para activar lo que está dormido.  Como si mediante las acciones pudiera llamársele.  De nuevo mi reacción ante los simbolos, tal vez, que juzgo limitados en cierta forma. Tuve la sensación de que algo más serio y fuerte subyacía a las acciones y esto era un giro en la energía interna y externa de uno, una especie de autopromesa, un cuasi-voto interior y silencioso de que algo era invitado a suceder. Le falta un ritual, pensé. Tal vez no eran tan primitivas las recomendaciones después de todo.

Sigo moviendo el cuerpo para llevarlo a hacer lo que la persona se ha comprometido a hacer. Aparentemente, la mente está sumisa, no involucrada. El silencio interior perdura con fuerza. No deseo hablar con nadie. No deseo escuchar palabras.

Jan 13, 2013

sentarse

Finalmente, ¿qué es el sentarse a meditar?, ¿de qué forma ejecutarlo auténticamente?  Cuando inicié este blog yo no había meditado nunca.  Había escuchado de ello, pero no me sonaba a algo para mí.  Ni siquiera recuerdo qué pensaba al respecto de meditar en aquellos tiempos.

Cuando terminé el doctorado, tardé un año en mudarme al DF y durante ese año no hice mucho más que ejercicio físico.  Es curioso, recuerdo esos meses como si me hubieran borrado todas las memorias que no fueran las de salir de casa e ir al gimnasio, correr, nadar, hacer abdominales.  Eso lo hice por 6 meses quizá. tenía el cerebro completamente frito y estaba muy deprimida.  Sin pensar demasiado, y de forma natural, mi atención se fue a mi cuerpo, a intentar recuperar lo que había perdido en 5 años de estar sentada más de 10 horas diarias frente a la computadora.

Cuando finalmente me mudé al DF, me enteré de un curso de "Meditación para evitar episodios de depresión".  No recuerdo ni cómo me enteré, dónde lo leí o quién me dijo que eso existía. El hecho es que asistí al curso. Duró poco. Quizá 2 veces a la semana por 3 semanas. Ahí medité por primera vez.  O al menos intenté hacerlo.

¡Qué locura la historia que sigue a raíz de ese curso!  Casi no puedo reconocer a la mujer que se sentaba a meditar en ese curso, esa mujer que era yo, pero que ahora no me identifico casi con ella.  El curso fue interesante por el hecho de introducirme a la meditación, aunque en ese momento no me pareció gran cosa.  Lo que sí me pareció, es que no quería volver a sentirme deprimida nunca más, y que si eso iba a evitarlo, me servía mucho meditar.  Me sentía sumamente triste y abatida.  Tal vez ni siquiera sabía que llevaba meses en depresión, como suele suceder.  El resto de las mujeres que tomaron el curso tenían largos historiales depresivos, y todas tomaban medicamentos para ello, algunas los habían tomado por años.  Yo las veía a ellas "peor" que yo, pero ahora creo que mi férrea aprehensión era lo único que me hacía creer que "yo no estaba tan mal".  En realidad, yo era otro caso más y también pude estar medicada para salir de la depresión, aunque mi ignorancia nunca me llevó a ello, y nadie me lo recomendó.

Después del curso, intenté meditar en casa algunas ocasiones.  En realidad no pude hacerlo.  Fue hasta que me encontré con R, un año después, que volví a experimentar la meditación, una mañana que me invitó a meditar juntos.  Me senté en su banco de meditación, y se me durmieron las piernas.  No supe mucho qué hacer y mi cabeza divagaba constantemente. Traté de seguir mi respiración, pero me distraje muchas veces. Finalmente terminamos.  Cuando pienso en aquella mujer que se sentó a meditar con R, tampoco me reconozco mucho.  Había mucho ego en esa meditación.

R me recomendó "La meditación deconstruida", de Juan Ignacio Iglesias.  Intenté leerlo una vez pero no pude, nada me parecía claro, al contrario, usaba un estilo rebuscado y pesado.  Lo dejé.  Sin embargo, después tomé el curso de la técnica y aprendí mi primera meditación guiada.  Ese mapa mental me permitió sentarme a meditar con un "objetivo", y una historia qué seguir.  Así que empecé a hacerlo regularmente, y así pude empezar a entrar en estados profundos de meditación, o lo que me parece que son estados profundos.

Hace algunos meses volvi a tomar el libro de Iglesias y lo pude leer casi de corrido.  No sólo es excelente, sino que es un libro para releerse muchas veces en la vida.  Vaya, es necesario consultarlo seguido.  El autor hace un minucioso análisis de por qué meditar, para qué, cómo, con qué sentido, por qué buscar un sentido al meditar, y en qué fallamos cuando intentamos meditar para algo.  Es sumamente interesante, pues la meditación es dinámica.  Va cambiando en el tiempo.  Crece.  Decrece.  Florece.  Se apaga.  Y así, cuando vamos meditando día tras día, vamos retirando las capas de la cebolla, la cebolla de nuestra vida como personas, de nuestra existencia como seres humanos, de nuestro sentido como seres con dimensión espiritual, y como experiencias energéticas breves y efímeras.  Me gustó mucho leerlo.

La postura es importante en la meditación.  Es interesante cómo la postura permite al que medita olvidarse del cuerpo para sumergirse en los reinos de la mente, pero si la postura no ha sido "dominada", sucederá todo lo contrario: la incomodidad mantendrá al meditador anclado al cuerpo.  Es un ejercicio interesante. Quedarse quieto en una postura dónde la columna se encuentre recta, pero relajada, y dónde uno esté cómodo, pero no se quede dormido.  Por ahora medito sentada.  Sé que no es lo mejor, y menos cuando dejo la espalda descansar en el respaldo.  Me gusta cuando veo a alguien que medita en posición de loto y con los empeines sobre las pantorrillas.  Quizá sea interesante plantearme este año para alcanzar esa postura de meditación. No se requiere más que práctica y algo de flexibilidad que bien puede aumentarse con yoga.

A raíz de la lectura de J. I. Iglesias, ahora medito con cierta desconcertación, lo cual no creo que sea del todo malo.  Es decir, no podemos juzgar la meditación como buena o mala, ni podemos decir que uno medita bien o mal, ni es necesario meditar con un fin o de una forma particular. Para mí, la autoinvitación es un reto a meditar sin sentido alguno, ni siquiera el de meditar.  El reto es no juzgar, ni siquiera el hecho de no juzgar como bueno. La invitación es a dejarlo todo, todo, todo, el deseo, el ego, el sentido, todo.  Dejarlo todo y sólo ser.  Y quizá eso se puede hacer meditando, o no meditando también.

Jan 9, 2013

el deseo

de pronto me vino un cansancio ante tanta demanda de cambio: supérate, mejórate, entiéndete, estate presente a cada momento, respira, vuélvete más natural, vuélvete más espiritual, vuélvete más humano, controla tus demonios, contrólate, vuélvete más sensible, conéctate con el interior, conéctate con el exterior, no discrimines, no juzgues, no pienses tanto, no sufras, medita, ora, canta, muévete, decídete, encuentra el propósito, síguelo, sé coherente, sé responsable, contente, contente...

e inmediatamente estuvo claro.  sólo estás persiguiendo algo.  lo haces automáticamente porque no te das cuenta de que -bajo la superficie- tienes la creencia de que hay esperanza, de que algo puede mejorar, tienes fe de cambiar, crees que vale la pena, y no te detienes y sólo intentas cambiar todo el tiempo, para alcanzar eso, salir de lo conocido, ser una especie de innovador de vidas, demostrar a otros que no eres lo mismo, y, sobre todo, entender de qué trata todo.  pero sin esa fe en el cambio no te moverías de dónde estás ni un milímetro. se ha develado el deseo más sutil y recóndito, el deseo subconsciente, el que estaba supeditado a la premisa de que el cambio es posible -y tal vez hasta necesario. o que de alguna forma el cambio está justificado por sí mismo.

bah! tíralo todo! empieza de nuevo, pero sin fe, sin esperanza. ¿puedes hacer algo - lo que sea - absolutamente excento de apego al resultado?


Jan 8, 2013

el delgado hilo

...quizá cuando estoy contigo las veinticuatro horas me siento algo observada o pública, vulnerable o expuesta, siempre pendiente de qué hago o qué digo, desconcertada ante tu silencio o tu malestar, consternada por sacarte de tu propia paz... y cuando nos separamos recupero mi silencio y mi espacio, mi intimidad, mi propiedad de mí misma, de mis horas y mi cuerpo sin testigo, y tardo algo en salir del estado de alerta, casi puedo sentir que me falta algo, que me falta algo que es lo que me quitaba lo que me ha sido devuelto, y lo observo más de cerca y me doy cuenta de que es ese hilo, ese delgado hilo que hace que las personas se fundan y se confundan, y se olviden de sí mismas y se conviertan en nosotros, y quizá ni se den cuenta y se entreguen jubilosas a la danza por siempre acompañada, y no estoy segura que asi sería para mí si estuviera contigo siempre...y de todas formas, finalmente entiendo lo que desde el principio me provocó analizar todo esto: me haces falta.  te extraño.

Dec 20, 2012

la traición

El libro de Lise Bourbeau bien describe la herida de traición.  La herida de traición está inflingida por el progenitor del sexo opuesto y se crea debido a un complejo de Edipo no resuelto.  La atracción entre el progenitor del sexo opuesto y el niño es tan grande, que el niño busca inconcientemente seducir al progenitor del sexo opuesto, y cuando esto no sucede, el niño se siente traicionado.  La máscara que corresponde a una importante herida de traición es la del controlador.  El controlador buscará a toda costa controlar todas las variables a su alrededor para evitar ser traicionado, y si por casualidad se encuentra con situaciones en dónde se siente traicionado, puede enfurecerse con facilidad.

Mi herida de traición es importante y así lo demuestra mi cuerpo, pues mis caderas son prominentes y  mi trasero también.  Sin embargo, recientemente, he podido apreciar que mi herida de traición se ve acrecentada por la de mi mamá, que tiene una herida de traición aparentemente importante.  Estos meses me he dado cuenta de que sus suposiciones sobre los motivos por los que los demás hacen o deshacen las cosas son generalmente en torno a engañarla, abusar de ella, mentirle, sacar provecho, etc. Así, declara con toda seguridad que tal o cual persona está mintiendo, o dice lo que dice con el objetivo de engañarla, o engañarme.

Sus palabras resuenan en mí de una forma desagradable.  Yo quiero confiar, yo confío, pero ella me llama a desconfiar, a dudar, y, callada, termino concluyendo que no tengo buen sentido de apreciación (mi propia inseguridad toma su lugar aquí y me cuesta mucho desvanecerla).  Si me descuido, yo misma quiero controlarlo todo, controlarla hasta a ella y a su herida de traición.  Me provoca decirle "ya no pienses así, piensa de esta otra forma"... e inmediatamente me doy cuenta: si yo quiero que ella piense de determinada forma, esto también es control.

Lo siguiente que hace es culparse por todo lo que sale mal (también un rasgo del controlador).  No debió decir esto o aquello no hubiera pasado, no debió hacer aquello y así esto no hubiera sucedido.  Me dan ganas de salir corriendo y gritando por la calle, ¡no todo es tu culpa, no todo es tu culpa!!!!!  Realmente resuena en un lugar incómodo dentro de mí. Mi propio trabajo con la culpa es profundo y constante. Me cuesta mucho trabajo superar las situaciones dónde la persona siente que tiene toda la culpa (se condena sin segunda oportunidad) o aquellas cuando la persona no se hace responsable de nada (en ese caso resuena en mí la traición del que no responde por sus actos).


Todavía no sé cómo trascender esto.  Pero lo voy observando más de cerca, cada vez más de cerca, hasta que pueda verlo claramente, y resolverlo.

la caída de los modelos

Otra cosa interesante que me ha sucedido recientemente es la absoluta caída de los clichés y modelos a los que tanto tiempo apelé como símbolos de la felicidad perseguida.  Eso de cenar en la playa con velas y con música romántica me parece igual que sentarse en una banca a charlar sin vista alguna.  Eso de recibir un anillo como símbolo de unión de vida a otra persona me parece igual que acordarlo de cualquier otra forma que no necesariamente tiene que ser sorpresa, romántica o en algún lugar caracterizado por su encanto para ello.  Eso de realizar un proyecto con "éxito" me parece igual que realizar cualquier otro, aunque no necesariamente se produzca un bienestar muy grande para muchas personas, o mucha abundancia o ganancias para los participantes.

Y esa caída de los modelos simbólicos me ha permitido disfrutarlo todo, aceptarlo todo, abrazarlo todo, sin compararlo con nada para catalogarlo en una escala de valores.  Sentirme completa en todo instante, sin playa, sin anillo, sin proyecto.  Sentirme completa con vida o sin ella.

experimentar confianza

Es muy curioso.  Desde que tomé esta terapia entre espiritual y emocional en marzo o abril, me he sentido en general bien, no tan abrumada por la vida.  No fue un cambio inmediato, es algo que ha ido sucediendo gradualmente, al menos en este tiempo de días, semanas y meses. Aunque he tenido mis momentos de angustia, han sido manejables, una parte de mí que no conocía parece conservar la calma y no pasa a mayores la situación.  Algunos momentos después me doy cuenta de que todo ha retornado a la normalidad y aquella otra parte de mí no se siente mal más.  ¿Qué ha sucedido realmente?  No lo comprendí hasta hace algunos días, mientras leía el manual que me instruye a ser terapeuta del mismo tipo de terapia que recibí.

En el manual, la autora especifica que, durante una sesión de terapia, el terapeuta puede insertar sentimientos en la persona que recibe la terapia que ésta no haya experimentado nunca, y con ello, darle la oportunidad para sentir estos sentimientos conocidos pero no experimentados.  Así que algunos sentimientos que me fueron insertados durante los cursos y terapias que tomé bajo los principios de este método sonaban conocidos para mí, pero ignoraba si los había experimentado alguna vez o no.  Así, "sé lo que es y lo que se siente estar siempre conectado con el Creador", u otro, "sé lo que es y lo que se siente saber que puedo confiar en el Creador", y aún otro, "sé lo que es y lo que se siente confiar en mí misma", "sé lo que es y lo que se siente amarme a mí misma", "sé lo que es y lo que se siente saber que nunca me falta nada y siempre estoy con el Creador", y así otros tantos, me fueron insertados.

Y hasta que leía el manual me di cuenta de que eso justamente es lo que había pasado y estaba pasando.  Me siento mucho mejor, alegre, ligera, confiada, acepante de mi vida ecléctica como es y sin plan para la siguiente temporada, y es eso justamente, todos esos sentimientos que yo conocía pero nunca había experimentado. No sabía cómo describir la sensación, sólo atinaba a expresar "me siento bien", pero no es "bien", sino es una especie de silencio-calma-contentamiento que me llena desde el fondo, y casi no se puede explicar.  Quizá el sentimiento más sobresaliente de todos es éste: no importa lo que pase, tengo una confianza arrasadora de que todo estará bien, una especie de seguridad álmica, profunda y contundente, que se va por ratos cada vez más breves, y regresa como olas que van creciendo, hasta que revientan en la orilla y lo mojan todo, todo, todo. 

pasajero

Me sucede a veces que estoy en un lugar cualquiera, sola o acompañada, y de pronto me viene una nostalgia sutil, que siento hasta el fondo del cerebro, atrás, por un hombre que nunca conocí, no sé si soy yo en otro tiempo, o quién es, y lo veo con una piel blanca y un traje oscuro, una bufanda o corbata gris y un semblante preocupado, con poco pelo de un color castano claro, y va con prisa y angustia hacia algún lado.  Es por centésimas de segundo que puedo percibirlo, aunque no lo veo, y puedo sentir su angustia y su prisa y su incomodidad y su sensación de no pertenencia.  Y al segundo siguiente se ha ido todo y estoy de nuevo en el mundo del polvo y el ruido, el tráfico y la calle.

Sep 16, 2012

larga crónica de amanecer



25 de octubre de 2012.
Vuelo DF-Madrid por boda de JM.

Hace semanas quiero escribir.  A veces me llegan sensaciones o pensamientos que me parecen esenciales y únicos, y me imagino escribiéndolos en ese mismo instante.  Otra cosa estaré haciendo y no puedo escribir en ese momento.  O entro a la computadora con esa intención y finalmente me dejo llevar por la inercia de visitar los sitios ociosos que absorben horas en la nada.

Pero ahora no puede ser así. No hay Internet en el avión y tengo esta pequeña computadora que al menos me permite vaciar todo lo que he traído adentro por días, meses.  Qué curioso.  Siempre ando buscando el sentido de las situaciones y ahora pienso que quizá sea éste el único sentido de este viaje. Aunque todavía no sé qué me espera durante su desarrollo.

Siento esta necesidad de hacer una reseña de mi vida entera y luego guardarla en un baúl viejo dónde se ponen cosas que no es necesario ver antes de 50 años. Ya me parece que está lejos. Por algún motivo sigo sintiendo la necesidad de decir: esto ha pasado, ha sido así; como si quisiera dejar bien claro cuánto han cambiado las cosas y cuán diferente de antes me siento.  No puedo acentuar con suficiente fuerza lo diferente que es la vida para mí.  Ni siquiera siento que la situación actual sea continuación de la situación anterior. Me parecen dos situaciones por completo independientes.

Cuando miro a los años que pasé en Morelia, me parece que vivía en un estado de hipnotismo profundo, como supongo que se sienten los zombis.  Aunque en ese momento me parecía estar bien consciente de mi vida, ahora la miro y pienso que no estaba consciente de absolutamente nada.  Definitivamente un parte aguas de ese período fue la experiencia de F.  Ahora entiendo por qué fue todo eso tan doloroso, por qué la depresión y los meses de llorar, por qué la caída al vacío y hasta con un gusto cínico por la melancolía. Con esa experiencia podía declarar al fin que no había sentido en nada.  Llegué a concluir con toda certeza que no había ser, energía o ente creador.  No había nada de nada. Ni esperanza. Qué equivocada estaba.

Fue necesario ese cataclismo para dar paso a lo que luego seguiría.  Cuando sucedió lo de F yo quedé atónita ante los eventos con una mujer que llamaré L. Sin embargo, no pude despertar inmediatamente de lo que entonces era mi realidad.  Me dije, los comunicadores animales existen, pero, ¿cómo lo hacen o qué significa que existen?, no lo sé, y el significado, pues bueh, supongo que significa que hay gente que hace cosas increíbles con la mente.  Punto.  No pude avanzar más en mi curiosidad.  La tristeza de la pérdida de F y la caída de todo el sistema que con tanto empecinamiento había sostenido me sobrepasaban. Me dediqué a terminar la tesis del doctorado, bloqueando –de nuevo deliberadamente- la posibilidad de abrir una puerta a un mundo desconocido y totalmente diferente.  Me recibí en 2008.  Habían pasado 10 años desde que me había enajenado con el trabajo.  Creo que no antes del día siguiente, empezó la desintegración de esa persona.

La inercia duró otros 3 años y pico. Me propuse seguir con el posdoctorado con un proyecto de un libro de xate, escribí algunas cosas sobre sistemas silvopastoriles, colaboré con un amigo para enviar un proyecto de restauración que no fue aprobado.  Todos estos trabajos no fructificaron.  Aún tenía la mente puesta en Chiapas, como algo que ha quedado pendiente de hacer y es necesario terminar, aunque carecía de sentido entonces y también ahora. Inició el trabajo con Pronatura y –como lo marcaba mi costumbre- me enajené con actividades científicas y laborales.  No disfruté ese trabajo.  Pero tampoco fui capaz de ver eso y expresarlo al término del tiempo de prueba, 3 meses. De nuevo me tomé todo personal y seguí con ello, la vieja costumbre del deber ante todo.  Pero este trabajo era mucho más incómodo que el del doctorado. Al menos en el doctorado todo el mundo me decía lo bien que lo hacía.  Sí.  A veces pienso que en verdad mi educación escolarizada apuntaba firmemente a algún puesto académico relevante. Tenía todo lo que se necesitaba, sobre todo la actitud, el ego.  Pero en este caso no eran actividades académicas ni lo hacía yo también como antes. En realidad, luchaba por terminar cada día.  Trabajaba con hombres indígenas, y no tenía que ser un genio para darme cuenta lo poco que yo ahí encajaba, y lo poco que encajaban todas mis creencias con ello.

Por otro lado, volví a los escenarios de destrucción de la naturaleza.  Seguí pasándola muy mal por eso.  Bosques talados, plantas tiradas que tardan en florecer 18 años.  Hombres que comercializan con ellas.  No vale la pena ahondar, el caso es que era muy desagradable.  Me costaba mucho trabajo enfrentar todo eso, porque en ese tiempo todavía me involucraba por completo en las situaciones, como si el mundo que vivimos fuera real, y valiera la pena tomar un papel de la lista y actuarlo en la obra que todos actuamos. Yo también creía que debía participar. Y, al igual que pensaba que mi papel era fundamental, me afectaban los papeles que desempeñaban los otros.  Mi ego estaba bien apeado de mi cuerpo. Toda yo me lo creía todo.
 
Ahora me viene un cansancio de imaginarme todo lo que siguió.  Me detengo y me quedo abrumada por aquellas situaciones.  Tal vez este ejercicio de dejarlas aquí descansar en el papel me sirva para no recordarlas con tanta pesadez.  Tal vez puedo recordarlas en el futuro, como un extraño programa de tele que vi y que era muy azotado, pero que no tuvo mayor trascendencia y que acepto como parte de la realidad.

Lo curioso es que todo fue sucediendo gradualmente, muy gradualmente.  Ahora me parece que esto-que-ahora-es, sucedió de sopetón, pero no fue así.  Si lo queremos ver así, esto-que-ahora-es viene sucediendo desde el día que nací (sólo parece ser así, pero quizá desde antes). Tenía que ser hasta ahora que yo podría darme cuenta de todo esto.  No pudo ser antes.  Me traiciono pensando que me pude ahorrar todo eso, pero al mismo tiempo pienso que, si me lo hubiera ahorrado, tampoco eso sería garantía de haberme dado cuenta de lo que sucedía. Es decir, el estado mental actual parece sólo ser posible dados todos los estados mentales anteriores.  Pareciera imposible hacerlo surgir de otras casualidades, quizá, menos traumáticas. Nada es casualidad, y al mismo tiempo nada no está escrito. Apoyar y refutar esta hipótesis es lo que ahora me hace pensar un poco.  Pero ese es tema muy reciente. Más tarde hablaré de eso.

Regresando a las reflexiones anteriores, fue hasta que terminó el trabajo de Pronatura que pude plantearme las preguntas que había evitado plantearme antes.  ¿Qué es importante, qué no?, ¿qué hacer en la vida, con qué sentido?, ¿qué vale la pena perseguir…o, hay algo que valga la pena perseguir?, ¿para qué, para quién?  La respuesta a todas estas preguntas quedó desierta poco a poco.  No me había atrevido a dejarlas sin responder, como amerita, pero gradualmente me fui atreviendo.  Y todo gracias a – o como producto de- encuentros providenciales que tuve.

5 de noviembre de 2012.
Regreso de Madrid a Mex.

Desde que era niña, me preguntaba dónde estaba el Universo, o qué era todo esto – la vida – que sucedía ante nosotros.  De alguna forma me acompañaba siempre una duda profunda sobre la realidad.  ¿Por qué la consciencia?, ¿por qué la religión?, ¿por qué la cultura?, ¿por qué yo?  La verdad es que nada quedaba aclarado.  Tenía qué seguir con mis pequeñas obligaciones pasara lo que pasara. Viví el tumulto emocional usual de los seres humanos.  Mi infancia fue sombría, pero no tétrica.  Mi adolescencia fue voraz hasta conmigo misma.  Mis veintes fueron intensos, ora creativos, ora destructivos. Todo ese tiempo viví el dualismo absoluto.  Yo – un sujeto real – estaba aquí.  Dios – o como queráis llamarle – estaba quién sabe dónde.  Aprendí a ver el mundo a través del método científico. Pasé muchos años así, con una rigidez considerable.

Cuando terminé el doctorado regresé al DF.  Pocos meses antes había re contactado con M, mi amiga de la prepa. Ella había vivido su propia aventura y tenía 2 hijas grandes, una casa y un divorcio.  M ya estaba buscando experiencias que le permitieran aumentar sus niveles de consciencia. Yo seguía con mi rigidez pero no estaba cerrada a probarlas.  M me habló de unos talleres vivenciales.  Ella había asistido al Juego del Samurái, dónde los participantes descubren qué estrategias usan para salir adelante en la vida. Dentro de sus vivencias, había concluido que nada era grave en realidad, ni siquiera la muerte.  Éste era un pensamiento nuevo que no había pasado por mi cabeza nunca.  La muerte era realmente lo peor que yo podía concebir en cualquier situación.  La escuché atentamente mientras veía desintegrarse el velo sagrado del concepto del fin irreversible.

M también me comentó sobre el taller de sexualidad.  Asistí. Fue una experiencia maravillosa.  Después de años de ropa de hombre y método científico, reconecté con mi feminidad. Fue como darme cuenta que era una mujer, que puede ser sensual, que puede resultar atractiva, que puede amar su cuerpo, que puede aceptarse a sí misma, qué puede dar vida de muchas formas. Qué baja era mi autoestima.  Vivía todavía un profundo dualismo y, en él, estaba peleada con mi propio cuerpo humano.  Esta reconciliación fue muy importante para lo que siguió.

M también me habló sobre el match. Ella había conocido a algunos hombres ahí.  Yo llevaba sufriendo intensamente por no tener pareja desde 6 años atrás, y caer continuamente en espejismos decepcionantes.  Después del taller de sexualidad, me sentía entusiasmada con interactuar con alguien, con más confianza en mí misma, no necesariamente con el sexo como objetivo.  Abrí un perfil en match e inicié la búsqueda.  La verdad es que no había nada muy interesante. Me mandaban muchos guiños pero no eran del tipo de hombres que estaba buscando. M me volvió a orientar. No, no, me dijo, tienes que hacer tú la búsqueda y poniendo las características del hombre que quieres.  Así lo hice entonces.  El sistema generó 4candidatos.  Uno de ellos fue R.  Y todavía es.

El encuentro con R fue sanador en numerosas dimensiones.  Desde luego fue muy gratificante volver a relacionarme con un hombre de forma romántica. Él resultó un exótico caballero lleno de sorpresas interesantes.  Curiosamente, la primera mañana que amanecí en su casa, encontré entre sus libros “El amor y la soledad”, de Jiddu Krishnamurti.  Fue una lectura tan densa como necesaria.  Yo había tratado de leerlo antes, sin éxito.  Ese día empecé a leerlo sin problema, para terminarlo un año después.  Así son las lecturas que te cambian la forma de ver la vida.

Para desarrollar mi relación con R, debía deshacerme de todas las concepciones anteriores que tuve de las relaciones, la pareja, y los hombres en general.  El resto de su biblioteca era igual de interesante.  Las lecturas que él me fue presentando, junto con la puesta en marcha de los nuevos conocimientos que la relación exigía, rindieron muchos frutos.  Estuve locamente enamorada de él, en el sentido más dualista de la palabra. Tuve largas temporadas de colocarme en una posición desventajosa ante él, percibir necesitarlo, extrañarlo, y esas emociones propias del apego y las relaciones tradicionales.  Sin que yo concibiera que eso pudiera desaparecer, desapareció.  Ahora estoy en un punto que jamás imaginé.  Sin dependencia, sin apego, sin afán de control. Vivimos una relación que me atrevo a llamar libre.  Y la disfruto mucho.  No sé si el resto de mis relaciones sean así.  Por ahora eso no tiene importancia. Con esas reconstrucciones se fueron mis ansiedades por la soltería o la vida en común.  Me costó soltarme de todas las estructuras, pero fue posible. Todavía me quedan algunos impulsos de posesión, pero los trabajo día a día.  A veces, sólo con hacerlos conscientes, desaparecen.

Poco después de conocer a R fui a dar a SCLC.  También –y no- me arrepiento de eso. Primero viví en casa de una señora alemana, en un pequeño búngalo dentro de su propiedad.  De ella no diré más que esto: tenía el libro de Jac O’Keefe.  Consideraba que esa era la lectura espiritual más radical que hubiera leído.  Me llamó la atención esta categorización y lo compré. La lectura ha sido reveladora como pocas: dos años y pico después no logro terminarla.  Aunque no fue Jac la primera que dijo lo que en su libro aparece, era aún más shockeante leerlo de una mujer blanca de habla inglesa.  Sus videos en Internet eran como ventanas a nuevas dimensiones.  El nivel de consciencia del que ella hablaba– y en el que se encontraba sumergida – era algo desconocido para mí. Como navaja afilada, echaba abajo todos, absolutamente todos, los conceptos de los que se pudiera agarrar una persona, por decir lo menos.  Ahí fue dónde me topé con una verdad fundamental: tú crees ser una serie de pensamientos que tomas como verdad.  Nada más. Simples pensamientos.  Tú no eres eso.  ¿Qué/quién eres?  Por fin estábamos llegando a retos interesantes.  Naturales, no fabricados por personas.  Intuitivos, no racionales.  Aún sigo trabajando en esa pregunta.

Mientras tanto, se revelaba que el encuentro con R ocultaría retos más difíciles que los de trascender todas las concepciones sobre relaciones y parejas.  En cuanto me enteré de lo que sucedía me sumí en otro abismo de tristeza que no me soltaría por 2 años.  Fue interesante ver cómo me iba sumergiendo en las fases de los eventos catalogados como shocks.  A él no podía decirle mucho, aunque sí empecé a culparlo y resentirme.  Me atacaron todo tipo de dudas. ¿Qué haría si terminaba mi relación con él?, ¿cómo le diría a mi siguiente pareja lo que sucedía conmigo?, ¿eso me privaría de tener otra pareja el resto de mis días?  De nuevo enfrentaba la vida desde una perspectiva completamente dualista.  Y con mucho miedo.

Pero algo curioso sucedía bajo todo el tumulto del fenómeno.  Quería sentirme bien.  De verdad quería sentirme bien pasara lo que pasara.  ¿Sería posible?, ¿podría trascender algo como eso?  Con estricta confidencialidad le comenté a M lo que sucedía.  ¡Yo conozco a alguien que puede remediarlo!, me dijo. Es más, esta persona puede remediar cualquier cosa, de la índole que sea, que suceda contigo.  Me quedé altamente intrigada.  Sería necesario tener una entrevista con esta persona.  La llamaré P.  Fue ahí cuando me encontré con la técnica.  Ignoraba por completo el abanico de revelaciones que se vendrían sucediendo a marchas aceleradas en 1año.

Poco tiempo atrás yo me había topado con el libro de las 5 heridas.   Definitivamente, esta lectura hizo una diferencia monstruosa en mi psique.  Me vi reflejada en las heridas – o huellas, como las llama R – que me caracterizan.  ¡Ahí estaba yo, retratada a todo detalle!  ¿Cómo podía pensar que mi identidad fuera real, si aparecía retratada en un libro que había escrito una mujer en Canadá, años atrás, que jamás me había conocido?  ¿Por qué ella podía saber qué sucedía conmigo, de niña y de adulta, si ni yo misma lo sabía?  Y yo que me sentía tan única, tan diferente del resto, tan excepcional.  Resultaba que lo que yo llamaba “yo” era un simple efecto de ciertas causas.  Lo auténtico, lo “yo misma”, no era prácticamente nada.  Todas mis acciones eran, en realidad, reacciones.  Las decisiones que yo pensaba tan espontáneas y genuinas no eran más que el resultado esperado de lo vivido en la infancia. Lo único auténtico, quizá, era esa tímida neurona que se preguntaba cómo funcionan todas las otras.  Las conclusiones eran coincidentes con el libro de Jac, aunque ésta última hablaba desde la perspectiva espiritual.

Cuando llegué a la entrevista con P, me sorprendí de muchas formas.  Fue la primera vez que experimenté la kinesiología, es decir, cómo el subconsciente puede responder a través del cuerpo cosas que no están en el consciente. Además, ella hizo otras cosas que causaron un efecto muy importante en mí.  En su presencia, mi mente se aquietó y me sentí bajo el efecto de una meditación profunda.  Mi experiencia en meditación era poca, aunque iba lentamente aprendiendo sobre su importancia. Yo llevaba algunas solicitudes para P.  Gracias al libro de las 5heridas, había caído en la cuenta de lo importante que era perdonar a mis padres y a mí misma sobre los errores del pasado.  Era necesario aceptarlos tal cual eran, con defectos y virtudes, para seguir adelante. Y también era necesario perdonarlos para poder amarlos con autenticidad.  Así que eso le pedí a P.  Ella invocó la técnica en silencio y después me dijo algunas palabras que resonaron fuertemente en mi corazón.  ¿Me permites mostrarte lo que es amarte a ti misma bajo la concepción de Dios de lo que es el amor a uno mismo?  Respondí que sí a todas las preguntas.  Al final de la sesión, mi cuerpo respondía afirmativamente lo que al inicio había negado. Algo había cambiado, y P lo había hecho. O al menos yo creía eso en ese momento.

Sobre mi asunto con R, P me indicó hablar con el asunto directamente.  Me pareció una declaración algo esotérica y no comprendí bien de qué hablaba.  Pero me sonó algo lógica y no pregunté más.  Todavía no sabía cómo hacerlo.  Tenía que pasar un año de aprendizajes para comprender a qué se refería.  Habla con él, me dijo, habla con él y ve por qué está sucediendo esto.  Sin embargo, a mí todavía me faltaba pasar por un proceso emocional, en el que pude aceptar lo que sucedía y perdonar a R con todo el corazón.  Necesité también otras sesiones de la técnica, aunque en este caso fue con otra chica, no P, sino otra que llamaré A.  Salí de la entrevista con P como renovada, aunque fue a los pocos días que realmente noté cómo un peso enorme se había ido de mi cuerpo, mente y corazón.  Y a mis padres empecé a amarlos sin ningún obstáculo, tal cual son.  Hubo una especie de efecto dominó y pude aceptar a las personas tal cual eran.  Se antojaba pensar que a todos.  Al menos la sensación era esa.  Aún ignoraba yo cómo P había logrado eso.

Después vino el fin del trabajo en Pronatura.  Empecé a meditar fuertemente y tomé el libro de comunicación animal de la mentora de L. Por fin pude leerlo a fondo, y, lo que jamás pensé que fuera posible, empecé a practicar yo misma.  En abril tuve mi primer resultado con Cas.  Pude comunicarme con ella.  Fue muy claro pues me mostró que me escuchaba en el mundo físico. Fue tan impresionante que quedé pasmada. Traté de comunicarme con otros animales, pero no tuve mucho éxito.  Seguí practicando todo lo que pude.  Conseguí más libros y empecé a leerlos.  Parecía que todos hablaban de lo mismo, de una u otra forma.  Curaciones, telepatía, energía, intuición, meditación, mantras, chakras, ángeles, duendes, hadas, espíritus, todo un nuevo mundo se estaba develando ante mí.  Aquél que bloquee cuando censuré mi parte intuitiva en la adolescencia.  Aquél que bloquee cuando sucedió lo de F.  Empecé a seguir un programa de tele que muestra a personas que tienen experiencias después de la muerte, y viven para contarlo. Poco tiempo después, tomé el primer curso de la técnica, para aprenderla.

No tuve resultados demasiado interesantes en ese curso, de hecho casi no percibí nada.  Mi cerebro aun funcionaba con las fibras duras de la razón.  Todo lo pensaba, todo lo analizaba, todo lo cuestionaba.  Así que durante el curso sentí inseguridad más que otra cosa.  Pensaba que algo estaría mal conmigo y que a mí me sería muy trabajoso lograr lo que A lograba.  Pero no dejé de practicar y, aprendida la técnica, practiqué la meditación que le correspondía todo lo que podía.  Trataba de quitarme la idea de llegar a algún lado u objetivo.  Trataba de tomarlo como venía, con o sin resultados. Entendí cómo P había logrado cambiar mis creencias acerca de mis padres y de mí misma.  Ante mí se presentaba la posibilidad de eliminar todas las creencias negativas o falsas que hubiera adquirido en esta vida – o en cualquier otra.

Mientras tanto, como SCLC estaba lejos de la familia y R, busqué mudarme a otro pueblillo más cercano al centro del país.  Visité varios lugares y vi casas.  Sin embargo no encontré ninguna que me pareciera suficientemente buena, pues la que tenía en SCLC es estupenda.  Así que seguí buscando, hasta que encontré una suficientemente buena y decidí mudarme a ella. Sin embargo, con cierto misterio, el trato de renta se esfumó el mismo día que iniciaba el contrato.  Tomé todo con calma, para mi sorpresa.  Regresé a SCLC con una nueva sintonía, una especie de sensación de que todo estaría bien pasara lo que pasara, con mudanza o sin ella.  Vi todo con nuevos ojos.  Me costaba relacionarme con las personas y hablar con ellas.  Algo muy fuerte me llamaba por dentro.  Sentía un impulso muy fuerte de meditar y estar en silencio.  Aún lo siento. Todas las ansiedades con Desaparecieron.  Las meditaciones se volvieron fundamentales para comprender por qué estaba R en mi vida y lo que ello conllevaba.  Conforme más practicaba las meditaciones, más cosas se revelaban sobre los andares de mi alma, y yo me iba explicando todas aquellas situaciones de niña que no había terminado de comprender cabalmente.

La Desaparición del Universo fue un eslabón fundamental en la cadena que llegó a poner todo en su lugar con una solidez escalofriante.  Alrededor de los días en que nacía D, yo lo leía a profundidad y trabajaba en unos jardines industriales que se me encargaron. Mi ligereza era notoria, hasta para mí misma.  Aunque cuando D nació, tuve una especie de depresión postparto indirecta.  Sentí un agujero en el estómago por una semana, y tuve algunas pesadillas en las que despertaba aliviándome de que no fuera mi hijo. Esto me reveló que la maternidad podía permanecer latente en mis planes, no había necesidad de apurarla, podía dejar descansar un rato el dilema detener hijos.  Fue el libro que despejó la duda por completo.  O debo decir que fue J, que habla a través del libro.

Todo ese tiempo que estuve en DF, pude continuar con las prácticas de la técnica cada jueves.  Mientras tanto, encasa, seguí practicando sola e intentando comunicarme con animales mediante telepatía.  Vi a R varios días, tanto en su casa como en la mía.  Fue muy grato convivir con él, aunque el trabajo de los jardines me tenía bastante ocupada.  Seguí viendo casas en los pueblillos elegidos, pero no encontré nada. Regresé a SCLC y participé de algunas prácticas de la técnica por Internet.  Entonces tomó sentido el no haber encontrado la casa fuera de SCLC, y seguir ahí.  Las mañanas se presentaron soleadas y silenciosas, perfectas para meditar, leer, reflexionar.  Miré la naturaleza con toda consciencia de su neutralidad, aun con el cambio de uso de suelo.  En cuanto a los entes vivientes móviles, no tuve más emociones extremas por ellos, sólo compasión y respeto.

A pesar de haberlo cocinado por un tiempo considerable, apenas ahora experimentaba lo que era aceptar la realidad tal cual es, incluidos los eventos relacionados con mi vida, incluida yo. Todo iba tomando su lugar, pero a un nivel totalmente diferente de cuando las cosas tomaron su lugar en el pasado. Esos habían sido momentos de control y paz aparente, pero nada qué ver con la verdadera paz que ahora sentía. Una especie de saciedad y felicidad permanentes que están conmigo a la fecha.  Un deseo de nada, pero sin tristeza.  Una aceptación de todo, con gusto.

Entonces vino la oportunidad de tomar el segundo nivel del curso de la técnica.  Fue un curso muy corto al que asistí con dudas de si valdría la pena. Fue costoso y tuve que viajar de ida y vuelta varios fines de semana.  Sin embargo no me sentía cansada.  Me iba a dormir y dormía 8 horas seguidas con buen descanso.  Me levantaba temprano y sentía una energía interesante, como si el vivir el momento presente me diera energía en el momento presente, y no se me terminara nunca la frescura. Si acaso caía en un mal viaje o mala vibra, era por la costumbre de tantos años, y lo notaba.  Como si una parte muriente de mí diera sus últimas patadas de queja al mundo. No eran inconformidades auténticas, sólo patadas de ahogado delego.  Pero esas también las dejé ser, sin juzgarlas.

El segundo curso fue muy interesante e intensivo.  Pudimos experimentar cada plano y nos comunicamos con seres de cada uno. Trabajamos entre compañeros y cuando llegó el momento de comunicarme con J, lo solicité emocionada.  Lo que leíste es verdad, fue lo primero que dijo. Después usó símbolos que no comprendimos muy bien, pero ya sabremos qué significan.  Dijo que trabajaba conmigo, que iba muy bien, que siguiera.  Le agradecí tanto, le dije que lo amaba tanto. Y él nos devolvió la gratitud y amor multiplicados por un millón.  Quedé totalmente extasiada.  No habían palabras para expresar la sensación de gozo y plenitud que había en nuestros corazones.  Aun ahora quedan cortas ante lo que experimentamos.  Parecía la explosión de mil supernovas ante nuestros ojos.  Un océano de luz que impasible esperaba a nuestras almas y a la desaparición del universo.

Entonces todo se tornó más claro de lo que ya de por sí se había tornado desde enero.  Si el universo es el ojo de madera de la mesa del departamento de mi amiga, y el departamento de mi amiga, el edificio, la ciudad, el mundo, el universo repetido, es Él, estamos tan cerca aquí en la Tierra unos de otros, que todo es posible.  Lo único que nos hace creer que estamos separados es el ego y el cuerpo.  El ego parece grande, pero es muy pequeño.  Comunicarnos con animales, con seres de otros planos, hasta con esa criaturita que parece tan pequeña que me indicó P, y con el mismo J, no es un asunto de magia o de imposibilidades superadas. Es quizá un asunto de consciencia, si es que puede definirse como “asunto”.  Sintonía suena mejor.  O hasta estado del Ser.  Aun no lo puedo expresar muy bien.

Sigo practicando.  He logrado comunicarme con otros animales y he comprobado que las comunicaciones son certeras.  Aunque todavía no lo hago con tanta facilidad o regularidad.  También he intentado aplicar el CDM, tal como J me invitó a hacerlo.  Me siento tan bien con él, es como si estuviera apadrinada por el mejor de los padrinos.  El amor puro. Siento un deseo de abandonarlo todo, de tomar una vida sencilla que se resuelva de forma humilde a sí misma. Que me permita comer y ayudar y cuidar de mis animales.  Veremos qué llega.  Me parece que J todavía tiene muchas sorpresas preparadas para nosotros, con su infinita sabiduría.

Se vienen semanas de cambios.  Con lo aprendido, estoy hablando con las piedras y con mi cuerpo.  He comprado mis primeros guardianes minerales, están aquí en sus bolsas, esperando ser leídos y programados. Cuelga en mi cuello una roca cristal de ojo de gato, blanca y redonda, pura y perfecta, que me regaló R.  Estoy ansiosa por hablarle también, y hacerla mi protectora, mi guía, mi navaja energética, mi ángel, mi hada, mi portal hacia más adentro de mí misma.  Dentro y fuera, todo es lo mismo.  Silencio o palabras, todo flota en la misma matriz.  El ego se va difuminando.  Todo apunta a que lo natural es mucho más fuerte y absoluto que el impacto del ego en la matriz energética.

Pedí a A ser mi maestra y aceptó gustosa.  Pregunté por grupos de práctica y sí existen.  Sólo tengo que asistir y continuar.  Practicar, practicar, practicar.  Aprender, aprender, aprender.  Olvidarme de que hay cosas que no sé, para saber que lo sé todo desde siempre.

Sep 8, 2012

amanecer

En este mismo cuerpo, en esta misma mente, en esta misma vida, hubo noche.  Pero también aquí amanece.

símbolos

La verdad es que yo desestimé los símbolos desde hace años.  Recuerdo ese día en que, discutiendo religión con mi papá, le dije que la comunión, persignarse, arrodillarse, etc. no eran más que símbolos, representantes materiales carentes de valor, inútiles.  Que no tenía ningún sentido realizar esos símbolos o cualquiera otros.

Después, ya de forma automática, puse todos los símbolos en la misma canasta, y desacredité todo tipo de "objetos" o "gestos" que se usaran en un contexto religioso o "espiritual".  Me parecía que la "espiritualidad", si es que se le puede categorizar, debía estar deprovista de todo, de absolutamente todo, lo material.  No podría identificarse con nada del mundo material y mucho menos, del humano.  Así que todo lo que un ser humano identificara consigo mismo, para efectos de fundamentar su dimensión espiritual, me parecía arbitrario, artificial, banal y primitivo.  Me imaginaba esos hombres de la India que lo han dejado todo y no tienen más que una corta falta de color bermellón.  Yacen sentados en el suelo, en el polvo, sus cabellos y uñas crecen, no tienen posesión alguna... Ellos me parecían lo más cercano a algo espritual.  Por supuesto yo nunca llegaría a ser alguien así.  Me atraía la idea de hacerlo, pero me aterraba el juicio social que caería sobre mí.


Jul 3, 2012

callar, mejor

y justo después de hablar con intención y convicción, intentando acreditarme frente a otro, me volvía a decir a mí misma, nunca más defenderé un punto de vista, no tiene caso, me volveré de ese tipo de personas que a todo dicen que sí y a todo dicen está bien, y con suerte, nadie se dará cuenta por estar todos tan absortos en ellos mismos y en sus propias acreditaciones personales, y pasará desapercibido que ya no me importa justificar nada ante nadie, que el único diálogo que me importa es el que tengo conmigo misma, y que no me interesa el juicio de nadie más que el mío hacia mi alma.

¿y qué sustituirá la palabrería? -la acción, que es mensaje en el hecho, sin adornos.

plegaria

abre mi intuición,
muéstrame mi camino de servicio,
dame un compañero

amado maestro

Primero, fueron las letras las que me acercaron a ti, cuando leí ese perfil que te describía en pinceladas poéticas y auténticas según tú mismo.  Después fueron las letras que me enviaste las que me enamoraron, disfrutaba tanto leerte, cada mensaje era una caja de chocolates, con listón dorado y papel de china chispeante y liso.  Y aquí estoy otra vez hablando con letras para decirme, decirte lo que siento, pienso, o lo que sea, lo que pasa por mi corazón cada noche que voy bajo la lluvia y en mi pecho retumba una sed que exclama, tengo qué escribir, tengo qué escribir...

Todo se ha desmoronado, lo sabes bien.  No sé qué queda de mí que antes conociera, si es que queda algo, y está mi cuerpo suave y rosado, como la lagartija cuando muda la piel y es pura carne y sangre al viento.  Apenas me da tiempo de reconocerme cuando ya debo tirar otro girón de carne seca y volver a encontrarme sin eso que hace minutos era algo a qué asirme.  Y siento que exhala cada poro de mi cuerpo y de mi alma desde el centro de mi ser hasta el final del universo. Luego inhala y ahí vamos de nuevo.

Es casi una tentación olvidarlo todo y hablar por teléfono fingiendo que esas palabras son las reales y estoy ahí sintonizada con la trivialidad, tomando todo tan en serio y participando con fe ciega del teatro de la vida. Pero ya no me sale y me escucho hablar como a una voz desconocida, que se manifiesta de quién sabe dónde y quién sabe cómo, y de la sorpresa sólo se le escucha en silencio, dejándola pasar tan pronto acaba.

No sé si te lo propusiste o fue accidental que este amor que me vienes dando me hace sentir como en retiro espiritual con un maestro tan experto que retarlo es de antemano saber que la lección no ha sido comprendida y no habrá forma de darle la vuelta: tarde o temprano habrá que tomar el toro por los cuernos y aprender a lo que se ha venido.  No sé cómo lo has hecho pero, igual que dice el monje zen, me has llevado suavemente a esa esquina dónde uno no puede moverse ni un milímetro más, y no queda otra opción más que sentarse a observar el interior, reposar la mente en el corazón, y contemplar la matriz con su juego loco y arbitrario.

Y es que tu silencio y tu aparente indiferencia me han aventado contra mí misma, no sé por qué idea descabellada me he puesto a observar por qué me hace falta de ti una cosa u otra, y todos me dicen que eso no puede ser, que tengo derecho a esto o a aquello, y me siento muy mal, pareciera que tú ganas y yo pierdo, pero luego me quedo callada y me da curiosidad deshacerme de esa necesidad también, de esa que remotamente me diría que tengo derecho a algo, y me causa una especie de morbo espiritual preguntarme qué sería si me preguntara qué hay detrás de ese derecho que de un momento a otro parece el motivo para decirte: maestro, no aguanto más.  Y no me queda más remedio que mentir a los amigos y decirles, sí, me pidió disculpas, sí, remedió lo que le pedí, sí, actuó como piensas que debió actuar, y con eso se quedarán satisfechos y callados y yo podré retirarme a preguntarme de nuevo por qué me siento inquieta, qué es exactamente lo que estoy proyectando y de dónde viene... de mi padre y su rigidez apabullante, de mi madre y su desconfianza aplastante, de mí misma y todo lo que me queda por trabajar, que bien identifico, y que cuando digo no aguanto más es por cobarde y floja.  Y por el pánico que me da precipitar la partida del maestro, si es que alguna vez ha de irse de mi lado.

Pero luego me parece que todavía aguanto más, tanto que ni yo misma sé quién es esta con la que vivo, y no sé si de verdad está loca y de verdad se le ha ido el piso, si ha caído en una especie de embrujo tuyo y ante los ojos de todos está perdida, está totalmente desubicada.  Y cuando indago con la intuición y me imagino cómo me percibirás tú, no resuena nada en mí, pues estás ahí quieto, el maestro no duerme nunca, no le interesa el alumno o sus lecciones, el maestro se ha desprendido de todo interés motivado por el ego o las pasiones, y reposa en flor de loto desde su tapete blanco, y cuando vayas en silencio a preguntarle, maestro, ¿puedes hacer esto, puedes hacer aquello, por mí?, parecerá dormido y se quedará callado con los ojos cerrados, y te dirá después de unos minutos que para qué quieres esto o para qué quieres aquello, qué qué es lo que te falta, que si en verdad te falta algo, no será el maestro quién te lo dé, sino tú mismo, si acaso eres capaz de generarlo y proveértelo, y que pienses en que luego vendrá algo más que necesites, y que será algo de nunca acabar, y que dejes de hacer tanto tango, y que cuándo vas a tomar finalmente la lección y sentarte callado a contemplarte, como él lo ha hecho por años, y no puede ni compartirte lo que ha visto, y no puedes ni imaginar lo que ha vivido...

Todavía no sé qué quede en pie después del temblor que estoy pasando.  A veces imagino que lograré pasar todas las lecciones y hasta tengo miedo de que llegues tiempo después y me pidas un abrazo, y yo no pueda comprender más por qué necesitarías uno, si ya todas las necesidades se han desmoronado.  A veces imagino que me viene una resistencia tan grande que me agito, y con uñas y dientes defiendo un derecho hueco a seguir dormida, y de ahí me tomo para decirte basta ya, hasta aquí llegaste.  A veces pienso que mejor tengo paciencia y mucha compasión hacia mí misma, hacia ti, hacia nosotros, y que en cualquier momento en que sienta ansiedad por cualquier cosa me dé un autoabrazo sin preguntarme mucho por qué sí o por qué no lo necesito, y lo haga en silencio y siga avanzando.




May 21, 2012

todos: uno


Esto sí nunca creí que pasara.  Se estaba desmoronando todo mi orgullo, casi, casi todo.  Sólo me quedaba la espinita de los viveros, de los viveros de selva. Pero analizando un poco el origen de la espinita, ésta se difuminaba y se hacía claro que no era original, auténtica, sino implantada por esas épocas de adopciones arbitrarias de gustos y misiones.  Así que lloraba un poco e inmediatamente eso también se iba, con todo lo demás.  Con la preocupación de lo que sucediera, con el miedo al fracaso absoluto, con el rechazo a la incertidumbre.  Y cuando alguien me preguntaba, ¿qué vas a hacer?, ¿pero cuál es tu plan?, ¿y luego qué harás?, me limitaba a buscar palabras que sonaran lógicas según la estructura de una oración en castellano, trataba de dar a mi interlocutor algo para hacerlo sentir respondido, resuelto, y por dentro mío, sentía el placer secreto e íntimo de flotar en la incógnita absoluta, en el vacío de planes e ideas, y me concentraba aún más en identificar cualquier expectativa, y borrarla por completo, así fuera emocionante y positiva, no, borrarla, desaparecerla, y volver a dejar todo blanco.
...y mientras me ponía de pie, con la sangre escurriendo por la pierna, a través del tonrniquete, sentí como si entrara y saliera de un sueño, como si mirara mi cuerpo deshacerse sin remedio, y pensara, todos se van a preocupar mucho si algo me sucede, más me vale remediarlo, pero si algo me sucediera... y sentía un placer secreto, una fiesta en la desaparición, una sorpresa tan grande que sólo un segundo después se nota que es agradable.  No exageres, pensé, no vas a morir por una cortada, pero si no te apuras, puedes meterte en un lío mucho más grande, y entonces sí, vas a vivir esa pesadilla de perder una parte del cuerpo.  Me recorrían escalofríos sólo de imaginarlo.  Y de nuevo entraba al sueño y preguntaba, "pero, esta persona que me dicen que sabe coser, ¿está muy lejos?", y me daba a la tarea de llevar a mi cuerpo al lugar que fuera necesario para curarlo.  Como si mi alma cuidara a mi cuerpo por consideración a estos humanos que me quieren, y yo los quiero también, en mi dimensión humana.