May 23, 2014

viajes interiores, viajes exteriores 2

de pronto, a mitad del viaje, sin comprender muy bien de dónde había venido la fuente, se esfumó esa necesidad de juzgarlo todo, de ser el alma de la fiesta, de entenderlo todo, de demostrar nada. hubo algo de silencio (claro, también cerré mi bocota deliberadamente). empezaron a aflorar los patrones, míos y de los demás. me sentí tranquila. estuve más presente. disfruté más. estuve menos aprehensiva. solté un poco más. escuché las enseñanzas y no traté de comprenderlas, integrarlas y aplicarlas. simplemente las escuché. me di cuenta de cuánto me falta, de lo pequeña que soy en mi evolución espiritual, de lo ambiciosa que soy en mi evolución espiritual.

me hizo falta hacer ejercicio. sacar. gritar. me hizo falta mi terapia. se agolpó el rechazo y odio que sentí por los demás. la envidia. noté que me faltaban formas de sacar eso. pero como dije antes, algo se acomodó y el ruido se silenció dentro y fuera de mí. me vino entonces un hilo de razonamiento. es el siguiente: la poderosa mente arma la realidad que vemos enfrente de nosotros. llena de interpretaciones, necesidades, máscaras y manipulaciones, está la mente dirigiéndonos. algunos, como nuestro guía, tienen la suerte (y cualidad interior) de recibir los mensajes más sublimes del Universo visible e invisible. también para ello utilizan la mente, pero muy domesticada. al resto de nosotros nos queda algo lejano ese recurso. la mente nos domina y los domesticados somos nosotros ante ella.

¿cómo burlaremos la mente para ver qué hay más allá de ella? ¿cómo veremos lo que hay si no tendremos mente? a la primer pregunta me respondo que es necesario escapar a la mente para trascendera. a la segunda pregunta me respondo que no lo sé, pero que es posible. aún aquí, dentro del cuerpo humano. entonces comprendí el sentido de la varias prácticas espirituales: repetición de mantras, meditación vipassana, danza sufí, tai chi, qi gong, meditación zen, vida monástica, voto de silencio, contemplación de la naturaleza, escuchar un koan, etcétera. todas estas prácticas tienen el objetivo de burlar a la mente, al menos dominarla, acallarla, para que deje de estorbar, para que nos deje experimentar la realidad con eso otro que no es mente.

¿y qué es eso otro? no es posible responder en esta forma escrita.

viajes interiores, viajes exteriores 1

estuve de viaje por un par de semanas con un grupo de 20 personas. el sentido del viaje era espiritual. visitamos varios lugares con historia y significados espirituales, relacionados a personajes del pasado que ahí sembraron intenciones, energías y conciencias de crecimiento espiritual.  para mi sorpresa, el guía del viaje nos habló muy pronto de la intención del viaje de la vida: ver nuestra máscara, ver nuestra sombra, observarlas, enfrentarlas, trabajarlas, atravesarlas.  me sorprendí pues es exactamente lo que veo en la terapia y los entrenamientos, pero en aquellos casos sin tónica espiritual.  no evidentemente, al menos. me sentí entonces en sintonia con el trabajo espiritual que se nos proponia durante el viaje.

sin embargo, me observé dispersa y ruidosa, exaltada y controladora, a medida que convivía con los compañeros de travesía.  fui guiñapo de mi ego por varios días. reaccioné. juzqué. taché. me hice la graciosa con mucha eficiencia. me burlé. cuidé mis formas, mis palabras. busqué descifrar a las personas. tú eres así, ya te he descifrado. tú tienes este problema. tú no quieres ver esto, pero yo sí lo puedo ver. y así me desenvolví varios días. fue ensordecedor.

mi compañera de cuarto, una mujer joven y atractiva, con gran gusto por la ropa, los objetos, etc., me recordó algo repugnante que me apuré a etiquetar. cuando me relató que tomaba cursos de sanación con sanadores famosos del extranjero, herví de envidia. me observé. no podía ver nada más que la envidia. esta persona superficial y con sonora forma de roncar estudiaba sanación con los más destacados. se decía ser una sanadora. por supuesto no le comenté nada de mí ni de mi búsqueda de sanación. así la castigué, así me vengué por lo que ella tenía y yo no. al menos así lo veía yo. qué tenía o no tenía cada quién era punto y aparte.

nada fue casual. ni que me tocara ella como compañera de cuarto ni que me fuera repulsiva su forma de ser. los demás compañeros del grupo llegaron a decirme que ella "me estaba robando el lugar" con sus chistes y ocurrencias. también me di cuenta de que su control avasallador me asfixiaba, y pensé que seguramente mi control avasallador asfixia a R. así como ella me atosigaba con sus preguntas y reloj despertador, así yo atosigaría a R con mis preguntas y lo que quiera que fuese. dicen que lo que te choca, te checa. sólo hay qué buscar por dónde es que te checa. no necesariamente es evidente.

continué observando. me costó mucho, pero continué observando.


noticia

en este pesado caminar han habido muchas revelaciones.  la situación me ha llevado a observarme y cuestionarme cosas que nunca pensé sería necesario tocar.  pero por algo ha sucedido todo esto y las he tocado.  no puedo mentir. me cuesta conciliarme con esta realidad. la sigo negando. sigo resistiéndome a aceptarla, y en esa resistencia, deseo modificar la situación, alterar mi manera de relacionarme con ella, y también alterarla a ella misma, vaya, en la expresión más ambiciosa: resolverla. este deseo de resolución es también fruto de mi rechazo a la situación. quiero resolverla para deshacerme de ella.  y este deseo de resolución me ha llevado por muchos caminos.

¿por qué quiero resolverla? - por miedo.  por miedo a que suceda alto terrible por no haberla resuelto. por miedo a estar en una situación en la que ya no deseo estar, pero sigo estando por sentirme atada, obligada, sin remedio.  por miedo a que nadie más me ame. por miedo a volver a aquellos tiempos del deseo sexual insatisfecho, la soledad, la neurosis, el agotamiento, la desesperación, la incomprensión. he estado observando todo esto.

hace algunas semanas se manifestaron los síntomas del ya conocido malestar.  me encontraba en fin de semana de entrenamiento y mi energía no era mucha.  estaba callada, observándome, observando lo que los otros activaban en mí. de pronto, una madrugada, medio desperté entre las primeras claridades del amanecer.  inmediatamente mi mente me remitió al malestar físico que experimentaba, ahí está, pensé, y acto seguido, mi mente, por primera vez en 4 años, de la mano de mis emociones, respondió: "está bien". 

Apr 4, 2014

cleopatra

Desde muy pequeña, establecí una relación muy cercana con los libros.  Tuve libros pequeñitos para la mano de un niño, llenos de lecciones y moralismos para formar el criterio de un joven ser.  Tuve otros de cuentos de ficción, fantasías, llenos de ilustraciones  Yo hacía todo tipo de interpretaciones y conjeturas al mirar las ilustraciones, y me quedaba largo rato estudiando los detalles de las imágenes.  Recuerdo un libro que tuve sobre bestias mitológicas, el Kraken, el Minotauro, el Ave Fénix, y eran muy breves los textos que acompañaban a las grandes ilustraciones. Tuve otro libro de leyendas dónde venían, por ejemplo, Tristán e Isolda, Semiramis, Rómulo y Remo, y otras.  Estas historias, a pesar de que yo no comprendía muy bien el mensaje de los textos, me ayudaron más tarde a interpretar la realidad, y sí, como dice el cliché, mis modelos de éxito, pareja, felicidad, plenitud se forjaron en gran medida en torno a las historias que ahí se relataban.

Recuerdo una especie de enciclopedia para niños dónde se describían las vidas de los personajes históricos, y, para mostrar al lector cómo eran sus vidas, se incluía un cuadro de algún pintor famoso. Ahí estaba el cuadro de Cleopatra, que se suicida por mordedura de serpiente.  Yo no comprendía quién era Cleopatra y por qué en el cuadro aparecía como una mujer blanca gordita, y no como las ilustraciones egipcias de los muñecos bidimensionales.  Pero eso no me era atractivo o repulsivo especialmente.  Lo que me volvía loca, era mirar el blanco pecho de la mujer recostada, la mirada lánguida y la cabeza caída, mientras brillaba el perfecto y voluptuoso -muy erótico- seno desnudo, y ahí mismo, a unos cuantos centímetros, la cabeza de la serpiente oscilando.  Ella misma, tomando a la serpiente con cuidado, me daba la sensación de ser amorosa con el objeto de su dolor y su muerte, no había un rictus de tragedia, ella parecía disfrutarlo. La escena me causaba una excitación y efervescencia.  ¿Se identificaban ya mis receptores de masoquismo?


Mar 13, 2014

sigo trabajando

De vuelta de la terapia me doy cuenta de que este post es parte de esos lugares que mental y emocionalmente quiero siempre encontrar: esos lugares dónde digo "yo puedo, yo lo supero fácilmente".  Si, hay una parte de mí que se siente como en ese post, de vez en cuando unos instantes, pero otra parte de mí no se siente así.  La terapeuta me hace notar que justamente lo que esta experiencia me invita a ser, es a ser vulnerable, débil, imperfecta.  Yo trato inmediatamente de negar la experiencia, de negar la enfermedad y acabar con el síntoma, otra vez quiero decir, "yo puedo" rápidamente, y también "yo soy fuerte, no necesito a nadie ni a nada", y finalmente "yo voy a vencer esto".  Precisamente hace unos días me acordaba de Orgullo y Prejuicio, cuando Darcy está practicando esgrima, y, pensando en Elizabeth, se retira de la duela diciendo firmemente, "I shall conquer this".

¿Qué pasa conmigo que me cuesta tanto trabajo mostrarme vulnerable?  Es una costumbre de toda mi vida, vaya, ni me puedo imaginar siendo vulnerable.  Cuando he hecho los ejercicios de terapia en grupo, y he descargado mi enojo de forma explosiva y brutal, he sentido como si perdiera la consciencia, como si todo se borrara y me olvidara de mí misma, como si perdiera piso.  La terapeuta me invita a quedarme con esa sensación desagradable de ser vulnerable, con la sensación desagradable de no ser perfecta, fuerte, autosuficiente, sólo a quedarme con la sensación, a permitirla, a no rechazarla.

Me cuesta un poco identificar ese lugar emocional, mi cerebro se adelanta a identificar un patrón o referencia para poder decir "estoy ahí, estoy sintiendo la vulnerabilidad", irónicamente tratando de hacer lo nuevo caigo en lo viejo, es algo que se cuela automáticamente bajo mi forma de ver las cosas, prácticamente todo. Tengo que detenerme un poco antes y sentir, no identificar, sino sólo sentir, y no adelantarme a rechazar y sentir algo deliberadamente, sino a sentir lo que sienta, sin tratar de hacer nada.  Esto también me cuesta trabajo pues tengo la costumbre de explicarlo y racionalizarlo todo o casi todo.

Debo tener cuidado, fácilmente me paso al otro lado de la balanza y me pongo en el lugar de la víctima. Entonces caigo en el "pobre de mí porque no puedo, pobre de mí porque soy vulnerable, pobre de mí porque soy débil".  El lugar de la víctima me lleva al juicio y a la auto-reclamación.  Caigo en un círculo vicioso de auto-recriminación.

Me tengo qué detener mucho antes.  Mi tarea es: notar cuando trato de ser invencible, no tratar de serlo, y sentir la vulnerabilidad.  Se dice fácil.

Mar 11, 2014

amarla

de pronto comprendí el sentido de la oración "amar a la Tierra".  creo que antes no lo había sentido.  no pude decir nada, ni siquiera tratar de describirlo. apenas le ponía palabras, salía mi proyección individual, mi ego salpicaba la emoción.  pero, si me apresuraba a ignorarlo y me concentraba en el inicio, podía sentir el corazón muy abierto, como si yo fuera la Madre y ella la Hija.  y podía amarla toda, toda completa, así como era, con todo, ahora. amar a la Tierra.

Mar 7, 2014

ejercicio

cerré los ojos y me remonté al momento en que pasó el virus a mi cuerpo. llevé toda mi consciencia a ese momento y, mientras él yacía sobre mí y dentro mío, recordé su ímpetu y su deseo intensos y profundos, el movimiento arrebatado y salvaje, la vida moviéndose a través de nosotros, nosotros vivos. en el ejercicio, lo miré a los ojos por unos momentos, y le dije con mi voz y mi corazón: te perdono. Inmediatamente después inhalé y miré hacia dentro mío, y con la misma compasión y amor que hacia él sentí, dije: me perdono. también me nació mirar al pequeñísimo virus en su poderosa existencia, y le dije: te perdono. recordé quién era yo en esos momentos: toda la ilusión y alegría por haberlo conocido, por haberlo encontrado. un deseo y amor quemantes refulgían en mi corazón y mi cuerpo, llenos de felicidad y gozo. ¡que se termine el mundo, estoy enamorada de ti!! y entonces fue aún más fácil entender que había sucedido, que así tenía que suceder. todo el río de amor no podía ser opacado por ese detalle. todo era hermoso y bueno, y todo estaba en su lugar. ¿cómo no perdonarnos?, si nos amo.

fue un ejercicio.

  

Jan 18, 2014

vida después de la muerte

Leo este tipo de cosas, igual que lo que dice Jasmuheen, el chavo de las ballenas, Judy Hall, en fin, todos mis "ídolos" espirituales y no puedo evitar pensar que hemos construído en el inconsciente colectivo espiritual, si es que algo así existe, que estamos en una especie de "misión", tratando de acumular "puntos", y que nuestro ego es tan, tan grande, que nos damos el lujo de creer que "entendemos" el sentido de la existencia, que sabemos que hay una especie de "misión", que además podemos decidir unirnos a ella o no, y que en caso de unirnos estaremos "abonando" a una causa final de mayor conciencia, mayor amor...pero, todo esto, no es una especie de auto-engaño, de construcción social, de explicación reduccionista?  Todo este choro de aumentar la consciencia, este "viaje", no es en verdad innecesario?  Al ver todo esto, por qué no nos es de sopetón evidente que tiempo, espacio, el yo, el ego, no existen, que la "realidad" que vemos son las sombras en la caverna, que el fuego es inconmesurable, que la esencia del Universo y toda existencia no puede tener "misión" u objetivo, que no puede tener ningún atributo humano, que tal vez ni vale la pena intentar comprenderla mientras estemos en este plano, en este cuerpo, que realmente muy poco vale a pena, y qué es lo que realmente vale la pena?  Cómo lograremos identificar qué vale la pena si nuestra mera esencia humana nos distorsiona todo?


Oct 22, 2013

cocina ámbar

De pronto me invaden oleadas de ese tipo de recuerdos que no sé exactamente de dónde vienen.  Algo sumamente minúsculo e imperceptible, hasta inconsciente, puede dispararlos y de pronto se manifiesta esta misteriosa melancolía por una cocina ámbar, con madera, una lámpara baja, muy amarilla, que cuelga cerca de la mesa de madera del antecomedor, y un olor a gengibre y a lana y a madera y a mamá, y un calor de casa, de estar refugiado dentro, de lo más seguro y acogedor y tranquilo...y un buen número de sensaciones que no alcanzo a describir antes de que el sabor en el fondo de la garganta desaparezca y regrese yo al momento presente dónde aquellas sensaciones no tienen sentido.

Cuando era pequeña y veía E.T., me quedaba azorada con la escena de la cocina que, aunque era muy breve, oscura y confusa para mí, ya me recordaba a esa otra cocina imaginaria, en especial por la lámpara que colgaba sobre la mesa, muy baja.  Y una parte de mí no quería que esa escena terminara, sino que fuera muy larga y alguien me explicara por qué la lámpara baja me remontaba a otra cocina que nada tenía qué ver con ninguna cocina que yo conociera.

En mi niñez tuve una amiguita con una casa que fue lo más cercano a esa cocina de mis recuerdos misteriosos.  No estuve en ese lugar más de dos veces y sin embargo ahora justo ese lugar me viene a la mente cuando aparecen esos recuerdos inexplicables.  Los padres de mi amiga eran hippies y casi no nos hacían caso, lo opuesto a mis padres que siempre fueron controladores, pero también afectuosos.  Así que nos recuerdo ahí paradas, aunque estoy segura que esas impresiones no tiene qué ver con estos otros paquetes de recuerdos misteriosos.

Y ahora mi mente consciente recuerda que esa amiguita era muy sexual y disfrutaba con juegos casi perversos de desnudarnos, tocarnos, introducirnos algo...y antes de seguir me invade una sensación de repulsión porque el recuerdo real de las niñas erotizadas ha contaminado la paz y seguridad de la misteriosa cocina con la luz baja y la madera y el olor a gengibre y a lana y a mamá...y cuando trato de regresar a las sensaciones dulces de la cocina inexplicada me doy cuenta de que no puedo...otra vez con toda suavidad y sutileza, se ha ido.

Oct 4, 2013

mi casa, mi madre

Vivo en una casa muy hermosa, no me puedo quejar.  Está en un lugar tranquilo, rodeada de jardines, lejos del ruido de la ciudad, los motores y los vendedores.  Pueden pasar días y yo no salgo de la casa, más que a dar una vuelta con los perros a los campos de cultivo cercanos.  No siento una necesidad de salir a ningún lado.  Sin embargo, me siento aislada.  Veo a mi familia con cierta frecuencia, mas sigo sintiendo que asisto a cumplir mi responsabilidad como miembro de la misma, no siento espontaneidad en nuestras reuniones.  Ellos, bajo el ritmo estresante de la ciudad, están en una sintonia diferente a la mía, tensos.  Mis amigos están desperdigados por varios lugares, algunos cercanos y algunos no tanto.  Los veo poco.  A veces, imaginar el esfuerzo de verlos me hace no desear verlos.  En este lugar dónde vivo no tengo muchos amigos.  Vamos, ninguno.  Las personas que he conocido me han resultado agradables, si, sin embargo no he formado un vínculo con alguna de ellas.  Siguen siendo conocidos, lo cual no me molesta.  Tengo algunos vecinos.  Con ellos trato de llevar una relación cordial, aunque no me entusiasma la idea de relacionarme con ellos.  No deseo relacionarme con personas a las que no les tengo afecto o pienso que difícilmente les tendría afecto.  No veo el sentido de ello.  Nunca me fue fácil relacionarme de esa forma.

A veces pienso que exijo demasiado de las personas, y por ello no me seducen los caracteres comunes.  Sin embargo, a mucha gente encuentro agradable, me cuesta creer que alguien sea capaz de hacer el mal intencionadamente.  Finalmente con pocas personas tengo química.  Así que no estoy muy segura si yo he promovido este aislamiento, o este aislamiento ocurre como consecuencia de mi forma de ser.  Ahora que lo pienso detalladamente, tengo algo de agorafobia.  Me cuesta trabajo salir de la casa, y cuando tengo que viajar algunos días fuera, me siento incómoda desde varias noches antes.  No me molesta salir de la casa por unas horas, hasta puedo sentirme liberada por distraerme un poco con el mundo exterior, pero me gusta regresar a la casa.

Por otro lado, en esta casa, siento que se fuga la energía.  Los días se pasan rápidamente, dejándome la sensación de ser muy cortos.  Tardo días en edificar las construcciones energéticas que en otros sitios me parecían estar más disponibles.  No logro impregnar las paredes de la vibra positiva que emito durante mis meditaciones.  La casa se siente fría.  No logro concentrarme, me siento dispersa.  No logro encontrar el lugar ideal para sentarme ni para el altar.  Los perros me ponen nerviosa.  Pareciera que en esta casa siempre tengo mucho trabajo pendiente, muchas cosas qué resolver, muchos asuntos sin terminar.  La casa me atrapa, me asfixia.

¿Qué sucede conmigo y con la casa?  Le he transferido una identidad particular, como si la casa fuera una persona, para ser precisos, una entidad femenina.  La casa me contiene, me alimenta, me protege, me aísla de las personas que pudieran lastimarme.  La casa me es conocida, íntimamente cercana.  La casa es el testigo de mis días en la más silenciosa soledad.  La casa es, sin duda, una figura a la que le atribuyo caracteres maternos.  Finalmente esa agorafobia, es mi irresuelta separación de la madre.  Todavía necesito.  Todavía quiero. Todavía me hace falta la protección. ¿Qué es lo que no está resuelto?  La adultez, la independencia, la individualidad, la autodefinición, la autoconfianza, la autoestima.  También, la casa me limita, me edita, me controla.  Me repite cómo soy, cuando miro cómo es ella.  Administra mi energía y domina mi horario con su extraña sintonia.  Proyecto en la casa la madre que viví, controladora y dispersa.

Leo aquí y allá que Dios siempre está con uno.  También, que la esencia es interior, no exterior.  La casa ni siquiera es mía, y aunque lo fuera, sigue siendo algo material.  ¿Cómo puedo entonces retirar de la casa su investidura materna y encontrar en mi interior los satisfactores buscados?  Tengo la sensación de que estas cuestiones no serán fácilmente resueltas en mi interior.  La huella de la madre humana parece indeleble, o como escuché hace poco, la huella de la figura distorsionada que nos hacemos de nuestra madre parece indeleble.

Sigo trabajando en mis meditaciones.  Cuando regreso a la casa, después de algunos días fuera, retomo paulatinamente mis ritmos anteriores.  Necesito estar sin salir varios días, de otra forma el efecto de dispersión y distracción continua.  Necesito concentrarme, ordenar cosas, apurarme con sacar lo que no uso.  Me siento a meditar temprano por la mañana, leo, como sanamente, saco a los perros, medito de nuevo en la noche, leo, duermo.  Necesito estar en silencio.  Entonces vuelvo a construir lo que antes me costara tanto trabajo, y pasan los días sin salir.  Hasta que de nuevo llega el momento en que tengo que irme.  Esta pulsación de entrada y salida me es desagradable, hasta cierto punto.

Sep 17, 2013

quizá los hombres quieren sólo un amor arrebatado, anónimo, salvaje, ausente de palabras y construcciones, sexual, animal, combustible y espontáneo.  quizá fantasean con eso.  con el objeto sexual encarnado, la mujer del tubo, muda y sensual, indómita, sin corazón ni cerebro, sólo vagina húmeda, cálida, insaciable.

quizá las mujeres queremos sólo un amor arrebatado, pasional, sensible, involucrado, dominante, complejo, argumentado, apalabrado, construido sobre promesas irrompibles.  quizá fantaseamos con eso.  con ser el objeto sexual amado, procurado por el hombre fuerte, independiente, entregado, fiel, con corazón, cerebro y pene integrados, firmes, decididos, atinados, lúcidos.

¿pero quién de los dos sexos aceptará un amor humano?

Sep 11, 2013

yo, escribiendo, no necesito hablar con casi nadie. sólo, claro, conmigo misma.

compasión

me dejé de recriminar lo que no hacía.  no levantarme temprano, no meditar diario, no practicar la telepatía animal, no intentar contactar con mi ser superior, no hacer los ejercicios del libro, no avanzar en mis lecturas, no estar feliz, no aceptarlo todo, no ser una iluminada perfecta radiante delgada luminosa segura confiada.  dejé de recriminarme todo eso y simplemente me observé en mi día a día.  no estoy lista todavía, pensé, si lo estuviera, lo estaría y todo eso ocurriría sin esfuerzo.  dejé la vida suceder conmigo y con mis debilidades en ella, sin juzgarlas tan duramente y sin tanta prisa por decantar esas anheladas capacidades dentro de mí misma. y después de perder el tiempo hasta la exasperación, actué.


entre vidas

al imaginarme en esa reunión entre vidas me venía una sensación de ligereza, una objetividad más allá de la humana, y una claridad depurada como la de una mente completamente dominada, casi ausente, como la del mago que lanza el conjuro con 100% de éxito. en esa dimensión muy poco importaba, muy, pero muy poco.  los cómos no eran relevantes.  cómo me enteré, cómo había vivido, cómo había muerto, cómo había sido: nada de esto importaba... pero en cambio los qués eran fundamentales: qué descubriste, qué entendiste, qué tuviste al alcance, qué decidiste, qué lograste, qué hiciste, qué muerte, qué estado, ¡qué!, ¡qué!


reconsideración

puedo intentarlo en esta vida, pensé, y si no lo logro, puedo morir y desear bajar de nuevo a volverlo a intentar.  sonreí, me quité cierto peso de encima.  me emocionó la idea de recibir otra oportunidad.  levanté la cara. sería para entonces mucho más madura espiritualmente, más capaz, pensé, y podría avanzar desde el último punto de esta vida, hacia adelante, y, ¡entonces sí!, lo lograría.  ¿cómo sería esa futura vida en que lo lograría?, ¿quién sería yo?, ¿hombre, mujer, sabio, monje..?

y de pronto me atacó un pensamiento fulminante: ¿y si la vida que estoy viviendo ahorita ya es mi segunda oportunidad?

La playa

Estando en la playa me invadía cierta melancolía por tiempos que nunca he vivido.  Me gustaba el calor del aire, esa pesadez cálida y húmeda que lo envolvía todo, y ese olor a sal que parecía nutrir todas las hambres a través de los pulmones.  Me gustaba el sol de la playa, cercano, radiante, muy amarillo y caprichoso.  Verlo esconderse tras las nubes, señor de todo, irradiando bellos colores, o verlo acaparar todo el cielo con sus rayos infinitos y absolutos quemando las rocas, las arenas y las plantas.  Me invadía cierta melancolía al venirse la tarde y su cigarras, esa estridencia de sonidos animales entre insectos, anfibios, aves y la brisa misma viva entre las hojas.  El despedirse de la vida para descansar por la noche y miles de pequeñas criaturas que entonces inician su día.  Escamas húmedas reptantes pegajosas brillantes.  Escamas nadadoras autómatas sumidas en un océano infinito de oscuridad y sonidos de burbujas que no se sabe de dónde vienen y escapan a la superficie con bailes sensuales de la química y la física.  Pero en cambio el Océano me imponía mucho temor y al sumergirme no podía más que imaginar que una terrible bestia enorme feroz de las profundidades se acercaría en un santiamén para engullirme.  Se había ido el sentimiento desafiante de esos años de buceo, y había llegado una humildad y un respeto, que no sabían cómo expresarse más que en el miedo tímido del que no quiere perturbar lo grandioso, porque no lo comprende...todavía.


Aug 26, 2013

querido mío

Querido mío,

Habitas mis horas con la delicadeza de tu recuerdo.  He despertado con el sabor de tu cuerpo quieto en la cama, tu respiración tenue y tu calor vivo, con su carácter pacífico y sosegado de las mañanas.  Luego he hecho varias cosas, labores de casa, poner algo de orden, atender a mis afectos... y de nuevo has venido a mi memoria, sentado en el comedor con los brazos sobre la mesa, la espalda recta y la mirada en algún punto lejano, esperando pacientemente el desayuno, comiendo todo y celebrando sin ningún gesto especial, y simplemente siendo tú, que te sale tan bien y lo disfruto tanto.

Hoy tenemos lluvia temprano.  Salí con los perros a caminar y nos cayó un aguacero enorme en el camino.  Nos empapamos y emprendimos el regreso completamente mojados, y entrando en casa he mirado el sillón y de nuevo te he recordado sentado con tu libro, tardando un momento en levantar la cara, observándome y mandándome a un baño caliente, y me dices que me abrigue, y me conforta que busques confortarme, tus palabras, tu intención. Más que el baño.

Ha venido la noche y sus cigarras.  La lluvia sigue cayendo y he encendido las luces de la casa.  Está todo tranquilo y en penumbras color ámbar, como quiero refugiarme cuando ya todo es silencio y el día ha terminado.  Estoy escribiendo sobre ti y apareces con tus pasos silenciosos por los cuartos, buscando algo que no dices o haciendo algo que no avisas, siempre independiente, siempre discreto, siempre autosuficiente.

Me gusta mucho cómo eres.  Me gusta tu forma de ser y lo que haces, lo que dices, lo que piensas y cuando me compartes.  Me gusta que seas mío a ratos, que vengas de visita y hagas esas cosas que haces solo, sin que nadie te lo indique.  Me gusta que te bastas y te conoces, que te decides y que actúas, y que no esperas a que nadie apruebe nada tuyo.

Ahora voy a meditar arriba un rato.  El perfume de tu paz está presente mientras me siento en silencio con el corazón abierto.  Deseo abrazarlo todo tal cual es y se presenta.  Imagino una luz rosa que sale de mi pecho hacia el Planeta, lo rodea completo y lo apapacha, y se expande al infinito hasta unirse con la Fuente.  Voy a recordar tus enseñanzas y tantas cosas que me dices de este camino especial y personal.  Voy a estar presente y en silencio, completamente quieta y haciendo todo con lo menos posible.

Y al pararme, miraré ese rincón de nuestra guarida, entre sombras amarillas y naranjas, el pabellón puesto estas noches húmedas de bichos y cigarras.  E imaginaré tu cuerpo hermoso de cobre pulido y generoso, tendido y reposado entre edredones, listo para darme su calor único y perfecto.

Te amo.

Jun 19, 2013

algo nuevo

Hoy caminaba por el campo y sentía, como tantas veces antes ya lo sentí, pero sin haberlo hecho consciente, que algo profundo cambió con ese evento del desierto.  Eso que cambió, está muy adentro y es agradable.  Es como si algo doloroso se hubiera disociado de la energía que le permitía seguir actuando.  Entonces, no se siente más dolor.  Se observa la situación, pero no hay dolor relacionado a ella.  Me pregunto si esto será resultado del efecto de la medicina.

May 31, 2013

La medicina

Después del viaje al desierto me había sentido completamente agotada, pero, sobre todo, vacía.
Cuando subíamos al Quemado no pude más, todos esos sentimientos negativos y emociones tóxicas se agolparon en mi pecho y en mi cabeza y no podía dejar de pensar en ellos.
De pronto me detuve, me estaban comiendo viva.
No me quedó más remedio que dejarlos salir.
En forma de llanto, un llanto muy profundo, muy sentido y que me permitió liberarlo todo al exterior.  En ese momento no se sintió el consuelo, no se sintió un descanso.
Sin embargo, como no recuerdo que me haya sucedido antes, no podía dejar de llorar.
Lloraba, lloraba y lloraba.
Y en ese llanto se iban yendo, ahora veo, todas esas emociones negativas.

Él vino a sentarse a mi lado cuando le pedí al grupo que se adelantara.
En verdad no quería seguir.
No había ritual alguno que pudiera justificar, o costumbre o tradición que me hiciera seguir.
Era mi proceso, mi momento, independiente de lo que habíamos ido a hacer o la relación con el grupo.
Y necesitaba parar por mí.
Quiso acompañarme un momento, yo no podía dejar de llorar.
Quería estar realmente sola.
Me dio gusto darme cuenta de ello, genuinamente quería estar sola.
No quería buscarlo, correr a sus brazos y decirle, "tú, por tu culpa", o decirle "tú, consuélame", ni decirle nada.
Simplemente ahora esta soy yo.
Soy yo la que tiene esta situación.
La que tiene esta circunstancia.
Soy yo.
No importa de dónde vino, no importa si esto fue por él, o es culpa de uno o de otro, o de quién sea.
El punto es que la realidad que ahora vivo es diferente.

Se alejó algunos pasos, no se fue mucho.
Yo seguí llorando.
No había enojo en mi llanto, eso también me sorprendió, no era un llanto de ira, no era un llanto de odio. Era un llanto de liberación... ni siquiera.
Era un llanto que se sentía, que se hacía necesario.
Que, en cada momento que se manifestaba, simplemente se justificaba a sí mismo por estar sucediendo.
Es más, cualquier palabra o explicación sobraba.
Poco a poco me fui calmando, se fue deteniendo, y fui resolviendo ponerme de pie y al menos alcanzar al grupo.
No quería dar explicaciones, no quería decir a nadie me sucede esto, pobre de mí, esto es muy grave, nada de eso.
Así que me apresuré,tomé el camino y empecé a caminar.
Me di cuenta que él me observaba y estaba sentado a unos metros.
Y me vio cuando tomé mis cosas y empecé a caminar.
Pocas veces me pregunté si él sabría qué me sucedía, de todos modos no tenía caso.
Él estaba haciendo su propio trabajo y yo, llegar con este tipo de demandas, o buscando que de alguna forma él se sintonizara con mis emociones, ¡era ridículo!

Era ridículo.
Antes, cuando habíamos tenido esta conversación, él actuaba indiferente, parecía que él no tenía nada que ver en este asunto, y todo hubiera sido algo que yo viví independientemente de él.
Y yo sabía que él no deseaba tomar responsabilidad, decir lo siento, me equivoqué, no deseaba decir te cambié la vida, te la arruiné, no deseaba decir nada, no podía disculparse porque en la disculpa hubiera aceptado su responsabilidad y la gravedad de la situación y eso también resultaba doloroso para él.

Yo tampoco quería una disculpa, porque no iba a solucionar nada.
Yo sabía que él no lo había hecho con una mala intención, que no había sido adrede.
Había sido una distracción, un descuido grande.
Había sido un exceso de confianza, nos confiamos, y en esa confianza a mí... me habían cortado la cabeza.  En fin.
Seguí caminando y él me siguió.
Estaba a unos paso cerca de mí y me acerqué callada sin decir nada, vacía, vacía, sólo indicando, ya puedo caminar, entonces él me comentó algo sobre el día, que estaba hermoso, lleno de luz.
Cortó plantas y las olió, me las dio a oler y yo no tenia nada qué responder.
Empezó a caminar, y caminé.

Llegamos con el grupo, nos sentamos, era el cierre de la travesía, la despedida.
Y cuando él dijo su rezo yo entendí que él estaba viviendo otra cosa, su propio proceso, y me alegré de no haberle comentado nada y dejarlo en su sintonia.
Agradeciendo lo que agradeció y pidiendo lo que pidió.
Él vivía todo de otra forma y yo no tenía derecho a exigir que lo viviera como yo.

Yo no dije nada, era una situación sin remedio.
No había remedio a la situación.
Sin embargo, después bajamos al pueblo y desayunamos.
En el desayuno me recuperé, me hizo bien comer y tomar dos jugos de naranja gigantes.

Después salimos a caminar por el pueblo y nos separamos él y yo del grupo.
Quizá en ese momento por primera vez en varios días regresamos a nuestras posiciones sociales, a nuestros papeles interactuantes dónde había entre nosotros cierto vínculo y se veía quién tenía qué ver con quién, y se aceptaba.

Dimos unos pasos, él y yo juntos, entre mucha gente.
Entonces le dije, me cuesta mucho trabajo esta situación.

Entonces él pudo, quizá, comprender, no lo sé, qué era lo que estaba sucediendo.
Qué era lo que estaba doliendo.
Y él dijo, lamento que lo tengas qué vivir así.
Eso fue un comentario curioso, porque tiene razón, de alguna forma yo lo estoy viviendo o lo vivi en ese momento de esta forma porque lo tengo que vivir así.
Porque en mi historia de esta vida éste es un reto grande que existe.
Éste es un nuevo planteamiento muy fuerte que yo no sé cómo abordar, yo no sé cómo recibir, cómo manejar.
Y en efecto, esa ignorancia me causa sufrimiento y dolor, y entonces pareciera que yo lo tengo que vivir así para cruzarlo, para avanzar, para trascenderlo, superarlo, si que esto es posible.
Y para que llegue esto, mientras tanto, es necesario que lo viva de forma dolorosa, hiriente, de esta forma cambiante, con un dolor que con su fuego me va cambiando, me va aclarando, liberando, pero también me va asentando y forzándome a madurar de una forma seria y seca, pero no amargada, sino de una forma contundente.

Y me abrazó y me llenó de besos.
Y esto me consoló.
No porque fuera él, sino por mí misma, por la situación que vivo, independientemente de la relación que él tiene con ella.
Quizá en ese momento lo separé de la situación.
Quizá en ese momento me di cuenta de que él ya no es responsable, no es culpable.
La única responsable soy yo.
La unica que puede acutar soy yo.
Y no hay forma de volver al pasado.
Y el presente es ahora como es.
Y el presente es sólo mío.
Y él no está ahí.

Seguimos caminando y encontramos lugares y objetos, y yo me sentía tan pequeña y tan débil, tan vacía y tan indefensa ante el problema.
Ahhhhhhhhhhhh, viviéndolo profundamente.
Llegamos a una tienda muy linda y entramos, y una chica hermosa la atendía y decía cosas bonitas.
Y había ahí una pulsera turquesa.
Y él me dijo, ¿te gusta?
Claro que sí, si el turquesa me gusta mucho.
Entonces la tomó y la envolvió en mi muñeca.
Y silenciosamente, sin decir mucho más, me la dio, en un gesto que ahora me es entrañable...tan valioso.
Por un momento intenté penetrar en el significado de las emociones que surgen de ese gesto.

Quizá para mi fue como una pequeña reparación de esa grieta silenciosa entre nosotros.
Tan grande.
Con ese gesto tan pequeño, yo pude reafirmar que lo perdonaba.
Aunque él es quién hizo el obsequio.

  

May 6, 2013

El vértigo

No entiendo aún de dónde viene este vértigo que me esta sorprendiendo por las noches. Cuando se acerca la hora de dormir, me preparo y me voy a la cama, y miro mi rincón de meditación o mi biblioteca, y pienso, debería meditar, debería leer, pero se quedan en mediocres deseos y me meto en la cama con el iPad en la mano, y comienzo... Y cuando me doy cuenta ya se han pasado por mucho las horas en qué antes me iba a dormir, y no puedo detenerme aunque se me cierran los ojos y estoy deshidratada, y sé que debajo de ese postergar el momento de apagar la luz hay miedo, incertidumbre, ansiedad, aprehensión, que no sé muy bien si dormirme por la hora o para pretender que no me siento así, y me doy cuenta de que son los perros que ladran y no están dormidos, los vecinos, el lugar con su inseguridad, el futuro con su panorama oscuro de soledad perpetua y la ausencia de testigos, y ahí me detengo porque si no me sigo y entonces sí no duermo por otro par de horas, como ahorita...