Dec 27, 2009

desterrada


Está bien. No me amas.
Tendré que aceptarlo,
poco a poco... igual que
te fui leyendo y conociendo,
interpretando, queriendo.
Ahora (fácil), maldigo
ese momento
en que quise saberlo todo
de tí, de tu escritura,
tus deseos, tus temores.
Infelices sean los ratos
que a tu espalda
miré por tu ventana,
pensando ilusamente
que un día te diría
que te he leído todo
y soy lo que buscabas.

Está bien. No me amas.
Ahora duele, pero el tiempo
decolora y opaca.
Ya he perdido antes
otras cosas que amaba
más que a tu alma,
tus cabellos, tu sonrisa
seria y tu silencio.
Pero hay una diferencia
entre tú y aquellas cosas.
Para siempre están perdidas,
y a tí, al menos, todavía
puedo (creo) abrazarte,
sonreírte y contemplarte,
esperando escuchar
de tu voz las palabras
que he leído.

Está bien. No me amas.
Me consuelan las canciones
que describen
con terrible exactitud
mis sentimientos y
saber que ya hubo otros
desterrados
de los corazones libres
que amaron.
Es más, hubo tantos
que parezco tan
poco original y simple.
Y eso sí no lo tolero.
Aunque no cualquiera
te ama.

el peso de las letras


Siempre he escrito, desde niña, cuando algo me produce una emoción intensa. Conservo con celo los diarios de la niñez, donde cerca de tercero de primaria empecé a verter pequeños relatos del corazón o la cabeza. Recuerdo haber registrado -con una cosquilla efervescente que, sospeché, debía conservar privada- cuando besé por primera vez, soñando (primer sueño con beso). Al tiempo, leía mucho, la mayoría libros cuyo mensaje principal para el joven lector es "pórtate bien" (mis padres detrás de ello, claro). El mundo de la literatura se esbozaba ya como una realidad paralela. Por algún motivo, una compañerita de la escuela alguna vez me prestó "El Precipicio", una cortísima novela para niños de 12 años, parte de la colección infantil de libros El Barco de Vapor (serie roja). Leí el libro (que para mi edad resultaba un verdadero reto, pues tenía sólo texto) y me encantó. Recuerdo que me pareció una historia muy entretenida, aunque he olvidado la trama. Entonces pedí a mi mamá que me llevara por más libros, y poco a poco la fuimos reuniendo. Recuerdo muchos títulos. Entre otros, "A Vueltas con mi Nombre" me causó carcajadas y aún recuerdo líneas. "Asesinato en el Canadian Express" era policíaca y de suspenso. Y "La Cazadora de Indiana Jones", que relataba la historia de una niña/adolescente que se enamora locamente. Recuerdo que al leer la última página empecé a gritar y saltar sobre la cama. Tendría 12 ó 13 años. Pensaba "¡eso me ocurrirá a mí también!, ¡eso le sucede a todas las niñas cuando crecen!", tan segura, tan convencida de que ocurriría...

Dec 26, 2009

padeciendo existir


Ven a casa. Quédate.
Estaremos completamente solos.
Cuéntame tus ocupaciones y tus preocupaciones.
Te escucharé con atención.
¿Lo necesitabas?
¿Y eso que has pensado?, ¿qué es?
Eso que no dirías a nadie, que crees que a nadie le importa, que crees que no es relevante.
Lo más profundo.
Después, quédate en silencio, si quieres.
Déjame abrazarte largo rato, que no pienses en nada.
Sólo en este momento, este abrazo.
Cierra los ojos.
Olvida a las personas que te buscan, que quieren algo de tí.
Olvida a todos.
¿Escuchas mi latido? Tiene vida.
Late por sí solo.
Mientras late, puedo hacerte compañía.

Dec 23, 2009

volver en mí


¡Qué cosas insignificantes me dominan!
¡Qué pálidos deseos me aprisionan!
Dar la vuelta al Mundo y regresar,
a pensar en tus ojos y en tu ausencia.
¿Qué viaje merezco si estoy ciega?
¡Qué excusa patética aprovecho!
Qué fácil esconderme en esta guerra
de soledad, anhelo y fantasía.

¡Qué farsa!, ¡mi estudio, mis "ideas"!
Mi tiempo en reflexión, qué hipocresía.
¿No acaso he visto mil mentalidades,
y renegado de los tradicionalismos?
¿Mil veces no ha caído en mi conciencia
con peso la distancia y la montaña?
¿Acaso no hay lecciones que he aprendido?
¡Qué niña, qué débil, qué cobarde!

¿Para qué mirar el horizonte
pensando en la belleza de tus labios?
¿Entender el segundo en combustión,
y el único fundamental Enigma?
Cosecho los frutos de mi altura,
semilla estéril de posibilidades.
Mientras siga ignorando las Verdades,
seguiré condenada a esta agonía.

Dec 22, 2009

propuesta I


Úsame a sabiendas de que mereces todo lo que te doy, y que agradezco tu gratitud por todo lo que tomas. Úsame, aprovecha, es tu oportunidad. Eso que pensaste nunca poder hacer, lo puedes hacer ahora, conmigo. Yo no tengo límites, puedo hacer cualquier cosa. Lo que me pidas, eso haré. Siempre confiaré en que sabes lo que haces. A cambio, yo te pido lealtad, interés, respuesta. Apasiónate por nosotros, no lo vuelvas ordinario. Regresa siempre, y siempre te dejaré ir. Déjame ir siempre, y siempre regresaré. Nunca seré tuya, pero tendrás todo de mí.


Dec 20, 2009

decidir conmoverse


D
e acuerdo con los fundamentos de la Física, en términos matemáticos, el tiempo es igualmente accesible hacia el pasado, que hacia el futuro. Lo que impide que accedamos al futuro es el cerebro humano, la conciencia. El cerebro únicamente tiene mecanismos de almacenamiento de los acontecimientos que ya ocurrieron. Pero no puede aplicar fisiológicamente las ecuaciones matemáticas que le permitan acceder al futuro. Entonces, esa sensación de novedad, no es más que el efecto fisiológico del primer encuentro del cerebro con determinada información. Toda, absolutamente toda novedad pierde el brillo de ser tal.

Las personas que pierden la memoria de corto plazo experimentan continuamente la sensación de novedad, para siempre. La capacidad del cerebro de almacenar la información nos permite experimentar la novedad y experimentar después la costumbre. Pienso en lo anterior profundamente. Hablando de una persona normal, de alguna forma, también participa la decisión en este proceso: todo me parece novedoso, o he decidido que nada me sorprenderá (hablando de los extremos). Algunas personas lo hacen automáticamente: la decisión es subconciente. Otras lo hacen concientemente, han decidido encontrar la novedad/frescura/maravilla en las cosas, aunque sean cosas cotidianas. Como alguien, por ejemplo, que sufre un accidente grave y logra recuperarse, para dar valor extraodinario a lo que -previo al accidente- consideraba ordinario. Y no sólo decide asignar dicho valor, sino que puede experimentar emocionalmente la impresión de la novedad, puede sentir el valor. La sensación, entonces, es parte de un proceso de decisión, ya sea conciente o inconsciente.

Hablando de aquello que nos conmueve, pienso que ocurre un proceso similar. Así como podemos experimentar sorpresa o admiración ante algo nuevo, podemos también sentir que un evento, frase, gesto, suceso, escena, experiencia, etcétera, puede provocarnos un repentino sentimiento de empatía, vulnerabilidad, disposición, apertura. A medida que he incorporado este tipo de análisis en mis propias emociones, son cada vez menos los estímulos que me parecen novedosos -aunque sea la primera vez que me encuentre con ellos- o que me conmuevan. Creo que tanto mi formación científica como otras experiencias que han consumido mi capacidad de -valga la expresión- alegrarme, tienen mucho qué ver en esta ausencia de conmoción y asombro.

Sin embargo, aún hay situaciones que me conmueven (hablando únicamente del grupo de situaciones a las que me enfrento en mi vida cotidiana, sin considerar aquellas que no experimento, por ejemplo, la guerra, los niños, el mar, entre otros). No logro identificar plenamente qué es lo que determina que algunas resulten en ello y otras no. Me parece que la sensación de conmoción viene de una conexión neuronal tan remota, que no tiene sentido intentar seguir el hilo de conexiones neuronales en reversa, hasta llegar a la razón. Diré entonces qué me conmueve:

  • Ver a cualquier animal sufrir.
  • El verde de las hojas de los árboles.
  • Los cachorros de cualquier especie, sin incluir a los humanos.
  • El atardecer.
  • El cielo estrellado del campo, en absoluta oscuridad.
  • Un paisaje natural sin evidencia de actividad humana.
  • Alguien que, sin haber sido especialmente capacitado, realiza de manera formidable determinada tarea.
  • Una plántula que emerge al germinar una semilla.
  • La mirada silenciosa de Cas.
  • El canto de las cigarras.
  • El llanto de mi madre.

Dec 19, 2009

facultad anquilosada

Vivo sin brillo y sin sustancia.
Los acontecimientos que me ocupan son frios y distantes, puedo pensar en ellos, resolver, planear, pensar, actuar.
Ejecuto mis tareas.
Puedo apasionarme de los proyectos, quizás sentir una alegría remota.
Son importantes, ¿no es así?
Pero la vida pasa lentamente, sin sobresaltos.
Todo, bajo esta extraña película gris de somnolencia.
Intento hidratarme de los encuentros con familia, amigos.
Son personas, me hablan.
Se interesan, dinos, cuéntanos, platícanos.
Respondo. Escucho mi voz. ¿Qué demonios estoy diciendo?
Increíble, puedo hablar de cualquier cosa, casi.

Tomo un libro.
Descanso.
La voz en mi cabeza deja de hablar sandeces.
La narración llena el silencio. Trato de seguir la historia.
¡Ah, qué interesante!, ¿de verdad?, impresionante.
No me admiro, pero finjo que sí. Es por mi bien.
Es bueno mantener la capacidad de asombro, ¿no es así?
Todos dicen que sí.
Navego en la red. Impresionante, qué mundo ese de ahí afuera.
Increíble lo que hoy vivimos. Miro mil cosas que jamás pensé mirar.

Duermo. Sueño.
Se interrumpe violentamente la automatía.
Siento.
Amo.
Olvido la vida. Es que amo.
Despierto.
Al menos todavía puedo sentirlo, pienso.
Ahora en verdad me sorprendo.
No se me ha olvidado.

¿Pero, esto... qué significa?, ¿por qué..?
Mejor ni preguntármelo. No hay respuesta que valga.
Avanza el día.

Dec 17, 2009

ignorancia y perfección vs. sabiduría y deficiencia I


Desire is the source of our most noble aspirations and our deepest sorrows. The pleasure and the pain go together; indeed, they emanate from the same region in our hearts. We cannot live without the yearning, and yet the yearning sets us up for disappointment--sometimes deep and devastating disappointment.

-John Eldredge.

Desde siempre, otro deseo más que me mantiene presa es el de la perfección. Encontrarla en las personas, en los hechos, en los lugares, en el pasado, en el futuro. A menudo, imagino una compañía que puede leerme con exactitud hasta el más profundo nivel sin que yo revele mayor detalle (ah, delicioso amor platónico). Un hombre, un amigo, un desconocido, quién sea. Y me ha ocurrido muchas veces: creo ver cómo un acontecimiento se conforma perfectamente, proveyendo todas las satisfacciones deseadas, falto de carencias o inexactitudes. He buscado en largas horas tras el volante, como si existiera, ese lugar perfecto que tiene todo, donde puedo materializar ese sueño que no tiene lugar dónde nacer.

Y peor aún, muchos eventos: con personas, hechos, lugares, he creído que eran perfectos al inicio de mi convivencia con ellos. He sentido la alegría plena que provoca un encuentro perfecto, el silencio feliz del corazón henchido, la saciedad que da la sensación de buena suerte. Me he comprometido acorde a ello. Más tarde, no exenta de repentinos y duros golpes, y en ocasiones tras períodos de tiempo extremadamente largos (años), he tenido que abandonar la devoción que profería a la etiqueta de perfección asignada. He contrapuesto la realidad al ideal y argumentado por ambas partes. He escrito mentalmente las listas de pros y contras, de gozo y dolor, de sabor y sinsabor. Y he tenido que aceptar el resultado. La satisfacción que surgió tras la búsqueda satisfecha, se torna entonces vacío.

Generalmente, lo anterior antecede un período de decepción considerable, en tiempo e intensidad. Una sensación de abandono, de falta de interés y por ende falta de cuidado. En el peor caso: venganza y odio. Prevalece en mí un dejo de conflicto interior: el abandono forzado por la decepción me causa dolor, independiente del exterior. Pero después de un proceso de negación/aceptación, emerge un nuevo sentimiento que abraza y asume la imperfección. Me rindo. Se revela el absurdo. Paralelamente, el brillo de lo deseado se opaca, con tristeza. En la aceptación viene la pérdida del sueño original. Eso que creí que era, no es así. Análisis de la expectativa, de la evidencia, de la incongruencia.

Finalmente, los acontecimientos y yo nos fundimos en la vulgaridad cotidiana. Los ideales se quedan en un mundo imaginario, separado. Lo asumo: desde mi reducida perspectiva, la realidad está llena de fallas y decepciones. Ese concepto tan trillado de "no esperar nada de nadie ni de nada" es como un grillete al cuello que tengo que usar, por mi bien (en teoría). Me vuelvo común y corriente, un ente humano más, imperfecto también, muy a mi pesar. Hay que crecer. Me sacrifico.

Pero de vez en cuando jalo el grillete con tanta fuerza que se rompe, sin que me importe que en el futuro cercano o lejano pueda caer estrepitosamente (cada vez con menos frecuencia, pero aún y quizá con mayor intensidad, caigo) y -con suerte- levantarme con las rodillas desolladas. Sin lograr determinar qué es lo que me hace no aprender, no abandonar, no rendirme, voy de nuevo en busca de eso. Y sin controlarlo tampoco, de pronto, veo de nuevo la perfección. De nuevo parece real.

Entonces ahora, durante esta breve reflexión, me pregunto: ¿no es mi deseo de perfección, ignorancia?, ¿no es sabio acaso el asumir la deficiencia? ¿No es al fin y al cabo dicha "deficiencia" una creación mía? De la reflexión surge un nuevo pensamiento: las dos plataformas de partida son distintas en naturaleza e incompatibles, la imaginada y la real. No son comparables ni acoplables. Debo comprometerme con alguna. ¿Es posible comprometerse de forma distinta de acuerdo a cada situación? Y un poco más atrás: ¿cómo diablos aprendí a funcionar así?, ¿por qué nunca cambié?

Dec 11, 2009

por qué escriben los hombres II


Entiendo que un hombre ya entrado en años, más viejo que joven, escriba. Entiendo que vierta en la hoja lo que ha pensado, visto y/o sentido. Puede apreciar el valor de lo que ha vivido, puede mirar atrás desde el otro lado de la colina. Puede hablar por una época, por una mentalidad, por un modelo. Pero un hombre joven, ¿qué puede decir? Un adolescente, un hombre en sus veintes, quizá hasta en sus treintas, ¿qué puede ofrecer al lector que no resulte soso, neófito, naive, o trillado? Puede escribir ficción, ayudándose de la fantasía para decir algo que cree que es, o siente como real. Puede escribir relatos realistas, pero sólo a partir de la imaginación, no personalmente experimentados. Puede relatar lo que otros (hombres o mujeres mayores que él) le cuentan, o que atestigua, como un portavoz. Pero desde la experiencia propia, creo, es más probable que tenga poco que ofrecer (con la excepción de contados casos donde la niñez es rica en experiencia y la madurez llega pronto y con suficiente sustancia para ver la propia niñez con distancia y relatar el fruto de la experiencia).

Aquí, considero, la carta del estilo interviene con gran fuerza. Lo expresaré así:

+ experiencia - estilo = lectura ordinaria
- experiencia + estilo = lectura entretenida
- experiencia - estilo = ficción barata
+ experiencia + estilo = lectura trascendental

Entonces, al escritor joven le queda un recurso: el estilo. Si es talentoso, puede desarrollar un estilo que oculte o distraiga la atención del lector de lo sinsaboro del relato, de los acontecimientos que se leen. Un buen estilo puede embrujar al lector, aún cuando el contenido no deje una profunda marca en éste.

En el otro extremo, no todo hombre con numerosas y variadas experiencias puede ser un gran escritor. Hace falta que logre comunicarlas de la forma correcta, para que la variedad y abundancia se vuelvan valorables, relevantes, que aporten algo al que lee sobre ellas.

Concluyo pensando en que estos dos atributos, experiencia y estilo, requieren de un tercero para que ocurra la alquimia propia del escrito trascendental: ¿no es acaso la sensibilidad hacia el mundo interior o exterior entonces la pieza fundamental para escribir? Ya sea para relatar algo fantasioso, no real, o para disertar acerca de lo vivido; si el escritor no tiene sensibilidad para identificar ese mensaje que reluce entre el resto de las ideas en su cabeza, se convertirá en un mero relator. No habrá huella en el lector al menos que el escritor identifique plenamente qué ha dejado huella en sí mismo, y lo sepa transmitir. Lo que buscan los lectores es harina de otro costal, que discutiré en otra ocasión.

La experiencia se puede adquirir. El estilo se puede desarrollar y perfeccionar. Pero la sensibilidad, ¿es un atributo con el que se nace, o que se hace?

Dec 9, 2009

dos filos

Es curioso el desenlace de algunos acontecimientos. Un encuentro deseado (pero no esperado), que se mantiene en secreto, puede resultar grato y hasta emocionante, provocar curiosidad infinita, producir sensaciones de poder y ventaja. El descubrimiento -a su tiempo- puede perder el brillo novedoso y convertirse en un posesión cómoda, algo asegurado, frecuentado, algo confiable.

Pasa un poco de tiempo, y de pronto...

Ocurre un nuevo descubrimiento que cambia por completo la percepción inicial del anterior. La curiosidad pasa la factura, lo grato se vuelve desagradable, el deseo se vuelve repudio, el poder y ventaja se transforman en sensaciones de debilidad y vulnerabilidad. Ahora la novedad es que se desea totalmente lo contrario, no haber descubierto nada, no haber poseído nada, no haber asegurado nada. "Beware of what you wish for".

Las situaciones se hilvanan entre sí y revelan lo que hay atrás de los encuentros. Primero, la inocencia de la posibilidad incognocible, después, la cotidianeidad del placer, finalmente, la expectativa de que lo grato permanezca inalienado. De la mano van el deseo de posesión y el temor a la pérdida. Y ante un resultado no deseado, llega inminentemente la decepción, y -naturalmente- el dolor.

Pero, si en un inicio se decide libremente entrar, ¿con qué derecho se reclama el deseo de salir, producto del efecto del encuentro? No queda más que retirarse silenciosamente y pensarlo dos veces antes de buscar otra revelación, de poseer y crear expectativas. ¿Será posible?

Dec 7, 2009

con amor y celos


Me duele ver que buscas algo nuevo.
Con fuerza ansías, dices, me confiesas,
encontrarte en mujeres una de ésas
que en arrebato sucumba a tu deseo.

Me duele ser la amiga, confidente,
obligada nobleza de escudero,
a darte sin dudar el visto bueno
de consumirte en ráfaga quemante.

Considero de pronto interrumpirte.
¡Aquí estoy!, ¿no ves cuánto te quiero?,
¿no ves que me destroza el escucharte?

¡No puedo seguir siendo tu escudero!
Quiero ser de la que hablas cuando dices
Loco estoy, sueño que la poseo. Pero

mientras cuentas tranquilo de una de ellas,
en silencio reflexiono en mi cabeza.
Yo no puedo convertirme en esa pieza
que te lance de la tierra a las estrellas.

Prefiero esta tortura del testigo,
mirando atónito el asesinato,
de amores que no duran más que un rato
y que vuelves para compartir conmigo.

Queda sólo el consuelo del secreto
de saber qué hay detrás de tu agonía,
aún mates mi cariño con el eco

de anéctodas de noche por el día.
A escucharte pues, sin mayor anhelo,
ansiosa espero, con amor y celos.

Dec 5, 2009

ahora sí, puedes


En esta ocasión no era ni uno ni otro. Se parecía al vendedor de la tienda de la India y, por alguna razón que ignoro, mi cerebro lo relacionaba también con el chico de buen corazón y nobleza que, a mis atrabancados 18 ó 19 años, mandé a volar por su mejor amigo (quién después de darme un poco de alas se encargó de hacer lo mismo conmigo). De alguna forma, también percibí que era yo misma, en él. Me parecía atractivo, me interesaba.

Nos hablábamos parados en un pasillo que se parecía a cualquier pasillo de las escuelas de mi infancia. Nos separaban algunos metros y hablábamos fuerte. No había nadie más cerca. No recuerdo qué tratábamos de acordar, parecía que llegábamos a algún tipo de entendido. Sus ojos grises me miraron tristemente, y con un ademán de asignación distraída, me dijo "ahora sí, puedes hacer de mí lo que quieras". Era una forma curiosa de decirlo, dándome autoridad para disponer de sus sentimientos, sin aclarar si en él estaban correspondidos los míos, bajando la defensiva. Lo decía refiriéndose a que, de alguna forma, accedía a estar conmigo, a que estuviéramos juntos, pero lo declaraba con un tono de derrota, con un tinte de abandonar otros proyectos que se habían desmoronado y entonces rendirse ante mi voluntad. Y a mí, al escuchar estas palabras, me invadía una sensación de alivio e inmediato relajamiento, como si hubiera sentido todos estos años que ese hombre, el hombre, se resiste a estar conmigo, porque está en otras cosas, porque hay otras cosas más importantes y que lo mantienen ocupado, y porque no puede detener su vida para hacer una vida nueva conmigo. Porque únicamente estaría conmigo si perdiera la esperanza de lograr su sueño.

Nov 29, 2009

por qué escriben los hombres I


Pienso en el hombre que escribe (o acaso el que pinta, esculpe, compone música). Debe, supongo, sostener un diálogo con él mismo que quizá el que no escribe no sostiene. Escribir es un ejercicio que compromete múltiples actividades, difícilmente el que escribe lo hace automáticamente o sin reflexionar en lo que piensa, y de ello, qué escribirá.

Pienso en los hombres que escriben que conozco. Creo que puedo identificar una diferencia entre éstos y los que no lo hacen, o al menos que no sé que lo hagan. Los primeros son más silenciosos, reflexivos, inteligentes (¿quizá?), y los segundos son más espontáneos, realistas, extrovertidos. El grupo es reducido, y no puedo extender mi percepción hacia los hombres que leo. No sé cómo son en persona, sólo puedo leer lo que escriben. Así que esto no es representativo de nada, es simplemente una percepción.

Del grupo de hombres que escriben, puedo distinguir también varios subgrupos de acuerdo con lo que creo que les motiva a escribir. Algunos escriben para desahogar sentimientos, otros para informar a la sociedad, y otros por perfeccionar la técnica del uso de las palabras. Supongo que el diálogo interior no se lleva a cabo de la misma forma en cada grupo. Todo dependerá de para qué o para quién se escribe.

Pero me es inevitable pensar en el preciso momento en que un hombre se sienta ante su cuaderno o computadora y decide comenzar a escribir. Más aun si nunca lo ha hecho antes. ¿Qué escribe? ¿Por qué decide escribir una cosa y no otra? ¿Por qué decide relatar de cierta forma lo que quiere decir? ¿Quién es antes de escribir y quién después? ¿Es un hombre diferente después de escribir? ¿Por qué? Aun cuando reciba un sueldo a cambio de escribir, aun cuando lo haga con prisa, aun cuando tenga listo lo que quiere decir, aun cuando el ejercicio no involucre una revolución de sentimientos y pensamientos, me intriga por qué escribe lo que escribe y por qué lo escribe de esa forma.

Nov 22, 2009

diferencia


No me importa no haberte visto estos últimos 6 años. Aunque no has estado aquí, por mencionar algunas cosas, me he acostado contigo todo lo que he querido y me has abrazado antes de dormirnos todas y cada una de las noches transcurridas. Me has tallado la espalda en la ducha y me has desabrochado la blusa cuando estoy trabajando en la computadora. Te he cocinado cosas deliciosas en casa y te he preparado café en las mañanas. Me has dicho que qué bien canto y que te cuente del libro que estoy leyendo. Hemos viajado juntos a decenas de lugares y hemos sostenido grandes charlas durante eternos recorridos de carretera. Y digo que no me importa porque -hablando de neurotransmisores- el cerebro no distingue entre los estímulos reales y los imaginados.

Nov 21, 2009

voyeur

Pensé en decirle: "Encontré tu blog. Es maravilloso. Lo leo siempre. Lo releo. No me lo imaginé. Estoy peor de como estaba. Ahora sí, estoy perdida por ti."

Pero no, prefiero seguir sin decírselo.

a veces

me vendría bien no tomarme tan en serio.

Cientos de argollas de matrimonio por todos lados.

Viéndolo friamente, podría llegar en cualquier momento. Podría terminar este estado de espera y de pronto convertirse en estado de no espera, en cualquier segundo. Ahora mismo, por ejemplo. Podríamos cruzar miradas y su voz podría escucharse una milésima de segundo después. Podría decir cualquier cosa. Terminaría esta situación súbitamente, repentinamente, violentamente. La espera podría terminar en cualquier instante, cualquier instante puede ser el último, casi es como si no existiera la espera. Como la ola sobre el arena. El agua de la ola que llega a la playa y nunca está sobre el arena porque a cada instante deja de estarlo. En realidad no lo está en ningún momento, pues en todos los momentos deja de estarlo. No hay más o menos tiempo de espera porque en cualquier momento se puede dejar de esperar. No hay fecha, no hay cita, no hay día de entrega. El tiempo no se acumula, sólo cuenta el instante. Y pasado este instante, el siguiente instante es de nuevo éste. Puede ser sólo una palabra, cualquiera. No se puede predecir el instante de la primera palabra. Y ese instante, que no llega, me parece tan real que me siento

sorprendida del instante
presa del instante
sometida al instante
olvidada del instante
ansiosa del instante
aterrada del instante
decepcionada del instante
indiferente del instante
escéptica del instante

Instante esperado, sin novedad, premeditado, predicho, predescrito, prepensado, preimaginado, presentido, previvido. Vivido mil veces en mi cabeza. Una palabra, cualquier palabra. ¿Viajas en este vuelo?, ¿a qué hora saldremos?, ¿qué escribes? Ya está. Estoy ahí: en el momento diferente. Termina el momento de espera. La vida cambia ciento ochenta grados, y todo lo que es ahora ya no es, y todo lo que no era, es. Y esta identidad cultivada, ¿se irá? ¿Quién seré cuando mi circunstancia ya no sea la que es? ¿Qué haré cuando ya no esté en el instante de la espera, cuando esté en el instante de la no espera? ¿Qué diré? ¿Qué pensaré de este instante de la espera? ¿Lo veré lejano, cercano, apenas hace un instante, ya hace una eternidad?

Cientos de argollas de matrimonio por todos lados.

Nov 9, 2009

cobarde


otro mundo frente a mí, y yo sólo quiero estar lejos, no siento nada. otra realidad, tan compleja, tan diferente, tan dolorosamente real, y yo sólo quiero el calor de las letras, el silencio, la compañía felina. el tiempo pasa lentamente. la selva aquí, desaparecida. plástico por doquier. gente, gente, gente. sigo perdida en el dilema de siempre. nada de esto parece tener sentido sin la pieza restante. quisiera borrar esa parte de mi cerebro. no he podido. he fallado. de intentar, me canso, y sigo fracasando.

no cualquiera I

Conocí a un hombre. Soltero, 35 años, (poquito) más alto que yo, inteligente, educado, buena posición económica, muchos viajes, amable, simpático, caballero. Me expresó su deseo de casarse y tener hijos. (Pero) me pareció citadino, (algo) ególatra, (otra vez, algo) conservador, urbano, y (quizá, perdón) poco sensible. Y pensé, no, no puede ser cualquiera.

revelado


Habían otros, ruido. Tu rostro, de pronto surgiendo entre los cuerpos, melancólico. Sin mayor meditación, lo tomé entre mis manos y te besé lentamente. Al separar tu boca de la mía, me miraste a los ojos impávido, "te esperaste porque quisiste", dijiste.