Nov 29, 2009

por qué escriben los hombres I


Pienso en el hombre que escribe (o acaso el que pinta, esculpe, compone música). Debe, supongo, sostener un diálogo con él mismo que quizá el que no escribe no sostiene. Escribir es un ejercicio que compromete múltiples actividades, difícilmente el que escribe lo hace automáticamente o sin reflexionar en lo que piensa, y de ello, qué escribirá.

Pienso en los hombres que escriben que conozco. Creo que puedo identificar una diferencia entre éstos y los que no lo hacen, o al menos que no sé que lo hagan. Los primeros son más silenciosos, reflexivos, inteligentes (¿quizá?), y los segundos son más espontáneos, realistas, extrovertidos. El grupo es reducido, y no puedo extender mi percepción hacia los hombres que leo. No sé cómo son en persona, sólo puedo leer lo que escriben. Así que esto no es representativo de nada, es simplemente una percepción.

Del grupo de hombres que escriben, puedo distinguir también varios subgrupos de acuerdo con lo que creo que les motiva a escribir. Algunos escriben para desahogar sentimientos, otros para informar a la sociedad, y otros por perfeccionar la técnica del uso de las palabras. Supongo que el diálogo interior no se lleva a cabo de la misma forma en cada grupo. Todo dependerá de para qué o para quién se escribe.

Pero me es inevitable pensar en el preciso momento en que un hombre se sienta ante su cuaderno o computadora y decide comenzar a escribir. Más aun si nunca lo ha hecho antes. ¿Qué escribe? ¿Por qué decide escribir una cosa y no otra? ¿Por qué decide relatar de cierta forma lo que quiere decir? ¿Quién es antes de escribir y quién después? ¿Es un hombre diferente después de escribir? ¿Por qué? Aun cuando reciba un sueldo a cambio de escribir, aun cuando lo haga con prisa, aun cuando tenga listo lo que quiere decir, aun cuando el ejercicio no involucre una revolución de sentimientos y pensamientos, me intriga por qué escribe lo que escribe y por qué lo escribe de esa forma.

Nov 22, 2009

diferencia


No me importa no haberte visto estos últimos 6 años. Aunque no has estado aquí, por mencionar algunas cosas, me he acostado contigo todo lo que he querido y me has abrazado antes de dormirnos todas y cada una de las noches transcurridas. Me has tallado la espalda en la ducha y me has desabrochado la blusa cuando estoy trabajando en la computadora. Te he cocinado cosas deliciosas en casa y te he preparado café en las mañanas. Me has dicho que qué bien canto y que te cuente del libro que estoy leyendo. Hemos viajado juntos a decenas de lugares y hemos sostenido grandes charlas durante eternos recorridos de carretera. Y digo que no me importa porque -hablando de neurotransmisores- el cerebro no distingue entre los estímulos reales y los imaginados.

Nov 21, 2009

voyeur

Pensé en decirle: "Encontré tu blog. Es maravilloso. Lo leo siempre. Lo releo. No me lo imaginé. Estoy peor de como estaba. Ahora sí, estoy perdida por ti."

Pero no, prefiero seguir sin decírselo.

a veces

me vendría bien no tomarme tan en serio.

Cientos de argollas de matrimonio por todos lados.

Viéndolo friamente, podría llegar en cualquier momento. Podría terminar este estado de espera y de pronto convertirse en estado de no espera, en cualquier segundo. Ahora mismo, por ejemplo. Podríamos cruzar miradas y su voz podría escucharse una milésima de segundo después. Podría decir cualquier cosa. Terminaría esta situación súbitamente, repentinamente, violentamente. La espera podría terminar en cualquier instante, cualquier instante puede ser el último, casi es como si no existiera la espera. Como la ola sobre el arena. El agua de la ola que llega a la playa y nunca está sobre el arena porque a cada instante deja de estarlo. En realidad no lo está en ningún momento, pues en todos los momentos deja de estarlo. No hay más o menos tiempo de espera porque en cualquier momento se puede dejar de esperar. No hay fecha, no hay cita, no hay día de entrega. El tiempo no se acumula, sólo cuenta el instante. Y pasado este instante, el siguiente instante es de nuevo éste. Puede ser sólo una palabra, cualquiera. No se puede predecir el instante de la primera palabra. Y ese instante, que no llega, me parece tan real que me siento

sorprendida del instante
presa del instante
sometida al instante
olvidada del instante
ansiosa del instante
aterrada del instante
decepcionada del instante
indiferente del instante
escéptica del instante

Instante esperado, sin novedad, premeditado, predicho, predescrito, prepensado, preimaginado, presentido, previvido. Vivido mil veces en mi cabeza. Una palabra, cualquier palabra. ¿Viajas en este vuelo?, ¿a qué hora saldremos?, ¿qué escribes? Ya está. Estoy ahí: en el momento diferente. Termina el momento de espera. La vida cambia ciento ochenta grados, y todo lo que es ahora ya no es, y todo lo que no era, es. Y esta identidad cultivada, ¿se irá? ¿Quién seré cuando mi circunstancia ya no sea la que es? ¿Qué haré cuando ya no esté en el instante de la espera, cuando esté en el instante de la no espera? ¿Qué diré? ¿Qué pensaré de este instante de la espera? ¿Lo veré lejano, cercano, apenas hace un instante, ya hace una eternidad?

Cientos de argollas de matrimonio por todos lados.

Nov 9, 2009

cobarde


otro mundo frente a mí, y yo sólo quiero estar lejos, no siento nada. otra realidad, tan compleja, tan diferente, tan dolorosamente real, y yo sólo quiero el calor de las letras, el silencio, la compañía felina. el tiempo pasa lentamente. la selva aquí, desaparecida. plástico por doquier. gente, gente, gente. sigo perdida en el dilema de siempre. nada de esto parece tener sentido sin la pieza restante. quisiera borrar esa parte de mi cerebro. no he podido. he fallado. de intentar, me canso, y sigo fracasando.

no cualquiera I

Conocí a un hombre. Soltero, 35 años, (poquito) más alto que yo, inteligente, educado, buena posición económica, muchos viajes, amable, simpático, caballero. Me expresó su deseo de casarse y tener hijos. (Pero) me pareció citadino, (algo) ególatra, (otra vez, algo) conservador, urbano, y (quizá, perdón) poco sensible. Y pensé, no, no puede ser cualquiera.

revelado


Habían otros, ruido. Tu rostro, de pronto surgiendo entre los cuerpos, melancólico. Sin mayor meditación, lo tomé entre mis manos y te besé lentamente. Al separar tu boca de la mía, me miraste a los ojos impávido, "te esperaste porque quisiste", dijiste.

Oct 28, 2009

paréntesis


Hoy no puedo escribir un poema. Me consume desearte así, sin llegar. Quiero tocarte (reposar tu sien en mi regazo, dar caricia errante a tu cabeza, mientras miras atento una película, concentrado en la trama te olvidas de mí, yo fijo la vista en tu cabello negro, cada segundo se multiplica y se esfuma, me comentas cualquier cosa, yo tal vez te respondiera, tal vez no, pero tú no estarías con nosotros; con tu cabello y yo).
Te saludo -intento- con naturalidad. Me saludas fríamente, breve. No dices nada, me voy. Te dejo trabajar. Me consume desearte así, sin llegar.

Oct 24, 2009

look


Francamente no me interesa lo que piensen los hombres de mí. En su mayoría sucumben ante la imagen comercial de la mujer. Van por la calle de la mano de una y mirarán a otra(s) ponderando las posibilidades de tenerla(s) (también). Me parecen una masa autómata y cobarde que se ha tomado demasiado en serio la sustracción de su antiguo papel: si no es el proveedor, ¿quién es? En su crisis de género, se han beneficiado de ser excusados de toda responsabilidad para con su pareja o la sociedad. Ser caradura hoy no es para extrañar a nadie.

No podría decir qué proyecta mi aspecto, nunca lo he podido decir. No fui una niña particularmente bonita o particularmente fea, ni una adolescente demasiado extraordinaria ni demasiado ordinaria. Mis ojos, nariz, boca, no son de ninguna forma particular. Mis pómulos no son prominentes ni hundidos, mis cejas no son arqueadas ni rectas. Mis dientes no son perfectos ni imperfectos, mis orejas no son grandes ni pequeñas. Mi mirada no es vacía, pero tampoco es expresiva.

El espejo: artefacto de misterio. La realidad reflejada, duplicada. La dimensión eliminada pero presente. La realidad replicada una y mil veces, la eliminación del ahora, el ahora adentro del mismo tiempo, la inexistencia de la existencia. El yo afuera del yo, el yo en el otro. Frente al espejo, uno se torna el observador del observador. El observado es el yo. Con tanto dilema existencial uno no puede juzgar si le ha quedado bien el maquillaje (que raramente uso).

Acostumbro entonces lo necesario, lo cómodo, lo fácil. Ensayar cualquier look me parece absurdo y -algo- ridículo, ¿qué pueden decir unos pantalones de una persona?, ¿un modelo de anteojos, más que sufre de miopía o astigmatismo? Me reúso a pensar que el cabello largo o corto revela algo de un corazón, que tacones o sandalias dicen algo de la seguridad personal, que un color cálido o frío hablan del estado de ánimo. No creo que nada de ésto diga nada. Cuando era adolescente declaraba con seriedad: no podemos juzgarnos entre sí por algo que no elegimos. La apariencia, fenotipo del genotipo, es nuestra carta de presentación al mundo y es algo sobre lo que no tenemos ningún control. El estilo de arreglo personal así o asá es ya demasiada presunción. De lo que se es, no hay nada qué decir.

Oct 23, 2009

¿Café, té?


Tomar café es un enunciado de decisión y temperamento intenso y profundo. El sujeto que toma café no se preocupa si dormirá o no, si se le irritará el estómago, o si se le "alterarán los nervios". El café es una bebida fuerte por definición, para cortar una mañana aburrida o para atizar una conversación tímida y madurarla en intensa. El timorato no pide café, ni el cobarde. Tomar café solo -lo tome con azúcar, con leche o como sea- es un acto de auto-afirmación y seguridad, por el placer de la sensación del que lo toma, y por el íntimo momento que apadrina la taza humeante y el sorbo. Puede mirar por la ventana, al centro de un concurrido lugar lleno de conversaciones, y sin hablar con nadie, acompañarse sólo de pensamientos y café, y un ocasional cigarrillo que combina muy bien (dicen; veo).

Tomar té (del negro hablo) es un enunciado de paciencia y estrategia, premeditación y calma. El que toma té se preocupa por darse un momento de descanso y rendirse ante el aroma de esta infusión tan antigua como el primer tazón. Es una bebida fuerte que no hereda secuelas al que lo toma (excepto en organismos muy sensibles). Bien preparado, puede ser tan fuerte de consistencia como un café, pero siempre será más ligero al gusto. Puede inaugurar una desamparada y joven mañana, haciéndola acogedora, o dar vida a una tarde larga (el té de las 5). El indulgente, el autocomplaciente pide té. Tomar té -con azúcar y leche mejor- es un acto de reflexión, obediencia y costumbre. Aunque se esté solo, puede salvarse con un libro -nunca con un cigarrillo- y, si la historia es buena, el té sabe mejor.

En una mañana clara y fresca, la camarera toma nota con avidez y eficiencia. Hay árboles grandes en la calle y su sombra cobija las aceras. ¿Café, té? Café, le respondo, por favor. ¿Y cómo quiere tomar su café?, ¿con leche y azúcar? Si, por favor, con leche y azúcar. ¿Y quiere un hombre para disfrutar su café? Me parece muy bien, de ser posible. ¿Y cómo quiere su hombre para hoy?, ¿inteligente, sensible, simpático?, ¿prefiere de tipo introvertido y profundo? Me mira fijamente con pluma y libretilla en mano. Pienso un momento. Ella espera paciente. Si, por favor, señorita, un hombre sensible, simpático e inteligente... y profundo también. Muy bien, apunta eficazmente, enseguida. Se marcha con paso ágil por el pasillo. ¡Señorita!, le digo al último momento. ¿Sí?, gira y me mira. Y por favor, ¡que sea un hombre sin complejos!

códigos perdidos

Cuando era pequeña toda mi vida giraba alrededor de los sentimientos. Una niña muy sensible y angustiosa, todo parecía causarme tristeza o preocupación, y sentía la vida como un estar parado en el romper de las olas fuertes, donde debes cuidarte de que no te revuelquen, ni la resaca te lleve hacia el inmenso mar. Siempre vulnerable al dolor. Del universo de sentimientos que vivía, los números no estaban ausentes y tenían un papel definido en mis días.

De frente a mi cuaderno de matemáticas, con la cuadrícula "grande", escribía las cifras que dictaban las maestras o los libros, y en cada símbolo numérico había un sentimiento asociado que sentir. Era un código de números y sentimientos que apenas puedo recordar. Relataré lo que recuerdo:

El 1, egoísta y solo, con bajo poder, mil - algo, sin mucha fuerza. Un palito soso.
El 2, generoso y amistoso, dos amantes, dos amigos, dos. Ausencia de soledad.
El 3, impar e indivisible, la tabla del 3 una tortura, el tres con sus dos gajos y tres palitos arrogantes.
El 4, el número perfecto, el número de la suerte, el número de la familia, el 4 siempre era un sentimiento de seguridad.
El 5, molestando a los demás, un número irritante, pero fácil de multiplicar, extraño.
El 6, cómo me gustaba el 6. Con su pancita. Era fácil de dividir, entre 2 ó entre 3, y fácil de recordar, pero a su lado...
El 7, número insoportable y débil, molesto y enfermizo, un número difícil para todo.
El 8, un número amigable y generoso, gordito, paternal, dos bolitas juntas, fácil. Ocho por ocho (6 y 4, dos números buenos), obvio y sencillo.
El 9, terrible número imperfecto, casi el 10, pero sin serlo por 1 (¡peor!), la tabla más temida, un número que hay que evitar a toda costa.
El 10, número viejo, completo y feliz, fácil de sumar y multiplicar, y con dos dígitos, definitivamente ya estaba por encima de los inmaduros números primos.

Recuerdo que esas personalidades llegaban hasta el 20, pero no recuerdo con detalle las personalidades del 11 al 20. Por algún motivo, los números pares me resultaban agradables y los impares desagradables. Había otras cosas, pero eso es lo poco que recuerdo. Recuerdo también que al escribir cifras, por ejemplo 574, los números cinco, siete y cuatro interactuaban entre sí con sus diferentes personalidades, y mi percepción de cada cifra era tan definida, que podía decir si estaban "felices" al estar juntos, o qué resultado había de su convivencia. Así, en la más ligera cantidad escrita, las combinaciones de números me causaban sensaciones, me contaban historias, me llevaban por una montaña de sentimientos ocultos en el papel. Pero ese código de relaciones lo he olvidado, lo he perdido.

Aug 25, 2009

compañero


Cuando falta el amigo,
cuando falta el amante,
cuando falta la madre,
cuando faltas tú,
está el libro.

Cuando falta la caricia,
cuando falta la sonrisa,
cuando falta la noticia,
cuando falta el Sol,
está el libro.

Cuando falta el consuelo,
cuando falta el sonido,
cuando falta el sueño,
cuando falta Dios,
está el libro.

Aug 14, 2009

romper el molde


Pregunto si de todo lo aprendido
-de todo lo absorbido en esta vida-,
está también adentro lo que amamos,
o es sólo resultado de la huida

de la huida de lo que aprendemos
que, por no sufrir, mejor es alejarnos
contrario a lo que, de garantizarnos
podremos ser felices sin salida

sin salida al terreno incognocible
no absorbido como recomendable
sin salida a volvernos vulnerables
y elegir libremente el preferido

el hombre preferido o el trabajo,
el estilo de vida y la camisa,
o elegir en la vida gris rutina
y cumplir con las cosas a destajo.

Me pregunto, a veces, porque siento
miedo si decido lo distinto
si es que tomo un camino nuevo
o si voy con dirección del viento.

Y de lo aprendido como bueno y sano,
víctima soy, mil veces digo,
que esto no me deja ser amigo
del destino, adivinable en vano.

Tomo la oportunidad: aprendo algo.
Me lanzo firme a lo desconocido,
que antes no me fuera ya aprendido
y no así descarte de antemano.

Hoy puede parecer descabellado
lo que me espere -pienso- en el futuro
y aunque otros piensen que es oscuro
al menos será lo que he deseado.

aborrezco las cosas transformadas


Aborrezco las cosas transformadas
que de hacer dan poder no imaginado
de saltarse pasos intermedios y
de ignorar cómo es que se han originado

que tachan de obsoletos los remedios
y aparecen fáciles y plásticas
que ocultan las explicaciones básicas
de las partes que al juntar las han creado

diré, por ejemplo, un automóvil
máquina terrible de consumo, que
perdonamos con excusa de llevarnos
y que no es más que máquina de humo

y qué tal, por ejemplo, un pastelito
que empacado en un plástico brilloso
resulta de una mezcla misteriosa
de ingredientes que de pan tienen poquito

más me gustan las cosas sin proceso
que salen de la tierra y de mis manos
la fruta de un árbol, de un cerezo
o de la mata un racimo de bananos

me gusta cuando escucho en la mañana
el canto arrullador de golondrinas
no el radio estridente del vecino
ni el motor del camión de la basura

añoro con la página ser una
el susurro del papel en cada copla
y en verdad es que debo de estar loca
de usar este teclado como pluma

Jul 27, 2009

los amantes


Los amantes jóvenes se encuentran en el bullicio de la vida. Su energía es tanta que confunden el amor y el odio, el deseo y la ira, el hoy y el destino. Son como dos flamas agitadas que se funden, consumiendo todo a su alrededor. Dónde acaba uno o dónde empieza el otro no se distingue más. En su mundo de niños-adultos cometen errores que a los viejos les parecen estúpidos. Los amantes jóvenes son odiosos e inseparables, se mimetizan en un gemido, en una risa, en un sobrenombre ridículo, en un gesto de amor trillado. Comparten su breve pasado como anécdotas de un cómic, defienden sus opiniones a capa y espada, y miran el barco de su amor como inundible. Y así juntos comienzan el camino. Pronto abandonan los gestos infantiles y se pierde también ese brillo inocente de los primeros años. Aún jóvenes, se hablan ya como un matrimonio viejo, y se conocen tan bien como los abuelos. Se procuran mutuamente los pequeños gustos de la vida, ¿quieres tu cobija?, ¿te traigo tu café? Conocen sus esquinas angulosas y las esquivan. Mejor no ir por ahí, pelea segura. Queda del pasado febril el recuerdo y ese eco de la pasión fulminante. Hacen el amor con más amor y menos sexo, y conocen cada recoveco de su cuerpo y su cerebro. La conversación se termina pronto. Nada que descubrir si es que son testigos mutuos desde que eran casi niños. A veces no queda ningún espacio de uno donde no haya estado el otro, no hay secretos ni intimidad, todo está ventilado en el cuadrilátero. Y no pueden crecer ya mucho, saben que la verdadera naturaleza de cada uno está registrada en los archivos mentales del otro. Se conocen demasiado bien. ¿Ahora resulta que no fumas?, ¿y qué te picó que te despertaste temprano? Y la prisión se vuelve evidente: no hay forma de renovarse cuando el mundo conoce perfectamente su esencia.

Los amantes viejos se encuentran bien entrada la tarde de la vida. Han vivido duras soledades, rupturas, abandonos. Han aprendido lecciones valiosas, cada uno las suyas. Ese amor loco que te ciega y te consume no es real, no existe. Entran al amor con cautela, se toman su tiempo para conocer al adversario. Y por aparte, cada quién conoce su lado oscuro, y sabe bien como ocultarlo. Se respetan a sí mismos, saben que pueden prescindir de todo y de todos, pueden no tener miedo. Tardan tiempo en cocinarse. Los amantes viejos son críticos y concientes, mantienen una distancia que les da seguridad e independencia. Pero si tienen el valor de salir de su cómoda soledad y amarse, emprenden un nuevo camino. Pueden compartir muchas cosas, la conversación es larga. Pueden hablar claramente y saben por qué opinan lo que opinan. Se guardan los detalles de la historia que no quieren compartir con nadie. Los amantes viejos pueden llegar a amarse, o sólo a acompañarse. Hacen el amor con más sexo y menos amor, y no les sorprende nada, pues han estado en muchos cuerpos, en muchas camas, de muchos ánimos. Pero fácilmente descubren qué es lo que busca el otro en ellos, y pueden manipular libremente lo que muestran de sí mismos. Le gusta que use esto, le gusta que haga lo otro, esto no tiene por qué saberlo, esto le gustará saber. Embonan como dos piezas que no se sorprenden de la embonadura. Les asombra su falta de asombro.

Los amantes libres se encuentran en la misma sintonía. Saben a la perfección cuando se encuentran. Se conocen y se reconocen en lo que soñaron. Se descubren sin juicio y con asombro, y se esfuerzan en amarse y recibirse con alegría. Se encuentran maravillosos y diferentes, y se respetan ante todo. Se dejan ser y se admiran de las elecciones de cada uno. Se aplauden los aciertos y se confortan en los fracasos, actuales o anteriores. No se piden nada. Se comprenden con lo bueno y malo y se aceptan como son. La puerta siempre está abierta y nunca existe la seguridad de que permanezcan juntos, pero esto no los abruma. Los mueve un ideal y un valor humano profundo, más grande que la simple satisfacción personal. Y así emprenden el camino de la forma más natural posible. A veces hacen el amor y a veces tienen sexo, según el ánimo y el tiempo. No usan máscaras ni estrategias, están prohibidas en el juego. Se dicen las cosas pronto y abiertamente. Se dejan caer lentamente en un túnel sin fin que no repite ningún modelo. No siguen estereotipos ni se encasillan mutuamente en ideas prefabricadas. Crean su propia historia contra todo y todos, y un mismo sueño los mantiene unidos. A veces pueden prescindir de papeles, de etiquetas, de símbolos, de presentaciones. Algo más fuerte y más grande les dice que nada hace falta para confirmar que se aman. Se enfrentan a sí mismos y a sus miedos y fantasmas. Si dudan el uno del otro recuerdan que ese es el riesgo de la libertad. Se desean siempre lo mejor, aún si no es juntos. Se re-descubren muchas veces durante su vida. Nunca se aburren el uno del otro. Y poco a poco construyen algo tan fuerte y tan sólido que nadie comprende mejor que ellos, ni siquiera sus hijos. Así mueren sin dejarse de amar, pensando en volverse a encontrar.

Jul 16, 2009

para sentir, imagino


a veces pierdo toda perspectiva
y simplemente te imagino aquí conmigo.
No me ocupo de darte realidad ni pensamiento,
sólo el efecto tuyo en mí.

A oscuras tras mis párpados...
Siento.
Tus manos sobre mi espalda y tu beso
en mi cuello y mi cabello en tus mejillas.
Y tu voz que me dice "ya descansa".
Y mi cerebro que esperaba tus palabras.

Y sigo escribiendo pero...
Siento.
Mis pies sobre la alfombra y la luz
ámbar que te ilumina el rostro.
Tu pecho de cobre, firme,
y tus brazos de oro, de hierro.

(suspiro) Aún otro verso más y...
Siento.
Tu olor en mi cara y tu lengua
en mi lengua y mis labios
en los tuyos,
y reconozco
que imaginarte y escribir a un tiempo
se torna difícil

(se va el papel).
Sólo quedas tú en mi cabeza,
haces lo que hacías.
Es como cuando era.
Me sentía viva.
Cuando eras mío y yo tuya.

Y te siento tan real
que paso la noche en tu compañía
y al amanecer -seguro-,
con esa energía extraña de las mañanas grises,
me tomas de nuevo y me desnudas,
y me siento nueva.

Despierto con un grato sabor en la cabeza.
Te imagino despertando al despertar y...
Siento.
Que amanecemos por milésima mañana,
que ya (hace tiempo) se ha ido el misterio y el enigma,
y que sólo queda el hogar y su
modesta familiaridad arrasadora

(vuelvo al papel).
Entonces me sorprendo, al darme cuenta.
Sin importar todo lo otro,
todavía,
me gustas tanto.

Jul 10, 2009

si no fuera


Habito la prisión de mi perspectiva. Sólo puedo ver el mundo a través de mis ojos, no puedo entender de qué se trata todo esto en realidad. Si pudiera verlo desde los ojos del otro, si pudiera ver el mundo desde otra niñez, desde otro estado de ánimo, desde otra latitud, desde otro lenguaje, ¿entonces cómo sería el mundo para mí?

Y lo que (en orden indistinto) pienso, creo, siento... Lo que considero correcto, lo que no, lo que quisiera tener cerca, lo que no... Todo ello, ¿por qué? ¿Seguiría pensando que cierto destino sería el mejor, que otro diferente no lo sería tanto, que eso que le pasa a otros ojalá me sucediera a mí, o que ojalá no me sucediera jamás? Seguramente pensaría algo totalmente diferente a lo que pienso hoy.

Y los deseos que me aprisionan, cuya insatisfacción me angustia: que si ocurriera tal cosa, que si encontrara a tal persona, que si llegara tal momento, entonces por fin, sería precisamente eso lo que faltaba, y entonces estaría todo claro, todo tomaría sentido.
Para liberarme de mis deseos, tendría que abandonarme a mí misma. ¿Y cómo abandonarme a mí misma?.. ¿Tendría el valor de hacerlo?

Si soy lo que soy porque otros son lo que son, no soy así porque así lo quiera, sino porque lo he aprendido así. Lo que soy está arbitrariamente asignado a esta existencia, la mía. En realidad no soy nada más que el producto de la replicación de un modelo, generación tras generación. Difícilmente puedo decir quién soy sin mi época, cultura y educación. Estoy definida por mi carga social.

¿Exagero? ¿No tiene sentido cuestionar el sentido? No importa. La marca que dejan algunas preguntas es indeleble, regresar a lo conocido es traición e hipocresía, mentira y cobardía.

Jul 2, 2009

corazón crédulo

Ayer soñé contigo. Todo era un poco confuso, había personas que hablaban, relaciones que ocurrían, interacciones, movimientos. Lugares que cambiaban, la luz, el día, la oscuridad, la sombra. Pero algo estaba claro, tú me querías. Me sentía contigo tan cómoda como en mi propio cuerpo, y no tenía que pensar en nada, ni pensar en lo que tú pensarías de lo que yo hiciera, de las palabras que usara, de los gestos que pusieran en mi cara un sentimiento. Tu mirada era afable y cordial, amistosa y tranquila. Tu cuerpo reposaba a la espera de mi compañía, sin prisa y sin urgencia, con un deseo constante y sólido que no acababa nunca. En la confusión, yo pensaba muchas cosas que a la vez no eran nada. No puedo recordarlas. Pendientes, algo que decir a alguien, un lugar que "debía" ser visitado por una u otra razón, obligaciones, responsabilidades. Pero yo sabía que al final de todo, cuando todo ello acabara, yo podía ir contigo y estar en casa. Y al final de la jornada, que duraba muchas horas, yo pensaba que iría hacia tí, como tantas veces en el día lo había pensado, y no era un sentimiento de alivio o de triunfo. Era simple pertenencia. Me acercaba a donde tú estabas, me mirabas tranquilo y me decías algunas palabras amistosas. Sonreías y no parecías preocupado por nada. Estabas seguro de tí mismo. Y yo hasta entonces sentía que todo el exterior por fin quedaba afuera, y que nada de lo que resultara de los acontecimientos de la jornada importaba ya. No había en mi corazón un brinco de ánimo alegre, o en mi sangre un pulso sediento y urgente. Yo por completo era marea baja, desierto silencioso, bosque al viento. Y por fin, al acomodarme entre tus brazos ocurría el silencio, me invadía una alegría enorme, una seguridad arrolladora, "por eso estoy aquí", pensaba, "por eso existo". Y entonces todo tenía sentido, toda yo era una razón, y podía claramente separar el mundo de los hombres del mundo de dios.

Jun 27, 2009

a la espera... o tal vez no tanto

Que nadie me dirija la palabra. Que nadie me tome en cuenta, que nadie evidencie este momento. Que nadie rompa el silencio en mi cabeza, que nadie interrumpa el hilo de mi pensamiento. Que nadie me consulte, me procure, me sugiera. Que nadie encienda la música, toque la bocina, toque la puerta. Que nadie me recuerde que existo, que nadie me recuerde que soy alguien.

No me explico esta necesidad de nada, el deseo de desaparecer y dejar de vivirlo todo. Querer el vacío y la ausencia. Esta nostalgia del fin, este deseo de oscuridad perpetua. Quizá un miedo terrible a no tener lo que quisiera, o un aburrimiento aplastante de todo lo que es y que será. El evidente fracaso de desear lo inalcanzable.

Ah, pienso, la débil naturaleza del ser humano, de querer lo que no tiene y aborrecer lo que tiene. De pensar, mi vida no es lo que quisiera, pero ante no tener nada, prefiero ésta. O la lección profunda y valiosa del valor de las cosas, del sonido, de los otros que nos recuerdan que estamos aquí y ahora. El miedo infinito a lo desconocido, al vacío absoluto, a la pérdida total.

La escarcha del escepticismo sobre toda la energía que produce mi cerebro. No puedo creer en nada. No puedo tener esperanza. Estoy cayendo en un agujero profundo y oscuro sin retorno que me marchita, que me seca, que me cambia. Ya no soy la que fui ni entiendo qué era. Ya no soy nadie que reconozca. Ya no soy alguien. Soy sólo la sombra de lo que alguna vez quise ser.